La reciente condena por revelación de secretos contra Óscar Cornejo y Adrián Madrid ha sacudido los cimientos de RTVE, donde actualmente son responsables de Directo al grano y Malas lenguas, los programas que dominan las tardes de La 1. José Pablo López les confió el entretenimiento vespertino de la Corporación a pesar del sonado fracaso que supuso intentar exportar a TVE el sucedáneo de Sálvame titulado La familia de la tele, presentado por María Patiño y Belén Esteban.
Con los espacios que conducen Marta Flich y Gonzalo Miró, y con las Malas lenguas de Cintora, la apuesta ha funcionado mucho mejor. Cornejo y Madrid han sabido aprovechar esta «segunda oportunidad» concedida por el presidente de RTVE, que admiraba su trabajo hasta el punto de elegir como director de TVE a Sergio Calderón, cuyo puesto anterior fue precisamente el de responsable de Contenidos, Innovación, Marketing y Comunicación a las órdenes de Oscar Cornejo y su socio en su productora. Ellos le ficharon cuando fue despedido de Mediaset. El trabajo de Calderón en la Corporación con José Pablo López está dando magníficos resultados en términos de audiencia.
En DAG, Óscar Cornejo se ha ocupado personalmente, al pie del cañón, de mantener muchas de las fórmulas, los tics, las trampas, los trucos y el sabio armazón de Sálvame, pero cambiando los muñecos del cutrerío rosa más friki por una versión de trazo grueso de la actualidad y el barullo político. También se nota en otra medida el ‘toque Sálvame’ en los griteríos del programa de Cintora, el punto de humor, la valentía en según qué contenidos o en ‘sobradas’ como poner en pantalla el cartel-chiste «Antonia Delata» mientras la modelo, casi llorando, relataba su calvario con Lequio. No se puede contener. También se notan las ansias de salpicar con tanta porquería como puedan a su antigua cadena, Mediaset, y a Ana Rosa Quintana, es decir, quienes les echaron de Fuencarral. Con todo, los espacios presentados por Marta Flich y Jesús Cintora han sido un acierto dada la buena acogida en términos de audiencia. Otra cosa es si el objetivo prioritario de una TV pública es sumar audiencia como sea.
De momento, RTVE mantiene a dos condenados por un asunto tan delicado como el relacionado con una menor, dado que Rocío Flores era una adolescente cuando ocurrieron los hechos desvelados y difundidos en el documental Rocío, contar la verdad para seguir viva, lo cual para la Audiencia les hace «criminalmente responsables» de un delito de revelación de secretos tipificado en el artículo 197.2. 3 párrafo del Código Penal.

Rocío, contar la verdad para seguir viva
El fallo de la Audiencia Provincial de Madrid es recurrible, pero en términos reputacionales supone un duro golpe para los dos productores y abre un frente delicado para RTVE, que presume de ejemplaridad y tolerancia cero en asuntos que afecten a mujeres víctimas de cualquier tipo de violencia y no digamos en cuanto a menores. En ese ámbito, nadie espera hoy en día, y menos en una Corporación Pública, a que haya una sentencia firme para extirpar el mal con independencia de la presunción de inocencia que asiste a los presuntos «criminales», adjetivo referido en el fallo. La mínima coherencia hace insostenible que unos condenados por un tribunal, sentenciados por atentar contra la intimidad de una menor, sigan siendo los responsables de contenidos de una buena parte de la parrilla diaria de RTVE mientras una cadena privada prescinde de un colaborador tras el testimonio de una mujer que denuncia maltrato.
La sentencia contra Madrid y Cornejo (dos años de prisión, dos de inhabilitación y 200.000 euros de indemnización a Rocío Flores) sitúa a La Osa Producciones, su empresa actual, bajo un foco mediático que compromete no solo su continuidad en la cadena pública, sino también la imagen de la propia RTVE, que ha optado por omitir en sus informativos la condena a quienes lideran dos de sus programas diarios más visibles.
