Europa vive un momento de redefinición en sus políticas de defensa. Con la guerra de Ucrania como telón de fondo y la percepción de un entorno de seguridad más hostil, varios países han reactivado el debate sobre la conveniencia del servicio militar obligatorio. Mientras tanto, otros, como España, reafirman su apuesta por un modelo de Fuerzas Armadas profesionales. “España tiene unas Fuerzas Armadas profesionales, comprometidas en misiones internacionales y en la lucha contra incendios. Lo que nosotros hacemos es apoyar el modelo que tenemos en este momento”, defendió en Berlín la ministra de Defensa, Margarita Robles, tras reunirse con su homólogo alemán.

Tres grandes modelos

En la actualidad, en Europa coexisten tres grandes modelos de organización militar. El primero es el ejército profesional, donde el acceso se realiza de forma voluntaria mediante contrato. Es el esquema vigente en España, Francia, Italia, Portugal, Reino Unido, Países Bajos, República Checa, Eslovenia o Irlanda, países que confían en que un modelo basado en la profesionalización y la alta capacitación técnica responde mejor a las necesidades actuales.

En el extremo opuesto se mantiene el servicio militar obligatorio universal, aún en vigor en Austria, Grecia, Finlandia, Chipre y Estonia. Allí, todos los varones aptos de una cohorte deben cumplir un periodo de instrucción, con la posibilidad de realizar servicios civiles alternativos. En algunos países, como Noruega y Suiza, este deber alcanza también a las mujeres, consolidando una tendencia hacia la igualdad en la carga del servicio.

Entre ambos extremos aparecen los sistemas selectivos o parciales, reintroducidos en estados como Suecia, Dinamarca, Letonia y Lituania. En estos casos, solo una parte de los jóvenes de cada generación son llamados a filas, priorizando a los voluntarios y recurriendo al sorteo si las necesidades no se cubren.

Alemania: de la suspensión a un modelo híbrido

Alemania suspendió la mili en 2011, pero la situación geopolítica ha reabierto el debate. Esta misma semana, el Gobierno aprobó un proyecto de ley que introduce un modelo híbrido: todos los varones de 18 años deberán registrarse en un censo obligatorio y rellenar un cuestionario, aunque la prestación de servicio será inicialmente voluntaria. Si el número de candidatos no alcanza los objetivos —20.000 reclutas en 2026 y hasta 38.000 en 2030—, Berlín se reserva la opción de volver a la obligatoriedad.

Suecia y Dinamarca: conscripción igualitaria

Suecia ofrece uno de los ejemplos más consolidados de vuelta a la conscripción. Tras abolirla en 2010, la reintrodujo en 2017 bajo un sistema selectivo que afecta a hombres y mujeres por igual. Hoy, alrededor de 4.000 jóvenes son llamados cada año, con una presencia femenina que ya alcanza el 24 % de los reclutas.

Dinamarca ha seguido un camino similar. Desde el 1 de julio de 2025, las mujeres también están incluidas en el sorteo de la conscripción, lo que convierte al país en el tercero de Europa —tras Noruega y Suecia— en aplicar un servicio obligatorio de carácter universal. Además, a partir de 2026 la duración del servicio aumentará de cuatro a once meses, con un objetivo anual de 7.500 nuevos reclutas.

Los países bálticos y Finlandia: frente oriental en alerta

Letonia reinstauró en 2023 un servicio obligatorio de 11 meses para varones, con la posibilidad de que las mujeres se alisten voluntariamente. En Lituania, el modelo actual combina voluntariado y selección parcial, aunque el Parlamento debate dar pasos hacia la universalidad. En Estonia el servicio obligatorio, solo para varones, tiene una duración de entre ocho y once meses.

Finlandia mantiene uno de los sistemas más amplios: todos los varones realizan entre 165 y 347 días de servicio, según la especialidad, mientras que las mujeres pueden optar a realizarlo voluntariamente. Cada año cerca de 27.000 jóvenes pasan por sus filas, alimentando una reserva militar de gran magnitud que ahora se ha ampliado hasta los 65 años de edad máxima.

Grecia y los Balcanes: continuidad y retornos

Grecia conserva el servicio obligatorio de 12 meses para hombres —reducido a nueve en zonas fronterizas—, con planes de profesionalizar parcialmente la Armada y la Fuerza Aérea a partir de 2026. En los Balcanes, Serbia y Croacia han anunciado la vuelta de la mili: 75 días para hombres de hasta 30 años en el primer caso y dos meses de instrucción remunerada en el segundo, aunque sus leyes aún están en trámite y la aplicación se espera para 2025 y 2026 respectivamente.

