genitourinarios

El 18º Congreso Europeo Multidisciplinario sobre Cánceres Urológicos, celebrado recientemente en Praga, ha vuelto a situar sobre la mesa la importancia de abordar el cáncer genitourinario desde una perspectiva conjunta entre especialistas. Así lo explica Juan Gómez-Rivas, urólogo del Hospital Clínico San Carlos, quien resume, en declaraciones a este medio, el espíritu del encuentro como un punto de inflexión para seguir impulsando la colaboración entre disciplinas. “Es el único congreso a nivel europeo en el cual se juntan las diversas especialidades que manejan los tumores genitourinarios”, subraya.

Este congreso, organizado por la Asociación Europea de Urología junto a las sociedades europeas de Oncología Médica y Oncología Radioterápica, se ha consolidado como un espacio en el que convergen cirujanos, oncólogos médicos, oncólogos radioterapeutas y otros especialistas que intervienen en el diagnóstico y tratamiento de estos tumores.

Para Gómez-Rivas, este enfoque es imprescindible: “El tratamiento ha cambiado radicalmente en los últimos años. Ya en muchos casos no es solo la cirugía, sino también tratamientos sistémicos, inmunoterapia, terapia hormonal o nuevas quimioterapias que aumentan la supervivencia”. Lo mismo ocurre con las nuevas técnicas radioterápicas, “mucho menos tóxicas, más localizadas y más precisas”, que amplían las opciones terapéuticas.

Esta evolución ha impulsado un cambio de mentalidad entre los especialistas: ya no es posible tratar a todos los pacientes por igual. Como resume Gómez-Rivas, “la etapa de café con leche para todo el mundo ya ha acabado”, una frase que refleja la transición hacia una medicina cada vez más personalizada.

Juan Gómez-Rivas, urólogo del Hospital Clínico San Carlos.

Sostenibilidad y detección temprana de tumores genitourinarios

Entre las mesas que despertaron más interés, el urólogo destaca una dedicada a la sostenibilidad. El aumento de la esperanza de vida está directamente ligado al incremento de diagnósticos oncológicos, algo que preocupa tanto a clínicos como a gestores sanitarios. “A medida que la población va envejeciendo, vamos a diagnosticar más tumores… y esto va a generar costes”, advierte. En ese sentido, se abordaron alternativas para reducir el impacto económico sin comprometer la calidad asistencial.

Una de las principales líneas de trabajo es mejorar las estrategias de diagnóstico precoz, sobre todo en cáncer de próstata, con el fin de evitar tanto el sobrediagnóstico como el sobretratamiento. Otra línea destacada fue la desescalada terapéutica en pacientes que responden muy bien a los tratamientos. Según explica Gómez-Rivas, “pacientes con cáncer de próstata metastásico que tienen muy buena respuesta al tratamiento” podrían beneficiarse de retirar progresivamente determinadas terapias para reducir toxicidad clínica y financiera.

El congreso también dedicó espacio a los tumores raros, un área para la que apenas existen foros de discusión específicos. “Hubo un foro de debates para este tipo de tumores donde ya no solo había urólogos, oncólogos o oncólogos radioterapeutas, sino también especialistas en medicina nuclear, anatomopatólogos o genetistas”, apunta. Esta integración permitió revisar casos complejos y estirpes poco frecuentes que habitualmente quedan fuera de las grandes reuniones científicas.

Barreras para trasladar la innovación a la práctica clínica

Aunque los avances científicos son constantes, su llegada real a la práctica asistencial suele ser lenta y desigual. “El desafío principal siempre es el económico”, afirma Gómez-Rivas. Tras demostrar eficacia en ensayos clínicos, cada nuevo fármaco o tecnología debe superar múltiples pasos regulatorios y administrativos.

El urólogo recuerda que “desde que se demuestra que un fármaco es totalmente efectivo hasta que puedes aplicarlo en tu práctica clínica pasa mucho tiempo”. A ello se suman las particularidades del sistema sanitario español, donde conviven 17 modelos organizativos. “España tiene la desventaja de que tiene 17 tipos de sistemas de salud… y cada uno tiene su burocracia particular”, explica. Esta descentralización hace que el acceso a ciertos tratamientos sea más rápido en unas comunidades que en otras, y que factores administrativos influyan tanto como los clínicos.

En cuanto a la situación actual en el país, el especialista hace un repaso por los tres tumores urológicos más frecuentes: próstata, vejiga y riñón.

El cáncer de próstata, el más prevalente y el que mayor mortalidad presenta, cuenta con herramientas de cribado sencillas y accesibles. “A partir de los 50 años todos los hombres deben acudir al urólogo o al médico de cabecera para realizar el cribado precoz… una prueba de sangre totalmente sencilla que se hace en un minuto y que puede salvar la vida”, enfatiza.

En el caso de la vejiga, el principal factor de riesgo sigue siendo el tabaco. Muchos de los pacientes que presentan sangrado al orinar requieren una evaluación rápida, que puede realizarse desde Atención Primaria: “Una analítica de orina y una ecografía… pruebas de fácil acceso para todo el mundo”.

El cáncer de riñón presenta más dificultades: “No hay un factor de riesgo claro” y suele diagnosticarse de forma incidental durante estudios por otros motivos. Aun así, la disponibilidad de pruebas de imagen ha permitido detectar la mayoría de los casos en fases tempranas. Según Gómez-Rivas, “el 80-90% de los diagnósticos son en etapas localizadas y potencialmente curables”.

Educación y equidad: claves para el futuro

El acceso equitativo a los avances es otro de los grandes desafíos. “Tener acceso a todas las tecnologías, a todos los avances y a todos los medicamentos es lo justo”, subraya el urólogo. Cree que, además del empuje de los profesionales, es fundamental el papel de la ciudadanía. “La población general es la que tiene que estar educada y empoderada para poder acceder… el acceso es libre y universal para todos”, recuerda.

La educación sanitaria es especialmente relevante en síntomas como el sangrado al orinar o los signos compatibles con hiperplasia o cáncer de próstata, que requieren consulta médica inmediata.

Mirando al futuro, Gómez-Rivas observa un panorama prometedor impulsado por nuevas herramientas diagnósticas y terapias más precisas. “Cada vez tenemos mejores pruebas de imagen para detectar estos tumores en etapas más precoces”, señala. Pero el cambio más profundo viene de la personalización: “Podemos adaptar los tratamientos a la preferencia del paciente y al tipo de tumor que tiene cada paciente”.

Ese enfoque individualizado marcará los próximos años. “La etapa de café con leche para todo el mundo ya ha acabado”, concluye. La combinación de investigación, multidisciplinariedad, acceso equitativo y educación ciudadana será clave para lograr supervivencias más largas y una mejor calidad de vida para quienes afrontan estos tumores.

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