El fallo llega después de que Mediaset haya despedido a Alessandro Lequio tras más de dos décadas en Telecinco por las acusaciones en ese caso de otra mujer, la italiana Antonia Dell’Atte. Ni los informativos de TVE ni los programas de Cornejo se han resistido a la tentación de señalar y recordar que Ana Rosa y Mediaset mantuvieron a Lequio en la silla muchos años después de que se conocieran las denuncias de Antonia Dell’Atte, que tienen décadas. Lo que no se dice es que Adrián Madrid y Óscar Cornejo estaban en la misma cadena (condenada subsidiariamente en la misma sentencia que ellos) ni que ellos emplearon, entre otros y durante años, a Antonio David (padre de Rocío Flores), incluso después de que hubieran grabado el docudrama de Rocío Carrasco. Precisamente en uno de los programas que Cornejo y Madrid producen, Directo Al Grano, y también en Malas Lenguas, se emitió la entrevista grabada a la ex mujer de Lequio y madre de su hijo Clemente; si bien en aquel caso no hay ni proceso ni condena. También en alguno de sus espacios del magacín de Marta Flich se debatió sobre la responsabilidad de Telecinco de mantener a un colaborador señalado como maltratador durante muchos años (tiempo en el que compartió cadena con los ahora condenados).
La gallina de los huevos de oro
Durante décadas, Cornejo y Madrid fueron la gallina de los huevos de oro y el auténtico ojito derecho de Paolo Vasile en Mediaset, y desde hace meses son apuestas personales del responsable de contenidos de RTVE, José Pablo López, que colocó de director de TVE a Sergio Calderón, ex empleado precisamente de los ahora condenados. Este movimiento, adelantado hace años por Informalia, puede verse afectado ahora, salvo que José Pablo López asuma personalmente la responsabilidad de mantener a los condenados ignorando lo sucedido. Pero Cornejo y Madrid nunca se habían enfrentado a un revés judicial tan contundente ni tan incómodo para quienes los contratan. RTVE no contesta a nuestras preguntas sobre si mantendrá a dos condenados (penalmente) tras ser demandados por una mujer que era menor cuando acontecieron los hechos desvelados.

Tampoco se ha dado difusión ni visibilidad a todo esto como sí se cubrió lo de Antonia Dell’Atte, apoyando a una mujer que denuncia. En este otro caso, RTVE guarda silencio sobre la condena mientras sigue emitiendo los formatos de la productora propiedad de los condenados. Una omisión que delata la parcialidad y el sectarismo, un silencio llamativo dado el perfil mediático del caso y la trascendencia de una sentencia que sitúa a los dos creadores en el centro de un debate sobre responsabilidad, ética y límites del entretenimiento en una RTVE que protege a cualquier mujer y no digamos una menor frente a cualquier agresión, sea del tipo que sea, y eso incluye su intimidad.
Se da la paradoja de que los mismos profesionales que durante años alimentaron el sensacionalismo televisivo, también contra figuras como Antonia Dell’Atte, ocupan hoy la franja de tarde de la cadena pública, ahora con la propia Dell’Atte como protagonista por ser víctima de maltrato, según sostiene la italiana.
A pesar de la sombra judicial y reputacional, de Cornejo y Madrid, su trayectoria está repleta de formatos eficaces, al menos para las cuentas de resultados. Otra cosa es que su estilo y sus propuestas sean las mejores para una Corporación con vocación de servicio público. Desde Aquí hay tomate a Sálvame, pocas duplas han logrado construir un imperio tan rentable en el entretenimiento televisivo. Los datos que barajan algunas fuentes y que no hemos podido confirmar sitúan las respectivas fortunas personales de los productores condenados por encima de los 20 millones de euros; cifra que no parece exagerada en proporción a los muchos años que dejaron las arcas de Mediaset repletas de dinero, recurriendo sin problema lo mismo a Antonio David Flores que a Rocío Carrasco, beneficiarios indirectos del negocio. Quienes antes contrataban, por ejemplo, a un humorista que dejara de loca a Dell’Atte en Sálvame, ahora hacen caja exhibiendo a la misma mujer en otro plano.

Entre 2008 y 2023, La Fábrica de la Tele y su alianza con Mediaset generó facturaciones anuales de entre 25 y 35 millones de euros y beneficios en torno a los 4–6 millones. Una rentabilidad que se repartía entre Cornejo (35%), Madrid (35%) y Mediaset España, propietaria del 30% restante. La asociación fue tan estrecha que durante años la productora fue considerada la niña mimada de Vasile. Su capacidad para crear formatos que mezclaban a precios interesantes corazón, crónica social, espectáculo y reality no tenía rival. Tras la cancelación de Aquí hay tomate (producido por Atlas en principio) dieron con el formato que redefiniría las tardes de la televisión en España: Sálvame. Durante más de quince años dominaron audiencias, establecieron códigos propios y protagonizaron polémicas constantes, siempre en la frontera entre la polémica y la ilegalidad, con sentencias caras que ya sufrieron en el Tomate y siguieron en Sálvame y otros espacios. Aún hoy, en la órbita del mítico magacín quedan pendientes flecos judicializados.