Polonia y Europa Central: la apuesta por los reservistas

En el centro de Europa, la opción más extendida ha sido reforzar la reserva. Polonia, por ejemplo, no ha recuperado la obligatoriedad general, pero ha creado un servicio militar básico voluntario remunerado, con el objetivo de entrenar a hasta 100.000 reservistas cada año, con el objetivo estratégico de dotar a las Fuerzas Armadas de 500.000 efectivos, incluyendo reservistas, en un futuro próximo. Esta vía, que combina incentivos económicos y entrenamiento flexible, pretende aumentar la masa crítica de ciudadanos preparados sin imponer un deber universal.

Bulgaria no tiene servicio militar obligatorio, pero su Parlamento aprobó el pasado año un servicio militar voluntario por un plazo de hasta 6 meses para personas de hasta 40 años de edad con el objetivo de formar fuerzas de reservas para las unidades militares.

En la República Checa tampoco existe el servicio militar obligatorio (fue abolido en 2004), pero sí cuenta con voluntarios y, de hecho, ha superado este año la meta de reclutamiento con más de 2.100, la cifra más alta a esta altura del año desde la abolición la abolición de la mili.

En cuanto a Eslovaquia, no tiene servicio militar obligatorio tras su abolición en 2005, pero una ley permite que hasta 20 días al año de entrenamiento militar voluntario sean posibles para ciudadanos de 18 a 55 años.

En Rumania, el servicio militar obligatorio también fue suspendido en 2007, aunque el Gobierno rumano planea crear un servicio de voluntariado para adultos jóvenes para reforzar su reserva militar. La propuesta, que aún debe aprobarse por el Parlamento, permitiría a aquellos adultos de entre 18 y 35 años seguir un programa de formación remunerado de hasta cuatro meses.

Francia, Bélgica y Países Bajos: innovación civil y militar

Francia ha optado por un enfoque alternativo: el Servicio Nacional Universal (SNU), una experiencia de un mes, mayoritariamente civil pero con componentes militares. Aunque por ahora es voluntario, el Gobierno estudia convertirlo en obligatorio. Bélgica ha anunciado un servicio militar voluntario a partir de los 18 años, mientras que Países Bajos busca reforzar el voluntariado y los reservistas, sin plantearse de momento un retorno a la conscripción obligatoria.

España: apuesta por el profesionalismo

En contraste con estas tendencias, España se mantiene firme en su modelo profesional. El servicio militar obligatorio fue abolido en 2001, y aunque la ley contempla la posibilidad de movilizar a jóvenes como reservistas obligatorios en caso de emergencia nacional, no hay indicios de que esta opción vaya a activarse. La ministra Robles ha sido tajante: “No va a haber servicio militar en España, en absoluto, ni creo que se le haya pasado por la cabeza a nadie”.

España confía en que unas Fuerzas Armadas profesionales, con personal voluntario y altamente cualificado, son capaces de cubrir tanto las misiones internacionales como el apoyo a emergencias nacionales. Se trata de una visión compartida con otros países del sur y el oeste de Europa, que consideran más eficiente apostar por la especialización y la tecnología que por sistemas masivos de reclutamiento.

Tendencias comunes y futuro del debate

El mapa europeo del servicio militar refleja una clara división geográfica y cultural. El norte, este y centro del continente apuestan crecientemente por fórmulas de conscripción, ya sea universal, parcial o en forma de registros obligatorios, como respuesta directa a la amenaza rusa y a la necesidad de reservas amplias. En el sur y oeste, la resistencia al retorno de la mili es fuerte, y se prioriza la profesionalización y la inversión tecnológica.

Otro elemento central es el papel de la igualdad de género. Suecia, Noruega y Dinamarca ya aplican la conscripción universal para hombres y mujeres, un paso que va más allá de la defensa y refleja también la transformación social europea.

Finalmente, los sistemas de reserva y de voluntariado remunerado —como en Polonia— se perfilan como fórmulas intermedias que podrían ganar peso en los próximos años, ofreciendo a los gobiernos flexibilidad para reforzar la defensa sin imponer cargas universales a toda una generación.