Nadie maneja el terror como lo hace Mia Goth. Ya en 2022 nos dejaba una de las escenas más imborrables de los últimos años con ese escalofriante «¡Por favor, soy una estrella!» que suplicaba la protagonista de Pearl, la ya película de culto de Ti West, después de ser rechazada en una audición. Sin embargo, la actriz se encuentra en las antípodas de su personaje.

De ella decían en la revista ELLE que las películas de terror la habían convertido en un fenómeno, pero que lo que venía en camino podría transformarla en un icono. Lo que venía, de manera inminente, era su papel de Elizabeth en la última película de Guillermo del Toro, Frankenstein, que le ha valido una tremenda acogida por parte del público y la crítica. Por su parte, lo que aún está por venir es un papel en La Odisea, lo próximo de Christopher Nolan, y uno de villana en Starfighter, la nueva del universo Star Wars, que se estrenarán en 2026 y 2027, respectivamente.

Pese a todo, ella admite no sentirse famosa en absoluto. Después del éxito mundial de la escena de Pearl, convertida en meme, y de haber trabajado con directores de la talla de Lars Von Trier o Luca Guadagnino, esto puede llegar a resultar casi irónico. Pero esta fama de nueva musa del horror se ha construido sobre unos sólidos cimientos de cine independiente y discreto que nada tienen que ver con sus personajes.

Un comienzo de miedo

Sin hacer mucho ruido, la actriz ha ido amasando una de las carreras más singulares y genuinas del cine contemporáneo, debido también a sus particulares rasgos faciales. Incluso gran parte del fandom ha llegado a compararla con la actriz Shelley Duvall. Demasiada casualidad que sea El Resplandor, además, la película de terror favorita de Goth.

Pero no fue hasta los 16 años, después de muchos castings y audiciones fallidas, cuando debutó en la gran pantalla. Y no lo hizo de cualquier modo. Para un actor o actriz que esté empezando, llegar a un set de rodaje por primera vez y que la película en cuestión sea Nymphomaniac de Lars von Trier podría resultar algo intimidante. Para Mia Goth no supuso otra cosa que la definición de una década prodigiosa que estaba por llegar.

Tras esto, Goth tuvo un papel en el thriller postapocalíptico The Survivalist (2015), de Stephen Fingleton, y en Everest (2015), dirigida por Baltasar Kormákur. A estos trabajos le siguieron sus participaciones en películas de terror, como La cura del bienestar (2016), dirigida por Gore Verbinski; El secreto de Marrowbone (2017); la versión de Suspiria de 2018, de Luca Guadagnino, en la que obtuvo un papel secundario; y en High Life (2018), dirigida por Claire Denis, y donde compartió pantalla con Juliette Binoche y Robert Pattinson.

El efecto Pearl

«Todos mis personajes soy yo, amplificada o atenuada», confesaba Goth en una entrevista para Vogue en 2022, pero fue Pearl quien le cambiaría la vida por completo. Con la trilogía de slashers de Ti West, X, Pearl y MaXXXine, su carrera sufriría un punto de inflexión. Con el estreno de X recibió elogios por sus papeles tanto de la protagonista Maxine Minx como de la antagonista Pearl.

Inmediatamente después de X comenzó a rodar la precuela Pearl, que protagonizó y coescribió con West. Este último papel le brindó una nominación a los Premios Independent Spirit Awards y el premio a la Mejor Actriz en el Festival de Cine de Sitges. Sin duda, una verdadera joya de exceso y coraje. 

Sobre el papel que le haría despegar, Goth dice: «Ese proyecto fue una oportunidad para experimentar por primera vez una historia impulsada por la actuación: muy poca trama, muy centrada en el personaje». Más tarde llegaría también a su ficha de IMDb el título Infinity Pool (2023), junto a Alexander Skarsgård y dirigida por Brandon Cronenberg

Ahora, en un momento en que el género más denostado por la industria vive sus años dorados con directores como Ari Aster, Robert Eggers o Jordan Peele, Mia Goth se erige como una de las más fieles representantes de ese nuevo terror contemporáneo en escena. Hoy, la actriz se encuentra en una posición única: entre el cine de autor que la vio nacer y el Hollywood que la desea. Y a nosotros, espectadores, no nos importa en qué lado se encuentre, siempre que sea ella quien nos haga morir de terror.

Su evolución, desde luego, pone en evidencia que se puede construir una carrera de éxito sin seguir las reglas del star system. Y, sobre todo, sin renunciar a un género casi siempre en los márgenes. Aunque ya hemos visto que no hay papel que se le resista, ni casting al que no logre darle la vuelta. ¡Por favor, que es una estrella!