Albert Torres (Ciutadella, Menorca, 35 años) atiende a MD desde la ciudad colombiana de Medellín tras proclamarse campeón del mundo de ciclismo de pista en Ómnium en Santiago de Chile. Lo hace rodeado de su mujer (Mar Bonnín) y de sus dos hijos (Martí, de poco más de tres años) y Clàudia ( de tres meses y medio), con los que trata de viajar siempre que puede para compaginar su labor de padre con la de ciclista profesional.
¿Cómo vivió el título mundial?
Una gran felicidad. Ganar el Mundial fue increíble. Le doy mucho valor a este triunfo, después de conseguir mi primer título mundial hace once años en Cali. Durante estos años he ido compitiendo, pero ganar siempre es difícil y volver a hacerlo en un Mundial aún más. Y ganar lo al lado de mi familia fue especial.
«Ganar siempre es difícil y volver a hacerlo en un Mundial aún más. Y ganar lo al lado de mi familia fue especial. La verdad, no pensaba en ganar. Pensaba en intentar luchar por el podio, pero ganar el título mundial once años después fue muy grande»
No tuvo una preparación fácil con las lesiones, ¿llegó a pensar que no podría disputar el Mundial?
La primera lesión la sufrí en el Madison de los Juegos de París 2024 (fractura distal del radio de la mano izquierda) y me costó mucho recuperarme. Después, en enero, cuando de nuevo me estaba sintiendo ciclista, me caí y me fracturé la clavícula, y en el Giro de Italia me caí otra vez y en Suiza y me rompí la misma clavícula. Esta lesión me costó mucho, a la que sumé otra lesión muscular en la pierna. La segunda parte de la temporada me costó, pero en Movistar hallé la confianza y la tranquilidad necesarias, así como con la selección española, y poco a poco las sensaciones fueron siendo buenas, pero incluso tenía planteada una renuncia al Mundial.
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¿Cuándo se vio en el Mundial?
Iba haciendo carreras con el equipo y las sensaciones no eran muy buenas. Me di un margen de diez días y me fui encontrando mejor. Los estímulos en la pista volvían y volvieron las grandes sensaciones. Los días de entrenamiento con Héctor Álvarez fueron muy buenos y me dieron garantías de ser competitivo, pero no pensaba en ganar porque ganar cuesta mucho. Pensaba en intentar luchar por el podio. Ésta era una opción realista. Ganar el título mundial once años después fue muy grande.
¿Qué representó para usted proclamarse campeón del mundo?
Mucho, siempre he sido un corredor al que la pista le ha encantado. Disfruto compaginando la pista y la carretera y me siento un privilegiado de estar en Movistar Team, en el que empecé con 30 años. Para mí, es importante que los directores de Movistar estén contentos con mi trabajo. Tengo muy claro mi rol en el equipo y disfruto.
«Disfruto compaginando la pista y la carretera y me siento un privilegiado de estar en Movistar Team. Tengo muy claro mi rol en el equipo y disfruto. No tengo ningún problema en hacer de gregario. Me sale de forma natural y disfruto. Me siento recompensado y no necesito ganar una carrera o disfrutar de más libertad»
Se ha proclamado campeón del mundo con 35 años, compitiendo contra rivales más jóvenes. ¿Cómo se mantiene al máximo nivel?
El tema de la edad es relativo. A día de hoy tengo más experiencia, pero soy de los que piensa que si tienes ilusión, ganas y motivación para ser ciclista de élite los resultados acaban saliendo. Es muy difícil no ser profesional al 100% y tener resultados. No hay misterios. Aún siento la ilusión del joven que empieza. Es verdad que cuando ya eres padre te planteas las cosas, teniendo que entrenar y competir tanto. Hay que disfrutar de la profesión. Mira el viaje al Mundial de Chile era largo y decidimos viajar juntos en familia, con mi mujer y los dos niños. Tener el apoyo de tu familia en esta profesión ayuda mucho.
Tras el Mundial de Chile, ¿cuáles serían sus próximos objetivos?
Ya he acabado la temporada, ganar el Mundial ha sido increíble, sobre todo tras un año difícil física y mentalmente. También para trabajar en 2026 con garantías, tras un año de lesiones y ver que sigo siendo competitivo.