Cornejo y Madrid habían coincidido en Atlas (generador contenidos de la que es propietaria Mediaset) para hacer el Aquí Hay Tomate de Jorge Javier Vázquez y Carmen Alcayde a las órdenes de Santiago Botello, hoy propietario de Mandarina (DeViernes). La caída de Sálvame y la posterior venta de La Fábrica de la Tele a Mediaset para ser liquidada llevó a una ruptura traumática. Liquidada la empresa, Cornejo y Madrid pusieron en marcha un nuevo proyecto para liberarse del pasado: Fabricantes Studio, rebautizado en 2025 como La Osa Producciones, diseñado expresamente para que RTVE los recibiera con los brazos abiertos sin arrastrar el lastre de la antigua productora.
Óscar Cornejo: de alumno brillante a productor todoterreno
Para entender la dimensión del tándem Cornejo–Madrid, conviene detenerse primero en la figura de Óscar Cornejo Palomino (Tarragona, 1972), el motor estratégico del dúo y la mente más obsesionada con el ritmo televisivo.
Hijo de una familia andaluza emigrada a Cataluña, se formó académicamente con una solidez poco habitual en el mundo del entretenimiento: licenciado en Derecho por la Universidad de Barcelona y en Periodismo por la Pompeu Fabra. Esta doble titulación que explica tanto su precisión narrativa como su habilidad para moverse en territorios legales delicados. Sus inicios fueron humildes pero intensos: cámara, redactor, coordinador en Pecado Original, colaborador en De buena mañana. Siempre en segundo plano, siempre absorbiendo lenguajes televisivos.
Su gran salto se produce cuando Telecinco lo designa para formar parte junto con Adrián Madrid a las órdenes de Botello de un formato para la difícil franja vespertina. El resultado fue Aquí hay tomate, un cóctel frenético de crónica rosa, ironía y espectáculo que dinamitó cualquier referencia previa del género, incluido el Qué Me Dices de Globomedia, con Belinda Washington y Chapi. Allí conoció Oscar a Adrián Madrid, y allí comenzó una sociedad profesional que cambiaría la industria gracias, en cierta medida, a la visión de grandes popes de la TV, como Paolo Vasile o Manolo Villanueva, además de Botello. Adrián había trabajado para Cuarzo, la productora de Ana Rosa Quintana, a las órdenes de Antonio Robles en Dónde Estás Corazón, presentado por Jaime Cantizano.
Cornejo destacó pronto por su capacidad para gestionar equipos enormes bajo presión, pero también por un ojo clínico para detectar ingredientes televisivos de impacto: tensión emocional, personajes carismáticos, conflictos escalables… Y, aunque esa habilidad les llevó a momentos de gloria, también los condujo a múltiples polémicas y al filo de lo judicial.
En lo personal, la vida de Cornejo no siempre ha estado blindada frente a la prensa rosa: en 2011 se casó con el político socialista Jaume Collboni, actual alcalde de Barcelona y uno de los rostros más visibles del PSC. Habían iniciado su relación tras conocerse en una Nochevieja de 2008, y aquel amor fue un símbolo del ascenso mediático de ambos hasta su separación en 2016. De Vasile o Jorge Javier Vázquez o de Belén Esteban a José Montilla (ex presidente de la Generalitat), aquella boda levantó las costuras mediáticas de Barcelona y llenó las revistas.

Tras el divorcio (por la distancia), Cornejo se centró en su trayectoria profesional y en un proyecto vital largamente acariciado: la paternidad. En 2019 nació su hijo mediante gestación subrogada, una decisión que él mismo afrontó sin opacidad pese a la controversia social que siempre acompaña este método reproductivo. Las vicepresidentas María Jesús Montero o Yolanda Díaz califican el alquiler de madres para tener hijos por gestación subrogada como «violencia contra la mujer».
