> Colau debiera saber que ni ella ni Yolanda Díaz pueden cumplir esa amenaza; los derechos económicos que adquieren los partidos cuando firman un acuerdo de coalición no dependen del mejor o peor humor con el que se levanten los dirigentes de Sumar o los Comunes, que tampoco pueden cuestionar la autonomía de las diputadas de Podemos o de cualquier otro partido de la coalición. Pero la amenaza, en sí misma, tiene varios significados y no necesariamente políticos.
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> El primero es que refleja una frustración autoritaria de Colau; cuando explicita en público una amenaza que no puede cumplir está mostrando una contradicción entre su deseo irreprimible de mandar y la imposibilidad de materializarlo. Ada Colau querría tener el poder de castigar para hacerse obedecer, pero al transformar su deseo en una amenaza pública que no puede cumplir solo consigue hacer visible ante todos el patetismo de su desempoderamiento.
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> Pero atención porque su exhibición de impotencia no ha quedado ahí; en la entrevista llega a decir que, a pesar de la “presión ambiental” que recibe para ser ministra, no quiere serlo. De esa forma da a entender que depende de ella formar o no parte del consejo de ministros y que si no es ministra, es únicamente porque no quiere. Tremendo.
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>Después Colau exige un acuerdo al nuevo alcalde Barcelona señalándole que no se puede gobernar solo con los concejales del PSC. Imagino la sonrisa lacaniana de Collboni al escuchar que Colau le acusa de “tener un empacho de poder”. Más o menos empachado, lo cierto es que Collboni tiene lo que Colau tenía y ya no tiene. El alcalde lo sabe y lo disfruta en su relación con Colau.
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Como bien dice Pablo Iglesias en un [articulo de opinión](https://es.ara.cat/opinion/amenaza-ada-colau-pablo-iglesias_129_4837542.html) en el ara.cat
> Colau debiera saber que ni ella ni Yolanda Díaz pueden cumplir esa amenaza; los derechos económicos que adquieren los partidos cuando firman un acuerdo de coalición no dependen del mejor o peor humor con el que se levanten los dirigentes de Sumar o los Comunes, que tampoco pueden cuestionar la autonomía de las diputadas de Podemos o de cualquier otro partido de la coalición. Pero la amenaza, en sí misma, tiene varios significados y no necesariamente políticos.
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> El primero es que refleja una frustración autoritaria de Colau; cuando explicita en público una amenaza que no puede cumplir está mostrando una contradicción entre su deseo irreprimible de mandar y la imposibilidad de materializarlo. Ada Colau querría tener el poder de castigar para hacerse obedecer, pero al transformar su deseo en una amenaza pública que no puede cumplir solo consigue hacer visible ante todos el patetismo de su desempoderamiento.
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> Pero atención porque su exhibición de impotencia no ha quedado ahí; en la entrevista llega a decir que, a pesar de la “presión ambiental” que recibe para ser ministra, no quiere serlo. De esa forma da a entender que depende de ella formar o no parte del consejo de ministros y que si no es ministra, es únicamente porque no quiere. Tremendo.
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>Después Colau exige un acuerdo al nuevo alcalde Barcelona señalándole que no se puede gobernar solo con los concejales del PSC. Imagino la sonrisa lacaniana de Collboni al escuchar que Colau le acusa de “tener un empacho de poder”. Más o menos empachado, lo cierto es que Collboni tiene lo que Colau tenía y ya no tiene. El alcalde lo sabe y lo disfruta en su relación con Colau.