Hasta el 22 de febrero
La Fundació Miró inaugura en Barcelona una magna exposición con obra de Joan Miró –de sus propios fondos y de colecciones extranjeras– y obras de varios artistas norteamericanos, cedidas por museos y por coleccionistas particulares, bajo el epígrafe Miró i els Estats Units. Una buena oportunidad para gozar del mejor arte contemporáneo sin necesidad de largos viajes. Converso con el comisario de la exposición, Matthew Gale, un inglés elegante y sensible, de familia cuáquera, amigo del arte y de divulgarlo con estilo y eficacia. Esta exposición se inauguró el 10 de octubre y podrá visitarse en Barcelona hasta el 22 de febrero. Después viajará a otros países, donde quizá los aficionados al arte la valoren algo más que aquí, que tan fácil lo tenemos para gozarla: basta con un paseo a Montjuïc.
¿Qué le llevó al arte?
Vivir en Roma, de niño: el arte te cala allí hasta los huesos.
¿Qué es el arte?
Lo que el artista dice o hace.
¿Para qué sirve el arte?
Para elevarte o moverte a cuestionarte.
Y para hacer visible lo invisible.
¡Joan Miró estaría muy de acuerdo!
¿Qué tiene usted con Miró?
¡Admiración! Por auténtico y modesto.
¿Por qué es auténtico?
Si Miró hace algo, hay convicción en lo que hace. Pero sin pizca de arrogancia.
“¡Bah, eso lo hace mi niño!”, se ha dicho de las pinturas de Miró.
Imposible: cada cuadro de Miró tiene detrás treinta años de pruebas, dudas, experiencia, trabajo, respiración… por brevísimo y escueto que sea el acto final.
¿Ha estudiado a fondo a Miró?
Durante los últimos cuatro años, sobre todo, para preparar esta exposición Miró i els Estats Units en la Fundació Miró.
¿Qué ha encontrado?
Obras de artistas estadounidenses inspiradas por Miró, influencias americanas en Miró, cartas inéditas entre Miró y pintores, testimonios escritos…
¿Cuándo llega Miró a Estados Unidos?
Hace un siglo: en 1926 hubo una primera exposición de obras de Miró allí.
¿Y cuándo viajó a Estados Unidos?
En 1947 una primera vez: coincidió con Simone de Beauvoir y amistaron. Miró era feliz en Estados Unidos, para él aquel país era… ¡la libertad! Hizo siete viajes allí.
¿Con qué artistas de allí le vincularía?
La pintora expresionista abstracta Lee Krasner, desde antes de emparejarse con Jackson Pollock. Vea aquí The seasons , de ¡seis metros de longitud!
Espectacular.
Emparento las Constelaciones de Miró con Krasner, ambos, admiradores de Matisse: su hijo fue marchante de Miró allí. Vea aquí esta Constelación …
Puede contemplarse por delante y por detrás también…
¡Así lo deseaba Miró! Por primera vez aquí van a exponerse estas piezas, llamados pochoirs , como Joan Miro quería y dejó dicho: visibles los anversos y a la vez los reversos con su letra, el título, dibujitos…
¿Qué más podremos ver aquí?
Una pintura que está en la casa de Josep Lluís Sert en Cambridge, junto a Harvard: allí pintaría un mural en 1961.
¿Con qué más artistas trató?
Duchamp, Tanguy, Ernst, Guggenheim, Bourgeois, Calder, Rothko, además de Krasner, Pollock…
¿Le marcaron?
Es cuando Miró retorna a la pintura tras su época cerámica y se siente estimulado. Más tarde, ya en los años setenta, echará la vista atrás y dirá: “¡Jackson Pollock iba en la dirección correcta!”, en alusión a 1952.
¿En qué marcó Miró a los americanos?
En su determinación artística y su dedicación, tan comprometida con sus decisiones individuales.
¿Su terquedad payesa?
Su valentía. Para atravesar sus dudas.
Menciona usted a Louise Bourgeois…
Los célebres tótems mironianos emparentan con esculturas de Bourgeois.
…Y a Jackson Pollock…
El norteamericano Pollock dijo en 1944: “Los dos artistas europeos que más admiro son Picasso y Miró”. Y en 1947 pintará en el suelo sus conocidos lienzos de gran formato en Long Island.
…Y a Calder, ¿el de los móviles?
Sí. Además de la admiración mutua, Calder es el único artista con el que Miró tuvo amistad personal ya desde los años veinte.
¿Y qué hubo con Mark Rothko?
He descubierto que Joan Miró apreciaba ya la obra de Rothko en 1947, gracias a una entrevista inédita que ahora he exhumado, de aquel primer viaje a Estados Unidos. Luego se trataron cuando Sert invitó a Rothko a pintar murales en Harvard, colores huidizos que la luz ha degradado.
Dígame ahora cuál es su obra favorita en esta exposición.
No puedo, perdone. Las estacione s de Krasner es, claro, maravillosa y excepcional: para contemplar sus seis metros precisamos de tres salas contiguas.
¿Qué le transmite esta obra a usted?
Un optimismo sorprendente, fortaleza. Años cincuenta, finales. Y exponemos obra de otra artista impactante: Jeanne Reynal.
¿Quién es Jeanne Reynal?
Neoyorquina pionera en el uso del mosaico, sus esculturas de cemento pórtland con mosaicos son fulgor al aire libre. ¡Vea qué tres esculturas estrechas, tres metros de altura! Reynal, por ser mujer, fue postergada. Le hubiese gustado a Gaudí.
¿Nos despedimos brindándole tres adjetivos a Joan Miró?
Generoso, valiente y modesto.