Cuando el invierno ni siquiera se ha despedido, pero los días empiezan a alargarse, los almendros se van preparando para regalarnos con sus flores uno de los espectáculos más bonitos y efímeros del año. De mediados de febrero a mediados de marzo, dependiendo de la zona, estos árboles visten el paisaje de blancos y rosados anunciando la inminente llegada de la primavera.
Porque los cerezos no se van a llevar todo el protagonismo, los almendros también son capaces de cautivarnos cambiando los paisajes de color. Si alguna vez has tenido la oportunidad de pasear por un almendral en plena floración, sabrás que es una experiencia sensorial completa. Hay blancos y rosas, hay aromas y fragancias que nos anuncian días más cálidos y luminosos.