Llego el último a esta fiesta, pero ha sido hace prácticamente nada cuando me he dado cuenta de que Aliens, en realidad, es una peli sobre Vietnam. Bueno, habla de varias cosas, claro, pero es una peli que tiene un tremendo paralelismo con la Guerra de Vietnam. El otro día leía que Al Matthews, el actor que da vida el Sargento Apeno en la peli había sido Boina Verde anteriormente, y que su experiencia militar le vino de lujo a James Cameron durante el rodaje a la hora de darle realismo a sus marines coloniales. Esta pieza encajó con la de que Cameron escribió Aliens en paralelo a Rambo 2 y claro, ya me fue imposible no verlo: «¡Otro glorioso día! ¡Un día en el Cuerpo de Marines es como un día en el campo!»

Producción y autoría: más que una secuela de terror

Para entender el trasfondo político de Aliens conviene mirar sus orígenes: James Cameron no solo dirige, sino que firma el guion, y la historia está atribuida a él, a David Giler y a Walter Hill. Esa colaboración no es anecdótica. No es solo una secuela de ciencia ficción con monstruos alienígenas y soldados espaciales: es una reflexión bélica profunda, un choque entre poder tecnológico, corporaciones y tácticas asimétricas muy semejantes a las empleadas en el conflicto del sudeste asiático. Y ya sabemos lo que le gusta a Cameron este trasfondo, que lleva ya tres pelis de Avatar, y las que quedan. Cameron aportó la chispa creativa y la intención de elevar la secuela más allá del terror puro; Giler y Hill, por su parte, reforzaron el escepticismo hacia los intereses corporativos, fundamentales para la tensión moral del relato.


A Stallone literalmente le robaron la idea de Rambo 2, pero la copia protagonizada por Chuck Norris es tan legendaria como mala: Desaparecido en Combate

De hecho, tal como relata un magnífico reportaje de Cinephilia Beyond, Cameron entró a una reunión con los productores de Alien y escribió «Alien» en la pizarra. Esperó unos segundos, añadió una «S», vaciló, y luego transformó esa «S» en un símbolo de dólar. Esa escena tiene más peso del que parece: resume cómo Cameron conectó, desde el inicio, la amenaza alienígena con la lógica de beneficio corporativo, aunque fuera para sacarle partido él mismo.

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Los marines coloniales: un ejército expedicionario vulnerable

Los United States Colonial Marines (USCM) de Aliens proyectan la idea de una fuerza militar moderna y bien equipada, multioperativa, eficiente. desplegada muy lejos de su base, con armamento avanzado, y curtida en mil batallas. Pero su brillantez tecnológica oculta una fragilidad fundamental: cuando las comunicaciones fallan, cuando pierden energía o cuando las estructuras colapsan, se revela su impotencia. Vamos, cuando las cosas no salen como esperan. La promesa de dominio absoluto en el terreno táctico se desmorona, y con ella, la ilusión de un mando falible. A los espectadores estadounidenses de 1986 esa historia todavía les quedaba muy cerca.

Cameron no idealiza a sus soldados: no son héroes invencibles, sino seres humanos empeñados en sobrevivir en las circunstancias más adversas

Esa vulnerabilidad es clave para leer la película como una metáfora de la guerra moderna, en concreto su conflicto en Vietnam, terminado en 1975, pero también tenía sus paralelismos con Irán, Irak, Libia y el Líbano durante la década siguiente. Es lo que tiene esta todo el día dándole patadas a todos los avisperos del mundo. Cameron no idealiza a sus soldados: no son héroes invencibles, sino seres humanos empeñados en sobrevivir en las circunstancias más adversas imaginables. Su doctrina se desploma cuando su tecnología, en la que tanto confían, no les da cobertura frente a un enemigo que conoce perfectamente su territorio. Esa tensión entre lo previsto por manuales militares y la cruda realidad del combate recuerda inevitablemente al Vietnam real. Y es exactamente lo que pasa en la colonia de LV-426 en Acheron.

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James Cameron durante el rodaje de Aliens: El Regreso

Un director con buenas intenciones

James Cameron ha sido muy explícito sobre sus inspiraciones. En una entrevista ofrecida en su momento a Randy Lofficier, el director afirma: «Fue nuestra intención hacer una película que no fuera tan aterradora… es más intensa…, me gusta usar la palabra exhilarante porque creo que te exalta por la intensidad de la acción». Sin duda es una afirmación que se puede ceñir a todos sus estrenos durante aquella época y en el caso concreto de Aliens, más que miedo, se acercara a  una experiencia bélica, un enfrentamiento donde la adrenalina y la mortalidad fueran tan reales como cualquier combate de película de guerra.


Lo normal es que se basara en la primera peli, pero no. James Cameron se inspiró para Aliens: El Regreso en una peli que solo conocen los mejores fans de la ciencia ficción

Cameron confesó haber estudiado cómo hablaban los soldados estadounidenses en Vietnam, usando su jerga y forma de hablar para dar verosimilitud al argot militar de sus marines coloniales. Para él, ese detalle era esencial: no quería un ejército futurista de caricatura, sino soldados que sonaran y actuaran como los que han vivido verdaderas guerras. Así, su ciencia ficción se tiñe de historia, de derrota, de moral cuestionable, de miedo al enemigo no tradicional.

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Weyland-Yutani como reflejo del complejo militar-industrial

En el núcleo narrativo de Aliens está Weyland-Yutani, la poderosa corporación que manda a los marines no solo para combatir, sino para capturar a los xenomorfos con fines económicos. Lo habéis visto durante toda la saga, y especialmente en la nueva serie Aliens – Planeta Tierra: utilizar la vida extraterrestre como armamento. Esa explotación biológica convierte la misión en un negocio encubierto de guerra, donde la vida se subordina al uso de la explotación de recursos. Recursos que muerden y sangran ácido, en este caso… No se trata ni rescatar a los colonos (a los que la corporación había mandado allí previamente conociendo la existencia de estas criaturas) ni de simplemente investigar una nueva forma de vida: es una inversión, y los humanos que participan son peones del tablero empresarial.

