Jon Rahm eliminó casi todas sus opciones de victoria en el Open de España. Sólo algo insospechado evitará que el golfista de Barrika concluya por primera vez en blanco una temporada desde 2017, el primer año completo en el profesionalismo, aunque en un ejercicio de regularidad ganó por segunda vez la general individual del LIV Golf, en cuya liga también levantó el trofeo por equipos. Kepa, el hijo mayor, al que cogió en brazos para sacar una sonrisa el sábado, le preguntará como siempre, incluso cuando vuelve de entrenar, si ha ganado un trofeo. «Esta vez le tendré que decir que no», asumió. «Este año ha sido duro que me pregunte tanto», bromeó.
Fue sorprendente cómo el golfista imán de las masas -el sábado aún más multiplicado en el Real Club de Campo– cedía en los últimos nueve hoyos toda la renta que se había trabajado antes de visitar por primera vez los aledaños de la casa club, en los hoyos que miran al skyline de la capital.
Jon Rahm se deja las opciones en el Open de España
Rahm había llegado con un batallón de gente -¿quién dijo que el golf no era popular?– al 9 en quinta posición, a un golpe entonces de los líderes, enrachado después de tres birdies, con un eagle en la tarjeta, en ese tramo del campo que le resulta menos amable. Ya no soplaba tan fuerte el viento de primera hora y Jon había manejado de maravilla esa zona. Incluso un eagle en el 4, el segundo de la semana, había devorado los dos bogeys que le cayeron. «El campo está duro», explicó el tres veces ganador de este torneo. «Sólo he fallado dos golpes, en el 1 y en el 5, y me han caído dos bogeys».
Los optimistas creían ver ya un domingo de los que atraen a Jon. En el anillo cercano al líder, preparado para el asalto y la coronación. Pero se topó con el hoyo 11, un par 3, un green pequeño, duro como todos y acabó con cinco golpes tras sacarla mal del bunker y tripatear. «Fue un fallo bastante gordo», reconoció.
El doble bogey fue un mazazo. Se perdió toda la magia. En el tramo final, del 14 al 16, donde Rahm tradicionalmente sacaba partido con eagles y birdies, los despachó en uno sobre par. En ese momento Marco Penge, el líder, había desatado la tormenta de aciertos. La distancia se hizo sideral. No habrá viaje hacia los cinco Open de España que Ángel de la Torre mantiene como tope desde hace 100 años. Seguirá en tres, como Seve Ballesteros, la referencia perenne de Rahm.
«Ahora quiero comer algo. Ganar, malamente; a ver si puedo acabar el Open de España cerca del top 10 y completar una vuelta sin errores estúpidos que es lo que he hecho toda la semana. Ya sean putts cortos, ya sean golpes equivocados. No sé si es mal proceso. Pero quiero jugar 18 hoyos sólidos», remató.