La otra tarde, entre musgo y rayitos de sol, encontré un corro de setitas diminutas que parecían haber salido de un cuento.
Eran tan pequeñitas que cabían en la palma de mi mano, con sombreritos marrones brillantes.
Algunas llevaban el gorrito un poco ladeado, como niños que se probaron el sombrero de papá y salieron corriendo a jugar.
Una tenía una gotita de rocío colgando, como si fuera su lágrima de risa contenida.
Otra se había puesto una hojita seca de corona y parecía la reina del bosquecito.
Olían a tierra recién besada por la lluvia y a magia recién despertada.
Me agaché y les susurré “hola”, y juro que una me guiñó su puntito blanco.
Me fui con el corazón lleno de confeti y la certeza de que el bosque guarda duendes con sombrero.
Desde entonces, cada vez que llueve, sonrío sabiendo que ellas están bailando otra vez.

by Estinfalia

4 comments
  1. Pasear por el monte y ver todo tipo de hongos y setas es lo que más me gusta de esta época del año.

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