Algún otro en la situación de Shane Lowry se habría borrado de este Open de España. No es que el irlandés necesite jugar esta semana en Madrid (desde las 09:30 este jueves, 13:45 por Movistar Golf) precisamente. Sí es cierto que una muy buena actuación le propulsaría entre los 70 primeros de la Race to Dubai que jugarán los playoffs del circuito europeo, pero su temporada está hecha. Si no ha sido la más brillante, ramplón en los grandes y casi tantos top-10 como cortes fallados en el PGA, bien está lo que bien acaba, y siempre la recordará como aquella en la que embocó un putt decisivo para que Europa ganara una Ryder a domicilio.
De eso, principalmente, charló con los medios acreditados este miércoles en el Club de Campo. Aseguró que está aquí, como Rahm un día antes, por sentido del deber. “Me había comprometido a jugar previamente y me gusta honrar mis promesas”, decía sentado en la terraza de una de las carpas de hospitalidad del torneo el grandullón de Clara, sonriente al descubrir algún aficionado de Oasis entre los presentes, tras jugar 9 hoyos del Pro Am con Carlitos Alcaraz (“No tiene un golf increíble pero su golf es mejor que mi tenis”) y Feliciano López. “Madrid es un lugar increíble y un gran torneo. Estoy contento de estar aquí. Es genial volver a jugar tan rápido. Siempre digo que es increíble lograr cosas, pero cuando todo esto termina, solo miras hacia el futuro”, añadió.
El putt con el que rascó un empate en el 18 ante Russell Henley el domingo, cuando Europa ya había despertado del sueño de los dos días anteriores y la cosa amenazaba con derivar en pesadilla, no fue sino el epílogo de una semana que terminó de dibujar su ‘perfil Ryder’. Hostigado por el desagradable público neoyorquino, se echó a McIlroy a la espalda cuando los constantes insultos terminaron por descentrar a su compatriota. Le dio a la parroquia de su propia medicina. Acabada la refriega, se queda con la parte buena, una historia “para contar a los hijos”. “Sí, creo que es una de las semanas más memorables que he tenido en el golf. Con todo lo que pasó, sobre todo el sábado, creo que lo voy a recordar el resto de mi vida. Fue una semana muy muy memorable, por muchas razones”, apostilla.
Para cuando llegó el momento clave, Lowry ya sabía cuál era su responsabilidad. Era consciente de lo precaria que se había vuelto la situación de los europeos en los individuales del domingo y de que su medio punto valía la copa. En medio de uno de los momentos de mayor concentración de su vida, reparó en un detalle. Chema Olazábal, historia viva de esta competición, le miraba con los ojos humedecidos desde el borde del green. “Sentí mucha presión cuando le vi ahí, porque obviamente te lleva a pensar en Seve y todo lo que representa. Cuando metí el putt y fui a darle un abrazo fue increíble. Meter ese putt es una de las cosas más difíciles que he hecho en golf. Honestamente, José María es el hombre más increíble que he conocido. No puedo describir con palabras lo que significa para mí. La relación que he construido con Jon (Rahm) durante los años es también de hermanos”, apuntó.
La euforia fue tal que, reconoce, la celebración se alargó días: “Volvimos a Florida y todavía allí nos vimos algún día Luke (Donald), Rory (McIlroy) y yo para descorchar unas botellas de buen vino y champán». Dentro de seis años, quizá tenga la oportunidad de volver a festejar cuando la Ryder visite Camiral, en Girona, una edición que ya pronostica como “un gran éxito”. “Es un lugar hermoso y no muy lejos de Barcelona”, remarca antes de concluir con una loa que también se puede leer como su último recado en un tiempo a la afición estadounidense: “Además el público europeo es el mejor”.
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