La Librera del Savoy, uno de los espacios más personales y singulares del panorama literario de Palma, bajó la persiana de forma definitiva el pasado 30 de junio tras once años en activo, primero en la calle Joan de Cremona, junto a Bonaire, y desde hace un año en Santiago Rusiñol; pero este final no responde a una historia de agotamiento ni a la habitual crónica de crisis en el mundo del libro. Su fundadora, María Riutort, lo explica con claridad: «No lo cierro porque fuera mal, es un cambio de rumbo vital, quiero hacer otras cosas y ahora es el momento».
Con más de 30 años de oficio, Riutort tomó la decisión de cerrar La Librera del Savoy por una razón poco frecuente en estos tiempos, detenerse. «Voy a cumplir 55 años, llevo toda la vida vendiendo libros, esta etapa ya la he vivido y ha sido maravillosa, pero ahora necesito tiempo para mí, para explorar cosas que hasta ahora no me podía permitir», aclara.
El proyecto, que nació en la calle Joan de Cremona y se trasladó en 2024 a la calle Santiago Rusiñol, no mostró signos de fatiga. Al contrario, según Ruitort, el nuevo local atrajo «a una clientela nueva», pero sin perder la fidelidad de quienes la seguían desde hacía años. «Funcionaba, tenía a mis lectores de siempre y otros que descubrían el espacio y se quedaban. Algunos pensaban que acabábamos de abrir, y en realidad veníamos de diez años atrás», cuenta la hasta ahora librera.
Para su ya expropietaria, La Librera del Savoy fue más que un comercio de libros, fue un «punto de encuentro». «Ha sido una de las etapas más bonitas de mi vida. Dura, sí, pero también emocionante. Las novedades, los clubes de lectura, las recomendaciones, las presentaciones… Era adictivo», recuerda Riutort. En ese adictivo vaivén, sin embargo, también había una alerta interna. «Hay un momento en que tu cuerpo, tu espíritu, tu energía te dicen que hay que parar. Y yo he tenido la suerte de poder escucharlo. Cierro porque puedo, no porque me empujen a hacerlo. Y eso también hay que saberlo ver», sostiene.
Eso sí, Riutort no sabe por dónde irá ahora su camino y, de hecho, no descarta volver en un futuro a largo plazo. «Quizá abra otra librería. Ya cerré una y abrí otra, y funcionó. Pero ahora no toca». Y frente a la tentación de convertir el cierre en un símbolo pesimista del sector, es clara: «Cada vez que cierra una librería se busca un motivo trágico, pero no siempre es así. El sector tiene retos, sí, pero también muchas cosas vivas. Lo mío es una decisión personal».
Hoy, el local que hasta el 30 de junio ocupaba La Librera del Savoy está vacío y con un cartel de ‘se alquila’, pero Maria Ruitort se queda con lo recorrido en todos estos años. «Como en el poema Ítaca de Kavafis, lo importante es el viaje. Y este ha sido un viaje inolvidable», concluye.