Primera vuelta del Open de España. Nacho Elvira brilla en los primeros nueve hoyos hasta un -3, tras un eagle y dos birdies frente a un solo bogey. Jugando sólido en el golpeo largo, dejándose incluso alguna opción de seguir restando, va cumpliendo con la hoja de ruta.

Se le ha visto cómodo en su parte inicial del recorrido. “Del 1 al 9 he jugado bastante sólido y creo que hay poco que mejorar este viernes”, cuenta a MD, sincero, tras concluir su ronda. “Pero en la segunda parte de la vuelta he estado más errático desde el tee”, lamenta.

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Porque las dificultades han empezado especialmente en el hoyo 12. En esta salida del par cuatro se ha marchado detrás de un árbol. Se le ha quedado corto el segundo golpe. Se ha pasado de green con el tercero. Elvira habla solo antes de tirar su putt. Hace sus cálculos. Pero el golpe se le va. El gesto de disconformidad es visible.

Porque nada es improvisado en ningún golpe. Elvira sabe perfectamente dónde quiere poner la bola para ejecutar su putt. El trabajo previo que se hace a un torneo, en este caso el Open de España, es fundamental a la hora de afrontarlo. “Es un proceso de análisis que se hace en días previos”, explica.

“Ojalá luego en competición fuera tan fácil buscarlas, pero se trata de focalizar durante las prácticas las zonas más anchas del campo para tener mejor acceso a ellas después”

En efecto, un torneo no arranca el jueves, sino que lo hace días antes. “Jugamos el lunes y el martes la práctica y el miércoles el Pro-Am. Con eso vas viendo las posibles zonas de bandera y tienes que ir haciendo ese análisis. Dependiendo de esas posiciones vas probando a unas zonas o a otras”, detalla. “Ojalá luego en competición fuera tan fácil buscarlas, claro. Pero se trata de focalizar las zonas más anchas para tener mejor acceso a ellas después”, dice con una sonrisa.

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Nacho Elvira, midiendo un putt durante su primera vuelta en Madrid

SERGIO PÉREZ / EFE

Ejemplo de ello es el hoyo 14, par cinco. Nada más golpear la bola desde el tee, Elvira sabe que no se ha ido precisamente a la zona más ancha del campo. Lanza un silbido: peligro para el público colocado en el rough. En efecto, allá va la bola, que queda en una zona complicada. Desde esta, la visión no es buena y aparece otro elemento fundamental para preparar una vuelta de golf: la comunicación con el caddie.

Una figura fundamental

La visión es limitada, pero la premisa es clara. “No podemos irnos al árbol de la izquierda”, suena la voz de David Morago para dejar claro que no hay que cambiar totalmente la orientación de la bola. “¿Hay algo que no esté viendo?”, responde Elvira. Se hablan con plena confianza, algo fundamental para obtener resultados.

“Es más importante el trabajo previo que el que se hace durante el partido. Entonces importa más el cómo se siente el jugador y las sensaciones que tiene. El trabajo hay que hacerlo previamente”

Morago es su otra mitad en el campo y así lo ejemplifican en sus conversaciones. Todo cuenta: la mayor demostración de ello la realizaron los dos con su título en el Soudal Open de 2024. Los dos están unidos antes y durante el torneo con el análisis del campo. “Con el trabajo que hacemos los dos, en un par de días es suficiente para memorizar el recorrido”, explica Elvira. “Cierto es que aquí también he jugado ya seis veces, así que el campo lo conoces bien. Cuantas más vueltas haces, más cómodo te sientes”, cuenta.

Tiene claro lo que necesita en un caddie. “Es más importante el trabajo previo que el que se hace durante el partido. Durante el partido son más el cómo se siente el jugador y las sensaciones que tiene. El trabajo hay que hacerlo previamente”, explica Elvira sobre la manera de funcionar de ambos. 

Por encima de todo, la conexión entre ellos es fundamental. “Me gusta que me haga reír cuando estoy jugando. Pasamos unas cinco horas juntos en el campo cada día, más una previa… Es importante que entre golpe y golpe haya distensión, cosas de las que hablar, de las que reírnos. Es bastante más importante a veces que ser preciso en todo”, afirma.

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Las referencias sobre las ramas de los árboles, fundamentales durante una vuelta

Stuart Franklin / Getty

Por ello, Elvira no se corta mientras intenta sacar los cálculos que necesita para golpear la bola en el 14. “¿Vas a ponerme Strava para indicarme?”, bromea. Responde Morago en el juego. “El problema es la rama”, dice sobre el árbol que hay delante del golpeo de su jugador. Así, entre indicaciones y bromas, el trabajo sale perfecto: la bola pasa, llega a green y Elvira salva el par en un hoyo que se la había complicado.

Para controlar toda esa información es necesario tener claras las principales características del campo en el que se juega. “Aquí, por ejemplo, es importante estar siempre en posición desde el tee”, analiza Nacho Elvira. “Es un campo muy estrecho y si no estás en calle no tienes muchas opciones de birdie. El objetivo que perseguíamos jugando, por lo tanto, era el de buscar esa posición”, afirma.

«Es importante que entre golpe y golpe haya distensión con David, cosas de las que hablar, de las que reírnos. Es bastante más importante a veces que ser preciso en todo»

El estudio previo del campo y la comunicación con el caddie son fundamentales para rendir en el campo. Pero, tras una primera vuelta, todavía queda una parte del trabajo: el análisis. “El objetivo que pediría para este viernes es el de mejorar aún más esa posición desde el tee”, asegura Elvira. Porque esa es la premisa: mejorar al día siguiente.

No basta con lo que se ha hecho, sino que hay que buscar nuevas formas para seguir creciendo. Nacho Elvira y David Morago empezaron este jueves el Open de España en una valiosa undécima plaza a tres golpes de los líderes Sam Bairstow y Ugo Coussaud. Pero lo cierto es que, para poder lograrlo, el torneo ya arrancó mucho antes para ellos. El análisis y la confianza mutua así lo demuestran: una vuelta va mucho más allá de los dieciocho hoyos.