El heavy metal no es lo que era. Los jóvenes casi no lo escuchan y para encontrar un tema de este género en los temas más reproducidos hay que bajar… bastante. Y a pesar de todo, Iron Maiden llenó en verano el Metropolitano con 55.000 almas. ¿Cómo puede ser? ¿Cómo se explica que durante más de 50 años Iron Maiden hayan estado en la cresta de la ola remando prácticamente a contracorriente y manteniendo siempre una extrema fidelidad a ellos mismos?

A ello intentan dar respuesta –y muchas cosas más– en Iron Maiden: el ADN de la bestia, libro que edita Sílex y presentan este jueves, a las 19.00 horas, en Rata Corner, junto a Mònica Borràs. El libro es, pues, una especie de análisis científico, de intentar hallar la composición de ADN de una banda tan mítica como mistérica. El dúo de historiadores detalla que buscaban «hacer un libro diferente» a los muchos que ya se han escrito sobre la conocida banda.

A diferencia de las publicaciones editadas hasta ahora, de tipo más enciclopédico, Vives y Canyelles «buscan en el fondo ético y estético», en intentar entender y explicar un fenómeno transversal que atraviesa todas las décadas desde el 75, las clases sociales, las edades y un largo etcétera.
«Son un ejemplo de fidelidad a ellos mismos», explica Vives y Canyelles añade que ese compromiso lo ha sido «para lo bueno y para lo malo». Es, pues, un ejercicio de «cabezonería» que les ha permitido estar siempre, «nunca se fueron». La formación mítica se ha dedicado a cambiar, hacer cosas diferencias, pero siempre desde unas coordenadas marcadas por ellos mismos: «Han ido haciendo cosas distintas sin cambiar su esencia».

En parte porque viven como cantan y componen. Son coherentes con su discurso y, además, tienen una pantalla en forma de mascota llamada Eddie the Head, que ha canalizado tanto sus apariciones que les ha permitido ser ellos mismos al bajarse de los escenarios. «Ha llegado a parasitar a los miembros del grupo hasta el punto de que mucha gente reconoce a Eddie, pero no a Steve Harris si lo ve por la calle».

También se adentran en el ritual y el aspecto casi religioso que tiene el simple hecho de ir a ver a la banda. «Te da una sensación de pertenencia, te demuestra que en un mundo en el que todo se desmorona, la música de Iron Maiden es real», comenta Vives a lo que Canyelles se suma señalando el origen obrero de la formación y esa filosofía que les caracteriza por la cual «dan la esperanza al rebelde de pertenecer a algo mucho más grande que sí mismo».

Así pues, tanto Vives como Canyelles se suman a esta suerte de celebración que es que Iron Maiden soplen nada menos que 50 velas de heavy metal, guitarras eléctricas y una mascota que puede ser cualquier cosa que quieran sus creadores. Este jueves por la tarde, a las 19.00 horas, presentan los resultados de esta especie de investigación biológica del ADN de Iron Maiden. Lo harán en Rata Corner.