Ángel Ayora (21 años) emboca un putt de birdie el pasado domingo en el hoyo 18 del Real Club de Campo Villa de Madrid que sabe a oro, porque asegura su top-10 en el Open de España y empata con Jon Rahm y David Puig, casi nada, como mejores jugadores locales. El malagueño, largo, de mirada tímida y con un pelo muy rizado que sobresale de su gorra, se abraza con los suyos, atiende a los medios de comunicación y firma a todo niño que le pide un recuerdo. No dispone, pese a ello, de mucho tiempo de sobra, porque enseguida ha de irse corriendo a Barajas: tiene un vuelo a las 21:00 con destino Nueva Delhi, donde este jueves vuelve a competir. Toda una ‘paliza’ con un claro fin, el de hacer realidad sus sueños y lograr el billete al PGA Tour.
En época amateur, el nombre de Ayora probablemente no figuraba a la altura de otros que lucían la etiqueta de ‘futuro del golf español’, como Eugenio López-Chacarra, David Puig o Josele Ballester. Pero desde su salto al profesionalismo, al que se aventuró sin tener siquiera la tarjeta de la segunda división del circuito europeo, ha ido avanzando a pasos agigantados, el último de ellos su noveno puesto en el Open de España, el séptimo top-10 que logra este año en un DP World Tour en el que está cuajando una sensacional temporada rookie. Hizo buenas las invitaciones que tenía en 2024, ganó el Rosa Challenge Tour, su primer título como pro, y acabó ganándose una tarjeta para la élite europea en la que ya no resulta extraño verle codeándose con los mejores.
Y, como sucede en los últimos años con cada jugador ilusionante que comienza a despuntar, a su puerta llamó LIV Golf, sediento por continuar capturando talento para un circuito que todavía presenta un field que necesita una buena capa de maquillaje. El año pasado rechazó una oferta por dos temporadas para participar en la superliga saudí, acompañada, claro, de una suculenta cantidad de dinero fijo (más los premios por torneo, en los que el ganador se embolsa 4 millones de dólares) que bien podría haber nublado la vista de un veinteañero. En este curso, Ángel ni siquiera desea escuchar los cantos de sirena de LIV porque anda plenamente centrado en cumplir uno de los sueños de su vida.
“Jugaría allí al 100%. Si consigo la tarjeta del PGA Tour, vamos, me voy nadando si hace falta”, responde con salero el joven malagueño cuando AS le pregunta en Madrid sobre su futuro. Ayora anda inmerso en la pelea por obtener una de las 10 tarjetas del PGA Tour que otorga el circuito europeo a los mejores clasificados en la Race to Dubai que todavía no tienen derechos de juego en Estados Unidos. El español es 23º en la general del DP World Tour, una subida de cuatro puestos tras el Open de España, y necesita adelantar a únicamente siete jugadores para conseguir la ansiada tarjeta (el francés Martin Couvra, último de ese top-10, le aventaja en en 462,42 puntos). He ahí el motivo de la maratón que se va a pegar Ángel, ya en Nueva Delhi y preparado para competir en el DP World India Championship, el penúltimo torneo regular del circuito. También lo hará la semana próxima en el Genesis Championship de Corea del Sur, y en los dos eventos de playoffs en Emiratos Árabes Unidos en noviembre, por lo que su total de apariciones en el DP World Tour se irá a las 31 en este 2025, más otras tres en el PGA Tour gracias a invitaciones.
“Yo, de energía, ahora mismo estoy con un 99 sobre 100″, volvía a bromear Ayora al ser cuestionado por esta maratoniana aventura. “El 1% es un poco lo cansado que estoy de esta última ronda, pero enseguida ya estamos con las pilas puestas para India e intentar rascar los máximos puntos posibles”, dice, una vez más, teniendo entre ceja y ceja la bendita tarjeta del PGA Tour. También, de paso, el top-10 en la Race to Dubai, lo que supondría un cierre más que exquisito a su año de novato. “Es algo que ya he aprendido, que cinco puntos son muchos en este ranking, aunque parezca que no. Y por un punto puedes perder la carta o no coger la carta del PGA Tour. Cada punto cuenta como el que más», relata, ejemplificando la importancia que tuvo embocar ese putt de birdie en el último hoyo del Real Club de Campo Villa de Madrid.
“No quiero que se hable de mí como el chaval que se fue a LIV”
Entrenado por su caddie, Juan Ochoa, y representado por Javier Ballesteros, hijo de Seve, cuya marca también le viste, por lo que luce el logo del legendario cántabro, Ayora se fija, sobre todo, en “la actitud de Rory McIlroy”. Como el del norirlandés, su swing es una delicia para la vista, y es un pegador muy potente: es el 11º en la temporada del DP World Tour en distancia con el drive, con una media de 283,2 metros (“no estoy acostumbrado a jugar con alguien que me pise las salidas”, le dijo en tono de broma Marco Penge durante las dos rondas que compartieron en Madrid), y maneja bastante bien los hierros, 20º en greenes en regulación. Los deberes los tiene con el putt, 97º en golpes en cada green en regulación y 127º en media de putts por cada vuelta. Además, conecta con la gente (su cuenta de Instagram está muy bien cuidada), y en este Open de España reconoció que nunca había tenido tanta gente siguiéndolo, algo que seguramente vaya a más en años venideros. Con esas características y su gran regularidad (ha pasado 23 de 27 cortes en el DP), lo que ilusiona es que incluso su juego puede encontrar mejor acomodo en el PGA Tour.
El juego está, y también la cabeza, como mostró al decir ‘no’ a los mareantes números de LIV que sí han seducido a jóvenes españoles como Ballester, Chacarra, Puig o Luis Masaveu. “Mi sueño es llegar al PGA Tour y jugar la Ryder. Es por lo que me levanto cada día para entrenar. No me levanto por el dinero. Obviamente es una consecuencia, este deporte se paga muy bien, pero no juego por el dinero, sino por la historia. Y eso que económicamente no hay comparación. Sin corte y con menos jugadores, en el LIV tienes una semana mala y ganas 200.000 euros. En el DP tienes que hacer un torneazo para llevarte esa cantidad. LIV es una lluvia constante de dinero, pero no es lo que yo buscaba. Es muy tentador, claro. Al principio dije un no rotundo, luego me lo pensé, viendo que puede haber un acuerdo entre las dos partes. Por ahora era cerrarme puertas y pensé que no era lo mejor. No quiero que se hable de mí como el chaval joven que se fue a LIV. Yo quiero ser uno de los mejores golfistas españoles de todos los tiempos”, dijo, con sinceridad y las ideas muy claras, a finales del año pasado en una entrevista con El País en la que explicó su rechazo a los Cleeks de Martin Kaymer. Sus sueños, gracias a su buen hacer, están un pasito más cerca de hacerse realidad.
¡Tus opiniones importan! Comenta en los artículos y suscríbete gratis a nuestra newsletter y a las alertas informativas en la App o el canal de WhatsApp.
¿Buscas licenciar contenido? Haz clic aquí