CHANNEL PARTNER organizó la semana pasada en Madrid el primer encuentro presencial del Tour ISV 2025 , con la colaboración de las empresas Adiss, Wolters Kluwer y Yooz, y en la que también participaron representantes de integradores, consultoras, asesorías fiscales e ISV. En encuentro se centró en analizar los cambios en los sistemas de facturación de las empresas para cumplir con la «Ley antifraude» a partir del año que viene, y sobre VeriFactu, el nuevo sistema de facturación promovido por la Agencia Tributaria Española para luchar contra el elusión fiscal.

Son los cambios normativos más profundos de los últimos cuarenta años en materia de contabilidad y facturación, comparable a la entrada en vigor del IVA a mediados de los años ochenta del siglo pasado. A partir del 1 de enero, toda empresa que utilice un software de facturación deberá hacerlo bajo los requisitos técnicos de la «Ley Antifraude». Medio año después, en julio, será el turno de los autónomos.

Todos los participantes en el Foro ISV coincidieron en señalar que la transición de los sistemas de facturación y la llegada de Verifactu está generando dudas, retrasos, falta de información y una enorme brecha entre empresas preparadas y otras más rezagadas. “Desde la entrada en vigor del IVA en 1986 no se habían cambiado de forma tan sustancial los procesos de facturación”, recordó Federico Martínez, strategic partnership director de Wolters Kluwer, para subrayar la dimensión histórica del cambio. Tanto es así que el impacto de este giro normativo y de procesos alcanzará a más de seis millones de empresas y autónomos, lo que convierte al canal tecnológico en un actor esencial para acompañar la transición.

Ahora bien, la «Ley antifraude» y Verifactu no solo exigen adaptar programas y procesos, sino que también va a suponer la transformación del modo en que empresas y profesionales entienden la fiscalidad, avanzando hacia un entorno de trazabilidad total y control automatizado por parte de la Agencia Estatal de Administración Tributaria (AEAT). Es más, el objetivo principal de los nuevos sistemas de facturación, tal y como dejaron claro los asistentes, es impedir que los programas permitan manipular documentos, retrasar su emisión o mantener dobles registros.

Desde una perspectiva internacional, Mona Floch, EMEA partnership manager de Yooz, recordó que este tipo de transformaciones no son nuevas en Europa. En Francia, por ejemplo, donde la ley antifraude lleva unos años en marcha, “fueron los fabricantes los que asumieron gran parte de la adaptación inicial y también de la pedagogía en el mercado”, señaló Floch. Y destacó que, como ocurre ahora en España, las empresas tuvieron unos meses de ajuste antes de que el sistema estabilizara su funcionamiento.

Como puntualizó Víctor Pérez, CEO de Adiss, el gran salto es que “el software deja de ser neutral y pasa a ser garante del cumplimiento”, al obligar a que cada factura emitida quede registrada de forma segura y sin posibilidad de alteración. “La finalidad es que no existan soluciones que permitan decidir si mandar o no mandar las facturas según convenga”, explicó José Carlos Serrano, director de Asesoría Serrano, insistiendo en que el sistema elimina el margen para facturas atrasadas o reconstruidas a posteriori. En esencia, la factura seguirá siendo la misma, pero la forma de generarla y conservarla cambia radicalmente.

Falta comunicación y difusión

En la práctica, a partir del 1 de enero de 2026, la “Ley antifraude” obligará a operar con un software adecuado a todas empresas este país que emitan facturas y tengan sede en territorio nacional. Y, a partir del 1 de julio de 2026, serán los autónomos, los que deberán operar con programas de facturación que eviten las dobles contabilidades. “El software será obligatorio desde el primer día”, recordó Eva Conesa, directora comercial de Extra Software, quien alertó de que, a pesar de ello, “aproximadamente la mitad de las empresas no están actualizadas”, en parte porque muchos clientes desconocen la norma o porque algunos asesores “no están lo suficientemente informados y trasladan dudas al usuario final”.

De izquierda a dereche: Federico Martínez, de Wolters Kluwer; Mona Floch, de Yooz; y Víctor Pérez, de Adiss.

Y es que, a juicio de muchos asistentes al Foro ISV, la Agencia Tributaria (AEAT) no está llevando a cabo una adecuada labor de difusión. De hecho, son los fabricantes de software los que están cargado con el peso de esta modificación, tanto en la adaptación técnica de sus soluciones como en la labor de divulgación. “A las empresas de software todo esto nos ha supuesto desarrollar dos actividades nuevas: la divulgación y la formación. Y eso lo que ha hecho es erosionar nuestro margen”, explicó José Luis Nebril, director general de Sunrisehs.

