El 24 de diciembre de 2025 el rey Felipe VI pronunció su tradicional discurso de Nochebuena desde el salón en el que se firmaron los Tratados de Adhesión de España a las entonces Comunidades Europeas; esa rúbrica se dio en 1985, y el 1 de enero de 1986 se confirmó una entrada de la que este 2026 se cumplen cuatro décadas. La historia de España en lo que ahora es la Unión Europea es una historia de éxito, pero marcada por una sucesión de crisis que todavía se recuerdan, para bien o para mal; del impulso inicial a la tensión geopolítica actual, pasando por el rescate bancario, la pandemia o la crisis energética o migratoria.

“La presencia de España en la Unión Europea es la historia de un gran éxito para los españoles y para todos los europeos. En estos cuarenta años, España ha hecho que nuestra Unión sea más fuerte, próspera y solidaria”, valoró por ejemplo este jueves la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, recordando el aniversario de la entrada.

“La entrada de España en Europa significó el regreso definitivo al espacio político y cultural del que nunca debió salir”, dijo en su día Manuel Marín, negociador de la adhesión, exministro y antiguo comisario europeo, conocido por impulsar el programa Erasmus. La UE ha sido y es un todo para el país, y lo dicen los datos: España pasó de ser una potencia en el sector primario a integrarse en un mercado común que ya no solo es comercial, sino que además trata de ser también una unión política cada vez más consolidada. En 1985, España mantenía una balanza comercial agraria equilibrada, con unas importaciones cercanas a los 3.900 millones de euros y exportaciones que superaban ligeramente los 4.000 millones.

Por aquel entonces, el país ocupaba la octava posición entre los doce miembros de la Comunidad Europea en cuanto a exportaciones agrarias. El sector agrario, que entonces aportaba casi un 7% al PIB nacional, ha ido perdiendo peso relativo hasta representar actualmente apenas un 2,7%. Este descenso refleja una transformación profunda del tejido productivo español, en parte impulsada por la integración en la política agraria común europea (PAC), que ha generado tanto oportunidades como ajustes difíciles, como el caso del sector lácteo.

Ahora la imagen es otra: el año pasado, el valor total de la producción agraria en España ha alcanzado los 68.340 millones de euros y la renta agraria los 37.759 millones. El país ha logrado un superávit histórico en el comercio agroalimentario, con unas exportaciones que han marcado récords, ascendiendo a más de 71.000 millones de euros. España se ha consolidado como la segunda mayor potencia exportadora del sector en la Unión Europea, solo por detrás de los Países Bajos. En el ámbito pesquero, sigue siendo líder en la UE por número de barcos, aunque el proceso de reconversión desde su adhesión ha sido profundo: desde el año 2000, la flota se ha reducido en casi un 30 %, según datos de Naciones Unidas recopilados por el propio sector.

Desde su entrada en la UE en 1986, España pasó de ser un país receptor neto de fondos europeos -llegando a recibir hasta el 0,8 % de su PIB en ayudas- a convertirse en contribuyente neto en años recientes, sobre todo por no usar todos los fondos europeos que le llegan o por el efecto del fondo de recuperación. En 2023, aportó más de 13.500 millones de euros al presupuesto comunitario y recibió unos 12.100 millones, aunque ha sido uno de los mayores beneficiarios del fondo Next Generation, con casi 48.000 millones hasta 2024. En paralelo, el PIB español ha crecido notablemente: de unos 346.000 millones de euros en 1986 a más de 1,5 billones en 2024, reflejando la modernización económica facilitada, en parte, por estos fondos. En realidad, esos beneficios económicos de la adhesión a la CEE fueron evidentes de inmediato. En 1986, el porcentaje de las exportaciones totales a la CEE pasó del 53% en 1985 al 60%, mientras que la cuota de la CEE en el mercado de importación español aumentó del 36% al 48%.

España reforzó el proyecto comunitario

Hace 40 años Europa se estaba construyendo… y sigue haciéndolo: “La incorporación de España reforzó el proyecto europeo con una democracia joven y una clara vocación europeísta”, valoró el expresidente francés en la incorporación del país, Jaques Delors. España, fue, de hecho, pieza clave en ese impulso comunitario, todavía en aquel momento endeble y que buscaba una estructura de cimientos firmes, como si aventurase lo que iba a suceder con el paso del tiempo. Esteban González Pons, vicepresidente del Parlamento Europeo, asegura para 20minutos  que la unidad es esencial “para salir adelante en estos tiempos de turbulencias. 27 países, 27 historias, 27 formas de vida, pero con el objetivo de seguir siendo la referencia del mundo”, añade, y reconoce que no sabe si verá el proyecto europeo finalizado pero pide dejar “una Europa más justa y competitiva a las generaciones que vienen por detrás”.

