Más de seis millones de hondureños están convocados a elegir este domingo en las urnas a su nuevo presidente entre cinco candidatos, de los que tres, la izquierdista Rixi Moncada, y los conservadores Nasry Juan Asfura y Salvador Nasralla, son los que tienen mayores opciones de triunfo según las encuestas, que aventuran un resultado muy igualado. Las elecciones llegan en medio de fuertes tensiones políticas, alta desconfianza institucional y acusaciones de posible fraude, en un país que arrastra problemas estructurales de pobreza y corrupción y que lleva tres años en un estado de excepción parcial para reducir los índices de violencia.

Al no existir en Honduras la opción de segunda vuelta electoral, quien obtenga el mayor número de votos será desde el próximo 27 de enero el sucesor o sucesora de la actual jefa de Estado, Xiomara Castro, primera mujer en el cargo y esposa del expresidente Manuel Zelaya, derrocado por un golpe en 2009. En los comicios también se elegirán a los 128 nuevos diputados, así como 20 legisladores para el Parlamento Centroamericano. Se renovarán además corporaciones municipales.

Mantener a la izquierda o girar a la derecha

Moncada, abogada de 60 años, fue ministra de Finanzas y de Defensa en el Gobierno de Castro y de Trabajo en el de Zelaya. Lidera el oficialista Libertad y Refundación (Libre, de izquierda), fundado en 2011. Partido que llegó al poder y rompió la sucesión de Ejecutivos de los partidos tradicionales Nacional y Liberal desde la vuelta de la democracia en 1982.

En su carrera hacia la Presidencia, Moncada ha navegado entre la continuidad de las políticas oficialistas y promesas relacionadas con reformas al sistema judicial, apertura de la economía y de persecución a la corrupción.

«Nuestra lucha contra la corrupción es de frente y sin temores. Para hacer las reformas al sistema de justicia hay una sola fórmula: tener mayoría en el Congreso. Por eso llamo al voto unificado: todito LIBRE, una sola raya a nivel nacional», señaló Moncada en un acto electoral.

Varios familiares suyos ocupan cargos públicos, por lo que sus críticos la han acusado de prácticas de nepotismo. Y llegó a ser acusada de supuesta corrupción cuando dirigió la empresa estatal de electricidad durante el gobierno de Zelaya. Acusaciones que fueron desestimadas.

En cuanto a la violencia, su objetivo es continuar con la «ruta» trazada por Castro, quien a su juicio «logró pacificar al país» y «la cifra más baja de homicidios en los últimos veinte años» y «dando certeros golpes al narcotráfico con decomisos históricos». «La meta será alcanzar las menores tasas de inseguridad de Centroamérica y devolver a cada familia hondureña la tranquilidad que merece», cuenta en su programa.

La candidata presidencial por el Partido Libertad y Refundación (Libre), Rixi Moncada, durante un acto de campaña en Tegucigalpa (Honduras) EFE/ Gustavo Amador

El candidato de Trump

Esta será la segunda ocasión en la que el empresario Nasry Asfura, de 67 años, buscará lograr la Presidencia, tras perder los comicios de 2021 ante Xiomara Castro. Ese intentó llegó en medio del escándalo por las acusaciones de tráfico de drogas y de armas en Estados Unidos contra el expresidente Juan Orlando Hernández, de su mismo Partido Nacional, quien tras gobernar dos periodos (2014-2022) fue extraditado a Estados Unidos en abril de 2022 y condenado allí a 45 años de cárcel por narcotráfico dos años después.

Asfura, que alcalde de Tegucigalpa entre 2014 y 2022 y tiene raíces palestinas. Entre sus promesas está fomentar la inversión y la generación de empleo y recuperar la seguridad: «Recuperaremos la tranquilidad con un modelo de prevención, justicia y orden. Tendremos policías comunitarios, fortaleceremos la investigación criminal y utilizaremos tecnología para combatir la extorsión y el crimen organizado», ha señalado.

El aspirante conservador tiene actualmente abierta una investigación por presunto desvío de fondos municipales y se le ha vinculado supuestamente con empresas en paraísos fiscales, aunque ha negado las acusaciones.

Esta semana, el presidente estadounidense, Donald Trump, se metió en la campaña hondureña e instó a apoyar al aspirante del Partido Nacional, mientras acusó a sus rivales de representar el «avance comunista».

En sus redes sociales, el mandatario republicano se refirió a Asfura como el «único verdadero amigo de la libertad en Honduras», que se está «levantando por la democracia» y «luchando» contra el venezolano Nicolás Maduro. Y apostilló que podrían «trabajar juntos para luchar contra los narco-comunistas«, cuando ha iniciado un gran despliegue naval en el Caribe frente a las costas venezolanas con el pretexto de combatir el narcotráfico.

«Su principal oponente es Rixi Moncada, quien dice que Fidel Castro es su ídolo. Normalmente, la gente inteligente de Honduras la rechazaría y elegiría a Tito Asfura, pero los comunistas están tratando de engañar a la gente al postular a un tercer candidato, Salvador Nasralla. Nasralla no es amigo de la libertad«, agregó el republicano.