Incluso, aparte de rediseñar procesos internos, actualizar arquitecturas y garantizar la inmutabilidad de los datos, deben presentar una declaración responsable certificando la adecuación técnica de sus herramientas. “Tiene que estar visible, accesible y publicada para que cualquier asesoría o cliente pueda comprobarla”, explicó Iván Becerro, socio-director de Accuro Technology.

A esa labor de divulgación se refirió también Víctor Pérez, de Adiss, quien describió el esfuerzo realizado por su compañía para preparar a las asesorías ante el nuevo escenario. “Trabajamos con un millar de asesorías y solo este año hemos organizado 50 eventos para explicarles los efectos que tendrá la entrada en vigor de VeriFactu”, afirmó, insistiendo en que la comunicación y la formación están siendo tan intensivas como el propio despliegue técnico.

Por su parte, Federico Martínez, de Wolters Kluwer, coincidió en que los fabricantes han asumido un papel activo en la divulgación de esta normativa, organizando presentaciones junto a colegios de economistas, graduados sociales y cámaras de comercio para aclarar los detalles de un cambio legal que muchos usuarios siguen sin comprender.

Precisamente, esa falta de divulgación oficial está dando lugar a situaciones de incertidumbre como las que se han generado a raíz de consultas vinculantes a Hacienda sobre la posibilidad de utilizar Word o Excel para emitir facturas. Aunque empieza a quedar claro que el Excel solo se podrá usar si no sustituye a un sistema de facturación y no incorpora macros y otras funcionalidades que le den automatización. Para Esther Nicolás, directora del departamento fiscal de Calvo y Asociados, la situación es complicada: “Las asesorías hemos tenido que explicar a los clientes qué pueden hacer y qué no, pero la interpretación no es nada clara”.

La referencia comparativa llegó desde el País Vasco. “En TicketBAI no dieron esa posibilidad [de seguir con Excel o no]; todos tuvieron que entrar sí o sí”, recordó Ander Gogorza, CEO de la empresa de servicios informáticos integrales Ukabi, que es partner de Wolters Kluwer. Y es que, tal y como apuntó Pablo Couso, director comercial de Datisa, “nos encontramos ahora en un momento de confusión, especialmente para las pequeñas empresas, que tienen ante sí un reto tremendo”.

Un mercado de contrastes

La llegada de Verifactu está evidenciando un contraste muy marcado entre empresas que ya han avanzado en la transición y otras que siguen sin haber dado el primer paso. Entre las primeras se encuentran, por ejemplo, muchos de los clientes de Krexer Asesores, cuyo socio-director, Juan Carlos López, explicó que su firma tuvo que descender “al nivel real de cada cliente” para entender cómo facturaban y acompañarlos de forma personalizada.

Según comentó, algunos ya trabajaban con software, pero necesitaban “directrices claras sobre qué exigir a su proveedor para garantizar que la herramienta estuviera adaptada”. Y para quienes seguían facturando a mano, con autocopiativos o con Excel, el despacho diseñó un plan específico: “Les facilitamos una solución y asumimos el coste del programa, que en nuestro caso era de Wolters Kluwer. Los acompañábamos con una persona formada exclusivamente en ese software y con el técnico contable encargado de su cuenta”. Esto les ha permitido que hoy en día sus clientes estén familiarizados con Verifactu.

En el lado contrario se encuentran las pymes más pequeñas. “Muchos creen que pueden esperar a enero para empezar a actualizar”, puntualizó Mona Floch, de Yooz, quien recordó que, en Francia, donde la «Ley antifraude» lleva años implantada, “pasaron meses hasta que la Administración empezó a poner sanciones”. Según explicó, ese periodo de adaptación permitió a muchas empresas digitalizar procesos y automatizar flujos internos que antes eran completamente manuales.

La experiencia en otros países

Floch añadió que la experiencia francesa no es un caso aislado, sino parte de una tendencia global: “Es casi lo mismo en todos los países donde trabajamos, intentan automatizarlo todo y digitalizarlo todo”, señaló apoyándose en la presencia internacional de Yooz, que cuenta con más de 5.000 clientes en 145 países. Recordó que regiones como Latinoamérica llevan más de una década utilizando factura electrónica de manera obligatoria, lo que les ha dado una madurez avanzada en digitalización fiscal.