La construcción de La Fábrica de la Tele situó a Óscar Cornejo en la cúspide de la producción televisiva. Y aunque su imagen quedó vinculada al universo Sálvame —amado y odiado a partes iguales—, el giro hacia RTVE a través de La Osa Producciones buscaba mostrar una faceta más institucional, más limpia. La condena por revelación de secretos llega, por tanto, en el momento menos oportuno para este intento de reposicionamiento. Por primera vez, el productor que parecía indestructible ve cuestionada su continuidad al frente de los programas que gobierna.
Adrián Madrid: artesano de la crónica social
Si Cornejo, el ex marido del actual alcalde de Barcelona, representa la arquitectura televisiva, Adrián Madrid Martín (Zamora, 1970) encarna el instinto narrativo, el pulso con el espectador y el conocimiento profundo del mundo del corazón. Su biografía arranca marcada por un apellido de peso: su padre, Demetrio Madrid, fue el primer presidente de Castilla y León y uno de los socialistas más influyentes de los ochenta, hasta convertirse —tras un proceso judicial del que fue absuelto— en lo que muchos analistas definen como la primera gran víctima política del aznarismo emergente. Demetrio Madrid vio su carrera arruinada injustamente y cuando fue absuelto era demasiado tarde. Aznar, de la mano de Miguel Ángel Rodríguez, se quedó con el sillón de Demetrio Madrid, el padre de Adrián.
Aquella caída abrupta impactó profundamente al joven Adrián, que desde muy temprano entendió el poder destructivo (y constructivo) de los relatos públicos. Licenciado en Periodismo por la Pontificia de Salamanca, Madrid forjó su identidad profesional en las redacciones de Onda Cero, TVE y Telemadrid. Sin embargo, fue en Antena 3 donde comenzó a destacar, especialmente en Sabor a ti, de Ana Rosa, un programa que lo familiarizó con la lógica emocional de la televisión de tarde y le enseñó a medir pulsos, silencios y gestos. De ahí saltó a formatos como Rumore, rumore o Abierto al anochecer, todos ellos centrados en la crónica social, en los que Madrid dejó ver su capacidad para manejar equipos y, sobre todo, para modular conflictos.
Su llegada a Telecinco en 2002 definió su destino profesional. Allí coincidió con Cornejo en Aquí hay tomate, un encuentro que evolucionó en alianza empresarial. En 2006, al rebufo de la política de Vasile de crear productoras amigas participadas por Mediaset, ambos crearon una de las empresas más influyentes (y rentables) de la historia reciente de la televisión. Madrid se convirtió en la figura más cercana al equipo, a los presentadores, al tono emocional del contenido. Y también en uno de los productores más señalados cuando los formatos se extralimitaban.

En lo personal, Madrid también optó por la paternidad por vía de gestación subrogada: en 2015 nacieron sus mellizas, un acontecimiento que vivió con discreción a pesar de la enorme exposición pública que rodeaba su trabajo. A diferencia de Cornejo, Madrid siempre ha mantenido un perfil más bajo en la prensa rosa, aunque inevitablemente su nombre se ha visto asociado a polémicas mediáticas, investigación por cohecho en la Operación Deluxe y, ahora, a la sentencia de revelación de secretos.
Con la creación de La Osa Producciones, Madrid buscaba junto a Cornejo iniciar una tercera vida profesional: más institucional, más respetable, más compatible con RTVE. Sus programas para la pública, especialmente Malas lenguas, han mostrado su habilidad para reinterpretar el infoentretenimiento sin renunciar a su ADN. Pero la condena vuelve a situar su nombre en un terreno incómodo. Y no solo por lo judicial: también por la inevitable relectura de su biografía, marcada desde niño por los efectos devastadores de un proceso mediático-político y ahora salpicada por un fallo judicial que también abre debates sobre la ética.
El giro de La Fábrica de la Tele a La Osa Producciones representó mucho más que un cambio de marca. Fue una operación calculada para entrar en RTVE «sin peajes del pasado», después de años marcados por polémicas, investigaciones judiciales —incluida la Operación Deluxe de 2022— y tensiones con la nueva dirección de Mediaset. El proyecto estuvo a punto de quedar herido de muerte tras el fracaso de La familia de la tele, pero Directo al grano y Malas lenguas les han devuelto la relevancia. Para RTVE, contar con ellos era una apuesta segura: saben fabricar contenido, manejan los ritmos televisivos como pocos y gozan de un indudable tirón en términos de audiencia. Pero la condena sitúa a RTVE en una posición de incomodidad que quizá les obliga a mover ficha, aunque sea de forma más estética que real.
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