Camilo José Cela, además de uno de los escritores más brillantes de la historia de la literatura española, fue un tertuliano único que dejó algunos de los momentos más memorables de la televisión en España.


Camilo José Cela durante una tertulia literaria en una escena de la versión cinematográfica de 'La colmena'

Corría el año 2002. Fernando Sánchez Dragó se había llevado sus tertulias literarias al valenciano Canal 9. Cela había fallecido poco antes y, por ese motivo, el escritor y presentador televisivo decidió emitir en su programa El Faro de Alejandría una antigua tertulia entre Camilo José Cela y José Saramago.

El vídeo lo ha rescatado ahora la Fundación Toro de Lidia en sus redes sociales para recordar que «hubo un tiempo en el que los antitaurinos tenían un nivel altísimo en el debate».

La tertulia, en un momento dado, navega entre las procelosas aguas del iberismo y, en un momento dado, se entra de lleno en el asunto de la tauromaquia.

Los dos Premios Nobel de Literatura tienen opiniones enfrentadas sobre el particular, aunque las expresan con respeto y sin sectarismo.

Decía Cela, con su habitual retranca, que «por fortuna acabaremos civilizando a Europa, yo creo. Las corridas de toros son el único signo de civilización que podemos enseñar a Europa. En Suecia hay ya dos peñas taurinas que vienen a los Sanfermines».

«Las hay incluso en Japón», añade Sánchez Dragó. «En el Japón las hay», concede Cela. «Y el límite norte en Francia (el límite de la afición a los toros, se entiende) está subiendo un poco más».

Tras la reflexión de Cela, Sánchez Dragó se dirige al Premio Nobel portugués: «Antes he dicho, José, y es verdad, Camilo quiso ser torero. Me gustaría saber lo que piensas a cerca de los toros, como portugués, como comunista».

Pero Saramago, de una manera elegante, expresa su opinión contraria a la tauromaquia: «Lo siento, yo sé que esto no agradará, pero la verdad es que las corridas no me gustan».

Sánchez Dragó trata de que reconsidere su posición: «Tú que has defendido el iberismo frente al europeísmo, la corrida de toros es un poderoso instrumento de defensa del iberismo».

Ante lo que Saramago reivindica su opinión: «Yo no sé si lo es, pero yo no quiero que España toda se ponga a cantar el fado. No vamos a tener ahora, porque tenemos unas cuantas cosas nuestras de aquí o de allá, vamos a ponérselas a todos».

Por último, Cela zanja la cuestión, con la misma elegancia y con su ya famosa socarronería: «Yo preferiría que España entera cantara el fado que no estos ritmos yankees que nos están invadiendo».