El cuerpo humano no reduce otros procesos fisiológicos para compensar el gasto energético del ejercicio físico. Si una persona se muestra más activa, su gasto total diario de energía aumenta de manera proporcional, sin que el organismo “ahorre” calorías por otras vías.

Los investigadores analizaron a 75 adultos de entre 19 y 63 años con distintos niveles de actividad física: desde personas sedentarias hasta corredores de ultrarresistencia que recorrían más de 120 kilómetros a la semana.

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Un nuevo estudio internacional liderado por el Instituto Politécnico y Universidad Estatal de Virginia (Virginia Tech, Estados Unidos), con la participación de la Universidad Europea de Madrid y la Universidad de Burgos, ha demostrado que el cuerpo humano no reduce otros procesos fisiológicos para compensar el gasto energético del ejercicio. En otras palabras, cuando una persona se mueve más, su gasto total diario de energía aumenta de manera proporcional, sin que el organismo “ahorre” calorías por otras vías.

La investigación, publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) bajo el título “La actividad física está directamente asociada con el gasto energético total sin evidencia de restricción o compensación”, pone a prueba una teoría extendida en fisiología y nutrición: el modelo del gasto energético “limitado”, según el cual el cuerpo tendría un techo máximo de consumo diario y compensaría el aumento de la actividad reduciendo el gasto en otros sistemas corporales.

Un estudio multidisciplinar, internacional y de gran precisión

El equipo de investigación, encabezado por Kristen R. Howard y Kevin P. Davy (Virginia Tech), junto con John R. Speakman (Universidad de Aberdeen y el Instituto de Tecnología Avanzada Shenzhen), y los investigadores españoles Olalla Prado-Nóvoa (Universidad Europea de Madrid) y Guillermo Zorrilla-Revilla (Laboratorio de Evolución Humana, Universidad de Burgos), analizó a 75 adultos de entre 19 y 63 años con distintos niveles de actividad física: desde personas sedentarias hasta corredores de ultrarresistencia que recorrían más de 120 kilómetros a la semana.

Durante dos semanas, los investigadores aplicaron técnicas de medición de última generación para conocer con precisión cuánta energía gastaba el cuerpo en su día a día. Para calcular ese gasto total, utilizaron el método del “agua doblemente marcada”, considerado el idóneo en este tipo de investigaciones. Esta técnica permite estimar con exactitud el consumo de energía mediante el seguimiento de isótopos estables de hidrógeno y oxígeno introducidos en el organismo a través de la ingesta de esta agua marcada.

Además, se registraron los niveles de actividad física con sensores de movimiento, se midió el metabolismo en reposo y se realizaron análisis de sangre para evaluar marcadores vinculados a la función inmunitaria, hormonal y metabólica. Se registró también cuidadosamente la ingesta de calorías a través de la dieta de cada participante, asegurándose de que todos ellos cumplían con sus requerimientos energéticos diarios.

El objetivo era determinar si las personas más activas “compensaban” su gasto energético reduciendo otras funciones del cuerpo, como el metabolismo basal o la respuesta fisiológica general, o si, por el contrario, esa energía se sumaba directamente al gasto total diario.

Resultados: moverse más implica gastar más

Los resultados fueron concluyentes. El estudio encontró una relación positiva entre el nivel de actividad física y el gasto energético total diario. En términos sencillos, cada incremento en la actividad física se tradujo en un aumento equivalente del gasto calórico total, sin señales de compensación.

Kevin Davy, profesor del Departamento de Nutrición Humana, Alimentación y Ejercicio de la Virginia Tech y autor principal del trabajo destaca que “Nuestro estudio demuestra que una mayor actividad física se asocia con un mayor gasto calórico, independientemente de la composición corporal, y que este aumento no se compensa con una reducción del gasto energético en otras funciones del organismo”.

Por su parte, Kristen Howard, autora principal del estudio, explica que “El equilibrio energético fue un elemento clave del estudio. Analizamos a personas que estaban bien nutridas. Es posible que la aparente compensación observada en otros trabajos se deba a estados de infra-alimentación o condiciones extremas”.

Por otro lado, Olalla Prado-Nóvoa, profesora de la Universidad Europea de Madrid y coautora del estudio, añade “Si el cuerpo humano no ‘ahorra’ energía cuando nos movemos más y cada paso cuenta, nuestros resultados sugieren que la relación entre movimiento y gasto energético podría ser más flexible de lo que se pensaba. Tal vez no exista un límite fisiológico universal. Esto encajaría perfectamente dentro de la extraordinaria variabilidad humana”.

El debate sobre el modelo energético limitado

En palabras de Guillermo Zorrilla-Revilla, investigador del Laboratorio de Evolución Humana (LEH) de la Universidad de Burgos, “Este estudio se suma a otros trabajos que están poniendo a prueba un marco teórico apasionante y revolucionario propuesto por el investigador Herman Pontzer (Universdiad Duke, Estados Unidos) desde campos como la medicina evolutiva, la antropología biológica o la fisiología humana: el modelo de gasto energético limitado”.

Una visión evolutiva del metabolismo humano

Este modelo no solo tiene implicaciones en la salud, la obesidad o el rendimiento deportivo, sino también en la comprensión evolutiva del ser humano.

El objetivo del investigador y del equipo del Laboratorio de Evolución Humana de la Universidad de Burgos es consolidar esta línea de investigación aún inexistente en España, combinando fisiología, evolución, antropología y medicina, para entender mejor de dónde venimos y hacia dónde vamos.