A veces una vuelta de golf puede contener la vida misma, y la de Sergio García este viernes en el Real Club de Campo de Madrid tuvo algo de eso. De la frustración a la sonrisa en 18 hoyos. Otra vez fue un día de menos a más para él el segundo de este Open de España, que concluyó con 70 impactos (-1 para -1) y sensaciones agridulces.

“No, no le he pegado bien, he pegado golpes muy malos, golpes que no dan la sensación de que sean golpes de profesional,pero es lo que hay, hay que seguir trabajando. Estoy cabizbajo obviamente porque estoy entrenando, estoy jugando de maravilla, pegándole muy bien a la bola con mucha confianza y tal, y luego llego al torneo y hay varios momentos en los que no sé lo que hago, entonces obviamente eso no me satisface”, explicaba García a los reporteros su deriva entre el 10 (por el que le tocó salir esta vez) y el 3. Ese tramo lo cubriría en +3, con un birdie, dos bogeys y en el 16 el doble bogey que agotó su paciencia.

Su bola había aterrizado en el rough de salida y desde allí viajó al bunker de la izquierda. Le quedó un golpe que no tenía solución buena, y se cruzó el green. De nuevo al rough y de allí al collarín. No llegó a la bandera hasta el quinto. Doble bogey. Patada a la bolsa. “¿Cómo ha sido el golpe del bunker en el 16?“, le preguntarían después. ”Malo», contestaría. “Pero…”, se disponía a insistir el reportero. “Malo, malo, lo dejamos ahí”, zanjaba el de Borriol.

El fantasma del corte fallado en el abierto ‘de casa’ le sobrevolaba cuando, como un día antes, le reactivó un eagle, el desfibrilador de los golfistas. Si hubiese un tutorial para jugar el 4 del recorrido, sería este: bomba al centro de la calle, hierro largo aterrizado a cinco metros de la bandera, dentro el putt. Le cambió la inercia, porque después la metió desde fuera del green en el 6, uno de los pares 4 más exigentes del campo, y sacó provecho a un golpazo en el 9 para cerrar por debajo del par.

“Me gustaría intentar tener un poquito más de confianza a la hora de escoger el golpe e ir con ello,pero bueno, si fuera fácil pues lo haría todo el mundo”, se ponía deberes para un fin de semana al que llegará como mínimo a siete golpes de la cabeza, el listón fijado en el turno matutino por el inglés Cockerill, que se colocó en cabeza merced a su segundo 67 consecutivo (-4 para -8), aunque el mayor depredador que campa por la parte alta de la tabla tras 36 hoyos es el campeón del Masters de 2018, Patrick Reed (-4 para -7).

La ‘baby Armada’ luce músculo

Que Sergio siga vivo no es la única buena noticia que dejó la primera oleada en el diseño de Javier Arana, porque la ‘baby Armada’ lució músculo un día más. Si el jueves Ángel Ayora (21 años) cerraba como el mejor de los 21 españoles presentes, este viernes le cogió el testigo David Puig con un 69 (-2 para -4) que le supo a poco, porque en algún momento de la vuelta parecía que se encaminaba hacia números muy bajos. Estaba -3 llegado al 4 (él también empezó por los nueve segundos), fabricando birdies en serie (6 en total), en su estilo, y de repente se atrancó. Cerró con dos bogeys en los cinco últimos hoyos.

Bastante agridulce, sin duda. Obviamente muy contento con el juego largo, incluso muy contento con todo en general. Al final en esos últimos hoyos se me han escapado un par de golpes pero bueno, otro corte pasado, otra vuelta bajo par. Otro día donde, quieras o no, pienso que he jugado muy bien, me he dado muchas opciones”, lanzó optimista uno de los jóvenes valores que tiran del carro nacional (sin olvidar a Cabrera Bello, campeón en 2022 y en -2 para -4 este viernes) mientras Rahm y Sergio García buscan su mejor versión.

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