La guerra que plantea Cameron es también una guerra de intereses económicos: los militares son correa de transmisión para una empresa

Este tema no es casualidad, porque los mismos Giler y Hill, coautores de la historia, han contribuido a que esa crítica no sea superficial. La guerra que plantea Cameron es también una guerra de intereses económicos: los militares son correa de transmisión para una empresa dispuesta a sacrificar vidas por un arma viva. Esa lectura política convierte Aliens en una fábula moderna sobre el poder, la codicia y la biopolítica.Los ecos de Vietnam reverberan a lo largo de toda la película. Recordemos que el conflicto con Vietnam pivotada principalmente en tres motivos: mantener influencia en el sudeste asiático, un área clave para el comercio internacional y el acceso a materias primas; evitar que aliados estratégicos (Japón, Filipinas, Tailandia) quedaran rodeados por gobiernos comunistas, lo que habría debilitado la posición económica estadounidense en la región; y mantener activo el modelo capitalista y el complejo militar-industrial, que se beneficiaba de la expansión de la guerra y la producción armamentística.

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En lo práctico, y lo que se muestra de manera más explícita en la película, los xenomorfos recuperan el terreno hostil ocupado por el asentamiento de la colonia de Wyland-Yutani con una eficacia comparable a la de la guerrilla vietnamita, que conocía mucho mejor el terror y estaba mucho mejor adaptado a él y sus particularidades. Utilizan la oscuridad, conductos, acidez y verticalidad como armas estratégicas, sabotean sistemas eléctricos, emboscan a los Marines en espacios iluminados y confiados. No luchan con armas convencionales, pero controlan el terreno: esa es la esencia de una guerra de guerrillas.

Los marines coloniales, por su parte, despliegan su tecnología con arrogancia. Creen en sus sensores, en su superioridad, en su cadena de mando. Pero cuando todo se va al traste. Esa disonancia es justo lo que Cameron dramatiza: un ejército militarmente que tropieza ante lo inesperado. Es un choque entre confianza y realidad, entre la superioridad técnica y todas las ventajas de una imparable maquinaria industrial y la población nativa defendiendo cada plano de terreno con uñas y dientes, muy parecido a lo que vivieron los Estados Unidos en Vietnam o Afganistán.

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Héroes imperfectos y mando ineficaz

En Aliens no hay jerarquía implacable ni líderes intocables: hay decisiones desastrosas, oficiales como Gorman que se bloquean bajo presión, y figuras civiles como Ripley o el cabo Hicks que deben asumir el mando. Cameron rompe con el estereotipo del mando heroico dando prioridad a la supervivencia y al pragmatismo. Su cadena de mando no es rígida ni fiable, lo que refleja la improvisación que emerge cuando el plan original falla.

El director reforzó esa idea con entrenamiento militar real en el set, lo que da autenticidad a sus diálogos, movimientos y emociones

El equipo colonial está formado por soldados con nombres, historias, personalidades. No son extras; son personas reales que sienten el terror, la culpa y el deber. El director reforzó esa idea con entrenamiento militar real en el set, lo que da autenticidad a sus diálogos, movimientos y emociones. Mark Rolston, que interpretó al soldado Drake en la película explicó posteriormente que durante sus encuentros con fans muchos soldados reales le han explicado que antes de desplegarse sus escuadrones ven Aliens para motivarse debido a la sensación de realismo de la película en ese sentido. Con todos, el retrato bélico hecho por Cameron, a pesar de su escenario completamente fantástico, no es solo espectáculo: es una reflexión sobre lo que cuesta pelear cuando los mandos, los planos y las expectativas se desmoronan durante la acción en pleno terreno hostil, algo que muchos veteranos de Vietnam supieron reconocer.

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Guerrilleros biológicos en un campo de batalla alienígena

Los xenomorfos no son monstruos aleatorios: son combatientes inteligentes, guerrilleros en su ecología con una estructura social de enjambre con la que a los norteamericanos les gusta tanto comparar a los sistemas socialistas y comunistas. Transforman la colonia en un laberinto táctico, utilizan conductos, acechan desde las sombras y explotan las particularidades del terreno para atacar. No obedecen la lógica humana del combate convencional, sino que usan la suya propia. De nuevo, el paralelismo es vidente, le pasó a Estados Unidos y le pasó al Imperio romano durante en Asia Menor entre el 83 y el 63 a. C.


Son dos de mis universos de ciencia ficción preferidos, sus series acaban de ser renovadas, pero yo sigo decepcionado con ellas

Pensar en Aliens como una película sobre Vietnam no disminuye su valor como obra de ciencia ficción; al contrario, lo enriquece. James Cameron logró articular un relato en el que la tecnología, la codicia corporativa, la moralidad y la supervivencia táctica convergen en un campo de batalla simbólico que trasciende el simple horror espacial. De ahí que Aliens no sea otra simple «cacería de bichos». Los marines coloniales no son superhéroes del espacio, sino soldados vulnerables, moralmente expuestos. Los xenomorfos no son solo monstruos, sino guerrilleros biológicos que desafían la arrogancia humana. Y Weyland-Yutani no es solo una empresa ficticia: es un símbolo del complejo militar-industrial, de la explotación y de la ambición desmesurada. Llegué tarde a verla así, pero una vez entendida de esta forma, su poder narrativo se hace aún más grande.

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