VALÈNCIA. “Como ser artista, el galerismo es también una forma de vida”. Estas palabras las desliza Olga Adelantado durante el recorrido por la nueva propuesta expositiva que acoge la galería Luis Adelantado, una exposición colectiva que se despliega bajo el lema El sueño de la serpiente. La muestra no es una más en su carrera -si es que alguna lo es- y ella lo sabe. Se cumple una década desde que asumiera el liderazgo de la histórica galería, un punto de inflexión en el que ha sido y es uno de los espacios culturales clave para entender la escena artística de la ciudad de València. 

La apertura del espacio Boiler Room, destinado a impulsar la carrera de artistas emergentes, o la apuesta por una programación pensada para crear comunidad, con proyectos como el dúo show de Yan Serandour y Priscilla Monge, marcaron las primeras líneas de trabajo de Olga Adelantado como líder del espacio, un punto de partida que diez años después cristaliza en El sueño de la serpiente, una exposición comisariada por Johanna Caplliure que mira al pasado, presente y, sobre todo, futuro de la galería.


“El décimo aniversario implica un momento de reflexión y gratitud. Esta exposición se empieza a construir como un gesto afectivo hacia el pasado”, relata la galerista. Este pasado implica la reconexión con algunas de las artistas que fueron clave en los primeros años del espacio, cuando estaba liderado por su padre, Luis Adelantado, nombres que conviven ahora con los de otras artistas más jóvenes, construyendo un relato en el que importa celebrar su historia pero que va varios pasos más allá. Una de esas primeras firmas es la de Susy Gómez, que da la bienvenida al visitante levantando una sala dentro de la sala, un espacio acristalado que aísla al espectador y, al mismo tiempo, le permite observar aquello que sucede a su alrededor. 

Esta idea de interior y exterior, de espacio compartido y aislamiento, es un latido constante en el recorrido, dos situaciones que son tanto físicas como mentales. La obra de Emmanuela Soria Ruiz, que presenta una suerte de reja de acero cubierta por seda, o las sensuales fotografías de Lucia C. Pino acompañan a Gómez en esta primera parte del recorrido, una suma que ya supone una declaración de intenciones de la muestra y de la propia galería: el pasado importa, claro, pero también qué haces con él de cara al futuro. “Todas estas referencias cruzadas enriquecen a todos los artistas”, señala Olga Adelantado.


Este juego de conexiones, de generar vínculos emocionales, intelectuales y, en definitiva, artísticos, nos lleva a sumergirnos en los tejidos de Un algo tras la puerta, de Carmen Calvo, y Maybe It’s Time to Lay Down the Arms, de Lucia C. Pino, piezas en las que lo político y lo íntimo se tejen entre tela vaquera y remiendos, dos mundos que no son en ningún caso antónimos y que también son también clave para descifrar la vasija de Mar Arza, un jarrón de pequeñas dimensiones cuyos muros son pechos y del que desborda el agua helada que contiene. 

Continúa la danza entre política e intimidad, aunque no vinculada al hogar sino al espacio habitado, con una serie de fotografías de Montserrat Soto de 1998 que miran a una Albufera que es hoy un recuerdo. Entre unas piezas y otras, la galería se convierte en una suerte de casa en la que las distintas estancias y vínculos con los elementos del hogar nos permiten explorar las visiones tanto de las artistas participantes como del mundo que les rodea, una suma de miradas que dan forma a un sueño de la serpiente que es ambiciosa sin perder el oxígeno. 


En este diálogo entre épocas y espacios de creación se cuela también la obra de la peruana Milagros de la Torre, que explora el lenguaje y la censura a través de la prohibición de la Inquisición de la obra de Erasmo de Rotterdam. Materiales como el algodón, la cera de abeja o la piel, por su lado, se conectan en las obras de Eva Lootz o Mónica Mays, que reflexionan sobre la naturaleza y la tensión entre lo orgánico y lo industrial.

Y, entonces, más Carmen Calvo. La artista valenciana es la “piedra angular” del proyecto expositivo, una firma que conecta pasado, presente y futuro de la galería -y del propio arte valenciano, claro- y a la que se dedica un espacio destacado. Con su obra se cierra el circuito, sin ser ello un punto y final. No en vano, la artista presenta una serie de obras de muy reciente creación, unas sugerentes piezas en las que habla de violencias y memoria a través de objetos como una pizarra, unos guantes de boxeo o una serie de fotografías recuperadas, una obra que es espíritu y prueba misma de ese legado que es, ante todo, futuro.