¡Ay!, qué suavones –como diría Bernarda Alba, personaje inmortal de García Lorca– son algunos premios literarios, cómo se someten a las leyes del mercado y qué flaco favor les hacen a las buenas historias. Para esta entrega de la serie ‘Un hombre al mes’, acabo de terminar ‘El aniversario’, de Andrea Bajani (Roma, 1975), y cierro la novela pensando que este no es, no puede ser, el mejor libro que se ha escrito en Italia en 2025 (el Premio Strega que se le ha concedido es el máximo galardón literario que se puede ganar en Italia). Lo presenta la editorial Anagrama como “el retrato de una familia arrasada por la violencia omnipresente del patriarca; un retrato lúcido y desolador, con el foco puesto en una mujer condenada a una sumisión muda y desesperada”, pero a mí me ha parecido un recital de sosería apabullante. Creo que los mecanismos que usa Bajani para defender la durísima historia de su protagonista no funcionan. 

Si al comienzo de la lectura el lector comulga con el espejismo que construye su asepsia, al terminar la lectura –y eso que los dos o tres últimos capítulos son los que le dan valor a la narración– se da perfecta cuenta de que hasta esos capítulos finales la novela no es más que un globo que va inflándose e inflándose hasta formar un cuerpo abotargado de frases aburridas y de que su plasticidad es densa y a ratos una pelea encarnizada con la paciencia de quien lee.

Confieso que esperaba mucho de esta novela, que las citas de Anne Carson y Louise Glück serían el preludio de una historia incontestable, enérgica, distinta y distinguida, pero los  inmensos versos de ambas poetas no son más que un anzuelo, el punto de partida de una narración que al acabar solo deja en la boca de quien lee una herida irrisoria. 

No negaré que, de vez en cuando, el narrador agasaja a quien lee con frases útiles, incluso hermosas y ahítas de una racionalidad que sobrecoge. Pero son tan pocos los momentos en los que ocurre que resulta imposible soportar el peso de ese maremágnum de frialdad que acaba con los momentos más valiosos de la novela.

A pesar de ser una novela corta, me ha costado acabarla. Más de tres días para acabar una novela de apenas 150 páginas es algo poco frecuente en mí. No obstante, así ha sido.

Me da pena decir que no me ha gustado. La asepsia de la narración me ha descolocado, no por el punto de vista desde el que está narrado, sino porque en la mayoría de los casos se ha convertido en un recital de sosería apabullante. Cuando empecé a leer y compartí mis primeras impresiones de lo leído quise pensar que el tempo de la narración era el más justo para la historia, porque de no haberlo pensado el título de la novela hubiera sido un animal muerto robándole todo el sentido a la narración. Sin duda, me equivoqué.

Aunque tampoco todo es malo: como digo más arriba, los tres últimos capítulos revalorizan la identidad de la novela.

El aniversario es un libro en el que la duda lo ocupa todo, a pesar de que el narrador se dedique a acumular certezas.

El aniversario es un libro complejo que atrapa y, al mismo tiempo, invita a cerrarlo. Al principio de la lectura confesé que, una vez sumergida en las primeras páginas, no me sentía con fuerza para sacar la cabeza de sus aguas heladas. Sin embargo, esa necesidad duró poco. Los personajes no acaban de tener el cuerpo que necesita el argumento, son fantasmas empobrecidos por su creador, sombras sin peso sobre la luz y sobre la vida. 

El victimismo del protagonista me cansa y no encuentro sentido alguno a ese recordatorio que plantea el título. El dolor que narra no tiene repercusión en quien lee, a excepción de algunas frases divinamente logradas al principio y al final del libro. 

Es un texto que resuena en la cabeza del lector como algo irreal, pese a la perversidad con que el padre domina cada escena. Una novela que inocula dos versiones en la mirada del espectador. Por un lado, contiene algunos pasajes magníficos, por desgracia muy pocos, y por el otro es demasiado insignificante, por la forma en que proyecta las imágenes. Su lenguaje es pobre y le roba la plasticidad emocional al conjunto de la obra. 

Quizás he sido demasiado exigente con este libro delgado, pero creo que lo merecía por esos párrafos deslumbrantes que el autor va olvidando y obviando mientras cuenta la historia.

Quien lea esto pensará que El aniversario me ha defraudado, pero no es esa precisamente la sensación que me deja. Es otra más incomprensible, más profunda. Es más bien la sensación de no entender la estrategia del narrador, ni esa manera de volver anodina una historia que tiene todos los ingredientes para ser extraordinaria. 

¿Desaconsejo leerla? No, no lo haré. Pero sí me quejaré de que los mecanismos que usa Andrea Bajani para defender la durísima historia de su protagonista no funcionan. 

Quizás, como siempre digo, deba entonar el mea culpa y asumir que vuelvo a ser la lectora más equivocada del mundo. Pero si la leen, me darán la razón en casi todo lo que escribo. Por ejemplo, en que El aniversario es un libro correcto, pero desmesuradamente inhóspito para el lector. Es complicado conectar con sus personajes. Para mí es una batalla sin estrategia que a ratos va al tuntún y a ratos logra ser brillante.

‘El aniversario’. Andrea Bajani. Traducción de Carlos Gumpert. Premio Strega. Anagrama 151 páginas.

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Sonia Fides

Con ‘Mirar y ser mirada’, obtuvo el X Premio Nacional de Poesía Nicolás del Hierro. Fue finalista en el Premio Internacional Ciudad de Melilla. El año 2011 le trajo dos antologías de relatos: ‘Viscerales’, en Ediciones del Viento y ‘Narrando a contracorriente’, en Ediciones Escalera. Colabora como crítica literaria en el suplemento Artes & letras del Heraldo de Aragón. Ha publicado su primera novela ‘La inequívoca fragilidad de los mosquitos’ en Libros.com.

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