El pasado mes de julio, Santander acogió la presentación de una colección de cromos taurinos con una tirada inicial de 25.000 ejemplares y 558 estampas, en los que aparecen las plazas de toros más emblemáticas del territorio nacional e internacional, matadores, rejoneadores y novilleros. En contraste, hace apenas unos días, el Congreso de los Diputados debatió la toma en consideración de una Iniciativa Legislativa Popular para dejar de considerar la tauromaquia patrimonio cultural. Las fiestas de toros discurren en España por dos caminos paralelos, dos posturas irreconciliables que se mantienen con suficientes apoyos como para sobrevivir y con ninguna posibilidad de encontrar puntos en común.
La tauromaquia es, pues, uno de los ámbitos que mejor encarnan la polarización, y en este contexto tan fértil para la ficción, los cineastas Pablo Guerrero y Paco Plaza han encontrado la excusa perfecta para imaginar una trama en la que confluyen estos dos mundos irreconciliables. Para sorpresa y alivio de todos, han encontrado un lugar para el entendimiento, la tolerancia y la convivencia a base de una comedia en formato de serie que acaba de llegar a Disney+ esta semana.
La suerte, título de esta ficción, es una comedia sobre los contrastes y las contradicciones de España, ideada a base de las casualidades. En ella, un joven taxista y aspirante a abogado del Estado, a quien interpreta Ricardo Gómez, se ve convertido de la noche a la mañana en chófer y talismán de un famoso torero, un Óscar Jaenada en estado de gracia, y de su cuadrilla, entre quienes se encuentra, entre otros, el extorero Óscar Higares.
Tal y como han contado a Vozpópuli los directores de esta serie, todo empezó hace tiempo durante una fiesta de un torero en la que terminaron, allá por 2019. “Estando en esa fiesta fue una revelación: fue un bofetón de fascinación, un mundo que no conocíamos, tan excéntrico y excepcional. Es material estético y ritual, fue como una revelación y empezamos a investigar”, cuenta Guerrero. El reto fue entonces contarlo con “respeto y admiración”, para lo que pensaron en un “observador”, a modo del personaje del vecino de El gran Gatsby, pero sin caer en la solemnidad de algunas producciones, porque consideran que todo lo que ocurre en el país ha de pasar por el humor. “Al día siguiente de una tragedia siempre hay un chiste”, remata.
Como referencia para el personaje del «maestro», los creadores de esta serie han confesado que pensaron en Óscar Jaenada desde la escritura de guion, porque tiene la cualidad de hacer «lo extravagante natural». Sin embargo, hay muchas anécdotas que parten de situaciones reales como Morante de la Puebla o Rafael de Paula. Además, el actor se puso en contacto con el torero Alejandro Talavante, que le abrió las puertas de su finca y donde le hizo preguntas «incómodas» sobre cuestiones como el miedo. «Se han hecho muy amigos y Óscar es antitaurino», cuenta.
Tauromaquía, «error en Mátrix»
Para Paco Plaza, elegir la tauromaquia se debe, por un lado, a lo excepcional que resulta en sentido literal, porque es una tradición que en su opinión “está fuera del tiempo y de la lógica, un error en Matrix”. “La palabra excepcional es lo que mejor se ajusta, es algo que está fuera de los límites de la moral contemporánea”, señala.
Además, el cineasta cree que es el ámbito ideal para hablar de prejuicios, porque se trata de un asunto que “levanta pasiones”, unas “dialécticas en las que parece que no hay grises”. “Pocas cosas dividen de una forma tan visceral en nuestro país como la tauromaquia. El torero tiene una carga simbólica como icono español que genera fascinación y rechazo a dosis casi iguales. Nos parecía que era idóneo para hablar de esos temas”, explica.
«El torero tiene una carga simbólica como icono español que genera fascinación y rechazo a dosis casi iguales»
Esta serie, sin embargo, y a diferencia de otras indagaciones audiovisuales como la más o menos reciente Tardes de soledad, de Albert Serra (Concha de Oro en 2024), no entra en la plaza de toros, una resistencia parecida a la que muestra uno de sus protagonistas, el personaje que interpreta Ricardo Gómez. “Nuestro protagonista no entra, que es nuestro vehículo para contar la historia. Es la justificación puramente narrativa, pero hay también un factor ético de no querer mostrar nada susceptible de herir sensibilidades, porque no era nuestra intención pisar ningún callo. La suma de estas dos cuestiones es que queríamos poner el foco en los sentimientos de los personajes: tanto en la desazón del torero, que está viviendo el ocaso de su carrera, y cómo eso le hace enfrentarse al final de su vida como la ha conocido, y en el viaje de David, por acabar encontrando puntos de encuentro”, cuenta.
Guerrero agrega que quizás hace 20 años se habrían puesto “más gallitos”, pero en cualquier caso su mirada busca reflejar su experiencia al entrar en ese mundo y “relativizar las cosas y no estar en los extremos”. “Hay muchísima crispación, a favor y en contra. ¿Podemos hablar por lo menos? Tú no puedes tener un debate si piensas que la persona con la que vas a hablar es un asesino, y lo que hemos hecho es esconder el ritual de la muerte, generar un misterio con el maestro, y a través de la mirada de David entramos en su interior. No queríamos que nadie fuera con las espadas en alto”, agrega.