El otro vicepresidente español de la Eurocámara en esta legislatura, Javi López (PSOE) añade por su parte elementos en la misma línea: “La trayectoria de España en la Unión Europea es una historia de éxito”. Para el socialista “la integración en Europa ha contribuido a la estabilidad de la democracia en España y a haber hecho de nuestro país uno de los mayores espacios de tolerancia, libertades y derechos del mundo” y ahora esa España es “uno de los motores” del proyecto europeo. Pero el camino ha sido largo y ha pasado por distintas fases, algunas de ellas convulsas.

¿Y qué piensan los españoles? Según una encuesta de diciembre de 2025, el 74% de los ciudadanos creen que el país puede afrontar el futuro de mejor manera estando dentro de la UE que fuera de ella. Además, el 77% consideran que deberían tomarse más decisiones a nivel de la Unión Europea. Son datos que están muy por encima de la media europea (59%).

Durante los gobiernos de José María Aznar, España consolidó su estabilidad económica y avanzó en su integración europea. En 1999, se produjo la adopción del euro como moneda contable, y en 2002, se introdujeron los billetes y monedas de euro, sustituyendo definitivamente a la peseta. España también participó activamente en la ampliación de la UE hacia el Este y abrió su mercado laboral a los nuevos socios europeos. Con Zapatero, destacaron avances sociales de impacto europeo: en 2005, se aprueba el matrimonio igualitario, posicionando a España como pionera en derechos LGTBI+ dentro del bloque. En 2007, con el Tratado de Lisboa en marcha, España reafirma su compromiso con una UE más integrada y adaptada al siglo XXI, mientras se enfrentó a los primeros indicios de la crisis económica: España se situó al borde de un precipicio que iba a ser muy complicado de recuperar.

Llegaron después los tiempos más complicados en estos 40 años. El mandato de Rajoy estuvo marcado por la crisis económica y financiera. En 2012, España solicitó un rescate bancario europeo para estabilizar su sistema financiero, recibiendo hasta 100.000 millones de euros. Una de las grandes historias que se cuentan entre bambalinas en este punto tiene que ver con el ‘plantón’ del propio Rajoy junto al entonces primer ministro italiano, Mario Monti, para evitar sendos rescates “totales” a ambos países, un escenario que habría supuesto un shock del nivel del sucedido con Grecia. Otro momento clave fue en 2017, con la crisis política en Cataluña, cuando la UE apoyó firmemente al Estado español ante el referéndum ilegal de independencia del 1 de octubre.

El hecho de que España esté dentro de la Unión Europea me da esperanza muchas veces, sabiendo que todo es tan inestable

España siempre ha formado parte, con el paso de los años, de un segundo escalón dentro de la UE: es un miembro del top 5 de Estados más importantes, junto a Francia, Alemania, Italia y Polonia, pero el suyo es un liderazgo que no llega del todo aunque recientemente haya impulsado debates como la reforma del mercado eléctrico o en 2020 empujase junto a Italia para que se aprobara el fondo de recuperación ante la pandemia de covid. Con todo, el desgaste lo ha ido sufriendo por ejemplo con el procés independentista, los pactos de Gobierno endebles recientemente, leyes como la amnistía o una economía que tras la crisis del 2008 ha tardado en arrancar. Además, hay voces en Bruselas que entienden que España pierde muchas oportunidades por querer ‘nacionalizar’ cada debate que conduce en la capital comunitaria: el último ejemplo es el asunto de las lenguas cooficiales.

Elsa Arnaiz, fundadora y presidenta de Talento para el Futuro, sostiene que para España formar parte de la UE “lo es todo”, porque además hay generaciones “que no conocen otra realidad” que no sea esa. Y considera que ahora mismo el país tiene “un liderazgo que no ha tenido nunca” y que es el resultado de un camino en el que ha participado “mucha gente”, con figuras como Teresa Ribera en la actualidad, pero también como Josep Borrell, Loyola de Palacio o Nadia Calviño. “El hecho de que España esté dentro de la Unión Europea me da esperanza muchas veces, sabiendo que todo es tan inestable. No sabemos qué pasará mañana, pero es una garantía ahora mismo que muchísimos países no tienen”, añade Arnaiz, que cree que ahora hay “una oportunidad de oro” para mantener “un liderazgo en valores”.

Pocos podían aventurar lo que sería de España 40 años después de entrar en lo que ahora se ha convertido en una UE que sigue buscando su lugar en el mundo: “La adhesión de España a la Comunidad Europea fue una decisión estratégica para consolidar la democracia y asegurar nuestro futuro”, dijo en su momento Felipe González, presidente del Gobierno que finalizó el proceso. Si bien Europa sigue buscando su sitio entre tensiones geopolíticas y exigencias sociales, España encontró el suyo hace cuatro décadas con un asiento que siempre le ha correspondido por historia.