Albert Torres, campeón del mundo
MOVISTAR TEAM
Se quedó a las puertas de la medalla en los Juegos de París, ¿se ve competitivo en Los Ángeles’28?
Me gustaría llegar. Ganar este Mundial hace que te lo plantees. La clave es mantener la ilusión y la motivación. No tengo dudas de que con 38 años puedo llegar a Los Ángeles, si viera que no tengo nivel sería el primero en decirlo y me replantearía la vida. Tengo clavada la espina de París 2024 con la caída en la Madison y quedar 4º en el Ómnium.
Siempre ha podido compaginar la pista y la carretera y su fichaje por Movistar no fue un impedimento.
En categorías inferiores compaginaba la pista con la carretera, y los nacionales de carretera siempre fueron uno de mis objetivos. Había estado en equipos de carretera pequeños, continental. Yo quería correr en World Tour, la máxima división, pero la oportunidad no llegaba, aunque siempre mantuve la ilusión de ver si servía para la carretera, hasta que coincidencias de la vida en el año 2000 coincidí con Eusebio Unzué (mánager general de Movistar Team) y tanto Sebastián Mora como yo entramos en el equipo, pudiendo preparar también los Juegos Olímpicos de 2020. Que ellos me conocieran y supieran de mis virtudes fue importante para mí, que aceptaba mi rol de gregario sin problemas. Es un trabajo que trato de hacer lo mejor posible, y mi primera prueba de fuego fue en el Giro de Italia, tres semanas seguidas con mucha montaña. Vi que podía recuperarme bien del esfuerzo y esto le dio al equipo la seguridad y la tranquilidad que estaba preparado para hacer mi trabajo de gregario. Recuerdo unas palabras de Chente (García Acosta, director de Movistar) en las que me dijo que había mucha gente que llegaba al equipo y no se adaptaba, que si tenía claro mi sitio y lo hacía bien se valoraría. Un consejo que siempre he agradecido.
«Es verdad que cuando ya eres padre te planteas las cosas, teniendo que entrenar y competir tanto. Hay que disfrutar de la profesión. Mira el viaje al Mundial de Chile era largo y decidimos viajar juntos en familia, con mi mujer y los dos niños. Tener el apoyo de tu familia en esta profesión ayuda mucho»
Puede sorprender que todo un campeón del mundo, aunque sea de pista, trabaje para un líder.
Yo no tengo ningún problema. Me sale de forma natural y disfruto. Me siento recompensado y no necesito ganar una carrera o disfrutar de más libertad. Me gusta mi trabajo y acepto mi rol, que después de una carrera venga el líder del equipo o un compañero y me de las gracias. Igual al tener mi sitio en la pista es más fácil para mí. No necesito ganar.
Tener tanta experiencia en la pista, ¿le sirvió en la carretera?
Una de las virtudes que tengo de la pista es saber moverme en el pelotón, cuando tienes que llevar al líder o colocarlo en un punto en concreto, a pie de puerto, por ejemplo. Los directores saben que pueden estar tranquilos conmigo, que sabe moverse bien y eso es básico.
«No tengo dudas de que con 38 años puedo llegar a los Juegos de Los Ángeles, si viera que no tengo el nivel necesario sería el primero en decirlo y me replantearía la vida»
En pista como en carretera hay caídas y accidentes espectaculares, ¿cuál es más peligrosa?
La carretera, sobre todo las clásicas, especialmente cuando hay mucha tensión. En carretera hay frenos y las frenadas provocan las caídas al haber un cambio de velocidad brusco. En pista sólo hay el cambio de piñón y las caídas vienen por cambios de trayectoria.
Y, siendo de Ciutadella (Menorca) donde no hay ninguna instalación de pista, ¿cómo acabó siendo uno de los mejores en el velódromo?
Cierto, en Menorca no teníamos ningún recinto cerrado para que la gente joven lo probara. Tuve que ir a Mallorca. Me llamaron del Centro de Tecnificación Balear y allí conocí el ciclismo de pista. Los resultados en categorías inferiores acompañaron. Los dos años de júnior ya pude estar con la selección nacional y a partir de ahí todo fue más fácil