Y en Europa, la evolución es similar: “En países como Italia o Francia ya están muy preparados, llevan tiempo trabajando con sistemas equivalentes”. Para Floch, España está recorriendo ahora ese mismo camino, con una implantación que, si bien exige esfuerzo, también abre oportunidades para modernizar procesos internos y situar a las empresas en un estándar internacional de cumplimiento y eficiencia.

En este contexto, el papel de las asesorías se vuelve decisivo a la hora de implantar software preparado para el sistema Verifactu. “Primero tuvimos que estudiarlo nosotros mismos y luego enviar circulares explicando a los clientes las distintas opciones que tenían”, afirmó Pilar Molina, senior contable-fiscal de Areuger Consulting, señalando que una parte de las empresas ha apostado directamente por adaptarse y otra por actualizar su software de inmediato.

Molina explicó que, además de aclarar obligaciones, han tenido que acompañar a los usuarios en el uso práctico de las nuevas herramientas: “Estamos también explicando cómo trabajar ahora con el software porque es algo nuevo para ellos; se trata de ayudarles no solo a cumplir, sino a entender materialmente cómo deben generar sus facturas”.

No habrá una prórroga para las empresas, pero sí flexibilidad por parte de Hacienda

Pese a las dudas, el mensaje de Hacienda es claro: no habrá prórroga general. Aun así, los asistentes se mostraron convencidos de que la Agencia Tributaria actuará con flexibilidad durante los primeros meses. Por otro lado, Federico Martínez, de Wolters Kluwer, no prevé que haya un colapso al principio. “Hacienda está acostumbrada a manejar grandes volúmenes de información. No en vano, en las dos primeras semanas tramitan millones de declaraciones de renta con devolución”, recordó.

Esa flexibilidad inicial permitirá una transición poco a poco. “Creo que la implantación de Verifactu va a ser un proceso gradual, lo que, sin duda, es algo de agradecer”, apuntó Jaime Manzano, socio de Castellana Consultores. De hecho, el consenso es que el 2 de enero será un día exigente para asesores, integradores y fabricantes, pero que la transición se extenderá hasta verano. Durante estos meses se enviarán cartas y requerimientos a quienes no actualicen software o no comuniquen correctamente.

Igualmente, todos los expertos coincidieron en que el régimen sancionador de la «Ley antifraude» se aplicará progresivamente. No obstante, el problema es que el margen se estrechará conforme avance la década. España está obligada por la Directiva ViDA (VAT in the Digital Age) a digitalizar completamente la facturación antes de 2030. “La directiva va a imponer una digitalización obligatoria”, recordó Martínez, de Wolters Kluwer. Y, en ese camino, la convergencia del Suministro Inmediato de Información (SII) y Verifactu será inevitable. “Hoy son dos islas separadas, pero acabarán integrándose”, añadió Pérez, de Adiss.

Afortunadamente, la tecnología está actuando como un amortiguador en esta transición, incorporando nuevas funciones que buscan facilitar la adaptación de los usuarios y responder a las exigencias del sistema. En este sentido, Couso, de Datisa, subrayó que la clave no es solo adaptar los programas para cumplir con la norma, sino hacerlo de una manera que “mantenga la personalización y el foco en el cliente”, permitiendo que cada empresa configure su flujo de facturación de acuerdo con su realidad operativa. Y recordó que hay tres factores que ayudan a las pymes en este proceso: “La democratización del acceso al software, la integración tecnológica y la existencia de un paisaje más diverso de asesores digitales”.

Claro que esa evolución tecnológica también viene acompañada por un salto cualitativo en el ámbito de la supervisión. La Agencia Tributaria ya trabaja con algoritmos de inteligencia artificial capaces de detectar patrones de riesgo sin intervención humana, analizando cruces de datos, movimientos incoherentes o comportamientos atípicos. “La inteligencia artificial va a detectar comportamientos sospechosos sin necesidad de revisión humana”, advirtió Iván Becerro, de Accuro Technology, señalando que el cruce de datos permitirá identificar incoherencias en ingresos, facturación o IRPF de manera automática.

Conclusiones

En este contexto tan difuso, no sorprende que las empresas sigan acumulando dudas y cierta inquietud ante la llegada de los nuevos sistemas de facturación y de Verifactu. Muchas desconocen si deben comunicar, cuándo deben hacerlo o qué software deben utilizar; otras no saben cómo interpretar las consultas sobre Word y Excel o qué ocurre si continúan con sistemas obsoletos; y una parte importante teme el régimen sancionador, aunque se espere una flexibilidad inicial por parte de Hacienda. El canal tecnológico coincide en que la incertidumbre es comprensible en un cambio de esta magnitud, pero también insiste en que la obligatoriedad está ya definida y que la adaptación será inevitable.

