Un estudio de hace cuatro años en el LPGA, el circuito estadounidense de golf, siguiendo el modelo oculto estadístico de Markov, postuló que después de un bogey hay más posibilidades de hacer un birdie (23%) que otro bogey (19%). No hay certeza, en cambio, por mucho que se empeñen los bayesianos, de que un jugador enrachado, con la muñeca caliente como se suele decir en baloncesto, vaya a embocar el siguiente birdie.

Sergio García, en su regreso al Open de España, se encargó de reforzar ese estudio en los primeros nueve hoyos de la tercera jornada, un sábado difícil, de viento que a veces se elevaba por encima de 30 km/h, día para coger muchas calles y armarse de paciencia. El de Borriol enlazó una secuencia que devanaría los sesos de toda la comunidad científica: doble bogey, birdie -después de un segundo golpe de fantasía-, bogey, birdie, bogey… Cada tramo con el viento en contra provocaba el error y viceversa. «Resetear la cabeza en cada hoyo, con todo lo que llevo aquí ya es bastante común, pero, desde luego que es mejor hacer un doble bogey en el primer hoyo, que tienes tiempo de reacción que no en el 18, que te vas a casa con ello puesto», contaba.

Sergio García, durante la tercera jornada del Open de España

Sergio García, durante la tercera jornada del Open de España

Hasta el 6 no firmó el primer par. Y coincidió con un noble gesto de García. Estaba preparado para patear un putt de un metro y el grito de un niño le apartó. Una avispa le había picado en la mano y Sergio se dio cuenta. Acabó el hoyo y fue personalmente a coger un hielo de las neveras donde está el agua para los golfistas y aplicárselo en la mano. Al mismo tiempo, le regaló una bola firmada.

Ese break, normalizó la tarjeta del campeón del Masters 2017, que empezó a cosechar pares salpicados con birdies. Jugó los siguientes 10  hoyos en cuatro bajo par y completó, sin más errores a pesar de caer dos veces más en los bunkers, una tarjeta de 69 golpes que le impulsó varias posiciones.

Sergio García, de nuevo bajo par en el Open de España

«He empezado dando más golpes malos que buenos y además nos ha pillado un viento que no favorecía nada», comentó. «Luego ya nos hemos centrado más y valoro el acabar de nuevo bajo par».