El legado arquitectónico de Foster recibe un nuevo reconocimiento

Con 90 años, Norman Foster ha sido investido doctor honoris causa por la Universidad Autónoma de Madrid. El homenaje reconoce la colosal trayectoria del creador del estudio Foster + Partners, autor de obras emblemáticas como el metro de Bilbao, la Torre Hearst o la ampliación del Museo del Prado.

Sin embargo, este acto académico ofrece también una oportunidad para redescubrir una dimensión más íntima del arquitecto británico: su relación con la española Elena Ochoa. Tal como detalla El debate, su historia conjunta trasciende lo anecdótico y ayuda a entender un universo creativo compartido.

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De la psicología clínica a revolucionar la televisión

Elena Ochoa, nacida en Puebla de Trives (Orense), es psicóloga clínica, profesora universitaria y una figura clave del arte contemporáneo. Su salto a la fama llegó en los años 90 gracias al programa Hablemos de sexo, emitido por TVE, donde rompió tabúes sobre afectividad, homosexualidad y educación sexual.

La mezcla de rigor científico y capacidad comunicativa la convirtió en un fenómeno mediático. Sin embargo, el precio de la popularidad fue alto. Buscando recuperar su anonimato académico, aceptó una oferta del King’s College de Londres. Ese traslado marcaría un antes y un después en su vida.

Un encuentro decisivo en Londres

En los pasillos del King’s College conoció a Foster, ya viudo y consagrado en su campo. Ella acababa de separarse del escritor Luis Racionero. Pronto descubrieron intereses comunes: arte, pensamiento, ciudades y estética. En tres años se casaron, en una ceremonia privada a la que solo asistieron seis personas.

Desde entonces, su vida transcurre en un ático con vistas al Támesis, diseñado por el propio Foster. La pareja ha formado una familia con dos hijos, y ha tejido un universo intelectual y artístico donde la creatividad es rutina.

Ivorypress y la nueva vida de Lady Foster

Lejos de abandonar su vocación, Elena Ochoa se reinventó como editora, comisaria y promotora de arte. Fundó Ivorypress, un espacio que combina arquitectura, fotografía y pensamiento. Su trabajo ha sido reconocido a nivel internacional, posicionándola como referente cultural más allá de su antigua imagen televisiva.

En paralelo, Foster ha seguido diseñando infraestructuras y espacios públicos de alto impacto global. Juntos, han encontrado una fórmula de equilibrio que combina exigencia profesional con serenidad personal.

Una filosofía compartida: serenidad frente a exposición

Pese a su entorno de élite, Elena Ochoa mantiene un enfoque realista sobre la vida. “La felicidad como estado constante es una imbecilidad”, dijo en una ocasión citando a Vázquez Montalbán. Para ella, la clave está en la tranquilidad, un valor que ha sabido trasladar tanto a su familia como a sus proyectos.

Norman Foster, lejos de retirarse, sigue activo en encargos globales. Elena, desde la discreción, continúa impulsando propuestas culturales de alto nivel. Una pareja que, tras 30 años, ha convertido su historia en un ejemplo de simbiosis entre arquitectura y pensamiento.