Grano de Oro (Costa Rica)
Después de una merecida jornada de descanso la expedición del Reto Pelayo Vida reemprende el rumbo. Quedan por delante cinco etapas para llegar al Caribe y el aire cada vez más húmedo indica que, después de haber estado por encima de los 3.000 metros, la altitud es cada vez más baja. Pero para ir descendiendo hacia el mar, Costa Rica no entiende de pendientes continuas y prolongadas. En la sexta jornada de desafío, que transcurre íntegramente en bicicleta entre las afueras de Turrialba y Grano de Oro, el sube y baja se mantiene como la tónica habitual del trayecto.
Hace una semana, a Mapi e Idoia les temblaban las piernas ante una bajada técnica con terreno inestable, ahora la historia es diferente: “Hemos perdido gran parte del miedo cuando, sin que nos encante lo estamos llegando a disfrutar”, relatan. Y para Toñi y Vero, con poca experiencia en bici de montaña antes del Reto, las rampas que antes eran imposibles de subir ahora empiezan a ser accesibles. “Va, va, va, va…” se repite Toñi mientras asciende por una pendiente de más de un 10%. Un trabajo, que durante la cena de grupo, el director deportivo Carlos Martínez les reconoce públicamente: “Hoy me ha emocionado veros, ver el avance que habéis experimentado en sólo una semana. En los 40 kilómetros tan duros de hoy se ha demostrado la dedicación y esfuerzo que le habéis puesto estos meses”.
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Las participantes del Reto Pelayo siguen avanzando hacia el Caribe
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Las participantes del Reto Pelayo siguen avanzando hacia el Caribe
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Desde su sitio en la mesa, Vero asiente: “Es para que estemos muy orgullosas”. Y es que esta albaceteña afincada en Madrid llevaba años sin hacer deporte con asiduidad: “Yo salía a correr, pero hace años, por mantenerme en forma… Lo dejé todo cuando di a luz a mis dos hijas y también por mi trabajo. Fue a raíz del cáncer de mama cuando me dijeron que para paliar los efectos secundarios de la operación tenía que introducir el deporte en mi rutina”. Tras superar el cáncer, encontró en el Reto Pelayo Vida un objetivo que alcanzar. Se quedó a las puertas de ser elegida para Patagonia’23, pero dos años después ha llegado la oportunidad.
Verónica Guillén es teniente coronel de la Guardia Civil, y además es la jefa del Área de Derechos Humanos, Igualdad y Diversidad del cuerpo. Con más de veinte años de experiencia, fue una de las primeras mujeres oficiales. “De mi trabajo traslado en estos días la serenidad, la tranquilidad o el trabajo en equipo. En mi departamento queremos darle valor y visibilidad a lo que las mujeres pueden hacer, y eso es extrapolable a este reto”.
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Verónica Guillén, teniente coronel de la Guardia Civil, en el Reto Pelayo
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Verónica Guillén, teniente coronel de la Guardia Civil, en el Reto Pelayo
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Ni en su trabajo ni en su casa se sorprenden de que Vero se haya preparado a conciencia para apuntarse y conseguir una de las cinco plazas del Reto Pelayo Vida. Al mismo tiempo, ella misma reconoce que el ámbito familiar y laboral le absorbieron demasiado antes del cáncer, y que esa situación cambió radicalmente con la enfermedad: “Hay que tener un equilibrio entre tres esferas: la familiar, la laboral y tú mismo. Me dediqué en cuerpo y alma al trabajo y sobre todo a mis dos hijas, pero no puedes cuidar a nadie si no te cuidas tú. Es necesario planificarse, encontrar 30 minutos para hacer deporte cada día. Yo los encontré por la mañana antes de trabajar”. Cada vez que menciona a sus dos hijas (de 13 y 11 años), Vero se emociona: “Quiero enseñarles que todo esfuerzo conlleva su sacrificio. Me han visto entrenar mucho y quiero que entiendan que deben tener tiempo para cuidarse a sí mismas, que el deporte es algo necesario para implementar en la vida de cualquiera, y que si algún día el cáncer les toca a ellas cómo hay que afrontarlo”.