¿Otro Van Aert ciclista a la vista? Todo apunta a que sí. El apellido ya suena fuerte en la siguiente generación. Georges, el hijo mayor de Wout, apenas tiene cuatro años y ya sabe lo que es subirse a un podio. Ocurrió este fin de semana, durante la prueba infantil que acompañó al criterium de despedida de Tim Declercq. El pequeño, con su maillot belga y una sonrisa de oreja a oreja, terminó tercero y celebró su medalla mientras su padre lo miraba desde la valla, móvil en mano, incapaz de ocultar la emoción.
La escena fue puro simbolismo: el ciclista que ha hecho del esfuerzo su bandera ahora disfruta viendo cómo su hijo comienza a pedalear su propia historia. Wout Van Aert, que cerró la temporada con exhibiciones como la de París frente a Pogacar, vivió un día muy distinto, de esos que no se cuentan en watts ni victorias, sino en orgullo. “No podía dejar de mirarle”, decían cerca del belga, conmovido ante la naturalidad con la que Georges afrontó la carrera. A su lado, el pequeño Jerome, el benjamín de la familia, observaba cada pedalada con curiosidad.
Pero mientras el futuro parece asegurado en casa, el presente deportivo de Wout sigue marcando titulares. De regreso a los entrenamientos tras unas vacaciones “muy necesarias”, el corredor del Visma | Lease a Bike fue claro al analizar el recorrido del próximo Tour de Francia: “No es un trazado hecho a mi medida. Hay pocos días para escapadas y muchas etapas de montaña o de sprint”. Aun así, el belga mantiene la ambición intacta. “Cuando esté al cien por cien, podré demostrar algo en cualquier terreno. Ese es mi objetivo”.
Un plan para este año
En su horizonte inmediato, el ciclocross vuelve a aparecer, aunque esta vez sin la presión de antaño. “Ahora el cross tiene que ceder un poco”, admitió. Su prioridad está en reencontrar las sensaciones que le hicieron único: esa mezcla de potencia, instinto y rebeldía que lo convirtieron en uno de los ciclistas más carismáticos del pelotón.
Mientras Wout afina su forma, en el interior del Visma emerge un nuevo protagonista: Jesper Morkov, el joven director deportivo que ha guiado al equipo a un doblete histórico en Giro y Vuelta. A sus 37 años, el danés ha demostrado temple y autoridad para coordinar a figuras del calibre de Vingegaard o el propio Van Aert. “Tuve que acostumbrarme a dar órdenes a Wout”, reconoció entre risas. “Es una de las mayores estrellas del deporte, y al principio me resultaba raro decirle cómo afrontar un final”.
Morkov ha sido clave en un año redondo para la estructura neerlandesa, que levantó las grandes vueltas con Simon Yates y Jonas Vingegaard, y formó talentos como Matthew Brennan, ganador de doce pruebas en su primera temporada profesional. Su método, discreto pero firme, ha consolidado la idea de un Visma competitivo incluso frente al todopoderoso UAE.
Entre generaciones que nacen y directores que se reinventan, el apellido Van Aert vuelve a brillar por partida doble. Wout busca reconquistar su trono en la carretera; Georges, desde su pequeño podio, ya apunta maneras. Y en el horizonte del ciclismo belga se asoma la posibilidad de una nueva saga destinada a seguir haciendo historia sobre dos ruedas.