En cualquier caso, queda claro que Verifactu marcará un antes y un después en la gestión administrativa de pymes y autónomos, y el éxito de esta transición dependerá en gran medida de la capacidad del sector para convertir la inquietud actual en una oportunidad real de modernización y eficiencia fiscal.

El nuevo papel de las asesorías

El impacto de Verifactu está acelerando un cambio profundo en el modelo de negocio de las asesorías y despachos profesionales. Su función tradicional está dando paso a un rol más analítico, estratégico y cada vez más ligado a la tecnología. “Ya no podemos basar nuestro trabajo en picar datos; el valor estará en interpretar la información y guiar al cliente”, explicó Juan Carlos López, socio-director de Krexer Asesores.

Esta evolución se traduce en una necesidad creciente de asesorar en tiempo real, lo que está elevando la exigencia tecnológica y organizativa dentro de los despachos. En este punto, muchas firmas reconocen que no encuentran talento suficiente para cubrir las nuevas necesidades. “Si las asesorías no ofrecen teletrabajo, no encuentran candidatos”, admitió Pilar Molina, senior contable-fiscal de Areuger Consulting, subrayando que el trabajo híbrido se ha convertido en una herramienta clave para retener perfiles cualificados en un momento en que la competencia por el talento es intensa.

La competencia es el servicio

Igualmente, la competencia entre asesorías también está cambiando de naturaleza. “Ahora la competencia entre asesorías es el servicio”, señaló José Garrido, socio-director de Innocion, insistiendo en que la capacidad de convertir la información generada por Verifactu en recomendaciones empresariales marcará diferencias en el mercado.

Esta transformación acompaña un proceso de concentración del sector. Según recordó López, de Krexer Asesores, en los últimos años el número de despachos ha pasado de 65.000 a 58.000, con casos como Afianza Asesores, que ha multiplicado por diez su tamaño en los últimos cuatro años gracias a la adquisición de firmas más pequeñas.

A esta transición se suma una responsabilidad que el sector ha asumido, muchas veces por ausencia de comunicación institucional. “Sin las asesorías no hubiera sido posible comunicar sobre Verifactu”, afirmó Esther Nicolás, directora del departamento fiscal de Calvo y Asociados, recordando el esfuerzo que han tenido que realizar para interpretar consultas contradictorias sobre Excel, macros o QR, y traducirlas en instrucciones claras para unos clientes cada vez más confundidos por la normativa.

Pero quizás la transformación más profunda es la tecnológica. Verifactu obliga a los despachos a adoptar un papel que va más allá del asesoramiento fiscal clásico. “El despacho se tiene que convertir en una pequeña consultora tecnológica”, explicó Víctor Pérez, CEO de Adiss, quien recordó que para prestar un buen servicio ya no basta con dominar la normativa, sino también conocer el ecosistema de software.

“No digo que tengan que ser implantadores, pero sí conocer los productos, por lo menos de los principales fabricantes, para poder ofrecer este servicio”. Pérez detalló que empresas como Adiss trabajan ayudando a los despachos en la conectividad y la integración de sistemas: “Intentamos que, si llega un cliente con cualquier software, el despacho pueda incorporarlo sabiendo que cumple la normativa y sin riesgo de quedarse con un cliente que no quiere cumplir”. Para ello, añadió, los despachos deben abrir la mente y asumir un papel más activo en la guía tecnológica del cliente.

Incluso el modo en que las asesorías abordan su relación con los fabricantes está evolucionando. Algunas optan por asociarse a un ecosistema de soluciones, mientras que otras, como la de Jaime Manzano, socio de Castellana Consultores, reivindican un enfoque independiente: “Somos agnósticos y no recomendamos una solución concreta”. Esta postura busca evitar conflictos de interés y mantener la neutralidad en la elección tecnológica del cliente.

De esta forma, con la llegada de Verifactu y la digitalización obligatoria que impondrá la Directiva ViDA antes de 2030, las asesorías afrontan una redefinición estructural: menos procesamiento manual, más análisis; menos tareas repetitivas, más estrategia; y menos papel, más trabajo colaborativo y virtual. Todo apunta a que esta transformación será irreversible, y que el despacho del futuro se parecerá más a una consultora tecnológica y estratégica que a la asesoría tradicional de los últimos 30 años.