Unas afirmaciones que no tardaron en tener respuesta por parte de la aspirante oficialista: «Me llaman comunista para esconder la verdad: le temen a la democratización de la economía, les aterra la Ley de Justicia Tributaria; y quieren que el dinero siga siendo un privilegio para las diez familias (más acaudaladas del país) y no un derecho a favor del pueblo», sentenció Moncada en X.

El candidato a la presidencia de Honduras Nasry Asfura habla durante un evento de cierre de campaña del Partido Nacional, en Tegucigalpa EFE/ Gustavo Amador

El candidato periodista

Tras cuatro décadas saliendo en TV -es conocido en Honduras como el “señor de la televisión”-, el periodista deportivo Salvador Nasralla, de 72 años, incursionó por primera vez en política en 2011. Y desde entonces son ya cuatro veces las que ha intentado llegar a la Presidencia. Lo hace como candidato del tradicional Partido Liberal. “Yo tengo mi situación económica resuelta, yo no me metí a política para robar», aseveró hace unos días.

Nasralla había fundado en 2013 el Partido Anticorrupción (PAC), formación con la que disputó la presidencia ese mismo año, aunque perdió contra Juan Orlando Hernández. Volvió a intentarlo en 2017 con una alianza de partidos y de nuevo derrotado por Hernández, en medio de denuncias de fraude. En los siguientes comicios, en 2021, decidió casi en el último momento declinar su carrera presidencial y apoyar una alianza con el partido de Xiomara Castro, que acabó ganando con él como uno de sus vicepresidentes. Pero la relación se fue agrietando y renunció en 2024 para volver a intentar llegar a lo más alto por su cuenta.

También ingeniero, Nasralla tiene entre sus principales bazas la generación de empleo, con políticas fiscales orientadas a estimular la inversión; el enfoque de una economía abierta y la transparencia con un portal «con toda la información en tiempo real».

«Durante años, hemos visto cómo la corrupción, la impunidad y la falta de oportunidades nos han arrebatado los sueños. Pero hoy, la esperanza vuelve a brillar. Estoy listo para gobernar con resultados, con manos limpias y con un profundo amor por esta tierra bendita, con la guía de Dios y la confianza en su justicia», señala en su programa electoral, en el que relata que «la criminalidad y la extorsión siguen afectando corredores urbanos y productivos, por lo que se requiere consolidar operaciones policiales con datos, prevención focalizada y gestión penitenciaria».

El candidato a la presidencia de Honduras por el Partido Liberal, Salvador Nasralla, saluda durante una caravana como parte del cierre de su campaña electoral EFE/ Gustavo Amador

Los sondeos que se difundieron antes de la veda electoral pintaban escenarios contradictorios y a menudo sin favoritos claros. Por ejemplo, la encuestas de opinión pública de CID Gallup dio a Nasralla un 27% de intención de voto, seguido por Moncada (26%) y Asfura (24%), y muy de lejos el resto de candidatos: Mario ‘Chano’ Rivera, del Partido Demócrata Cristiano, con un 4 %, y Nelson Ávila, del Partido Innovación y Unidad Social Demócrata, con un 1 %.

Acusaciones de fraude antes de ir a votar

La campaña electoral empezó el 1 de septiembre -aunque ya meses atrás se celebraron primarias en los partidos- y ha estado marcada por la tensión en los discursos y las acusaciones mutuas de fraude entre los candidatos. También por la violencia y las amenazas. Este año, al menos cuatro personas han muerto en crímenes supuestamente por motivos políticos.

Además, el Ministerio Público ha sido muy cuestionado por las amenazas de encarcelar a funcionarios electorales. Y también las Fuerzas Armadas, por su injerencia en asuntos que le competen al Consejo Nacional Electoral (CNE).

Tanto las Naciones Unidas como la Organización de Estados Americanos (OEA), o la Unión Europea (UE) han reclamado a las autoridades unas elecciones libres y transparentes. Entre otros, la OEA desplegará 100 observadores y la UE en torno a 140.

La presidenta del CNE, Ana Paola Hall, alertó este viernes en declaraciones a la agencia de noticias EFE que los candidatos a la presidencia deben tener la altura para participar en los comicios con buenas propuestas y reconocer los resultados oficiales.

Miembros del Ejército escoltan un camión con material electoral en Tegucigalpa Marvin RECINOS / AFP

Corrupción, violencia y pobreza

Honduras es considerado, según el informe 2024 publicado por Transparencia Internacional (TI), el cuarto país más corrupto del continente americano, después de Venezuela, Haití y Nicaragua. Y según el portal Insight Crime, es uno de los más violentos de Latinoamérica. Una violencia principalmente perpetrada por el narcotráfico, las pandillas y fuerzas de seguridad corruptas con nexos con organizaciones criminales de Colombia y México.

Desde diciembre de 2022 rige un estado de excepción en 226 de los 298 municipios de Honduras.

El año pasado, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) alertó de que, si bien Honduras había reducido su tasa de homicidios, continuaba siendo el país «más inseguro» de Centroamérica y el segundo con la mayor tasa de homicidios en América Latina, un flagelo con «graves consecuencias» para la sociedad exacerbado por la alta presencia de maras y pandillas.

«Los datos reflejan que la población hondureña enfrenta riesgos significativos de sufrir una muerte homicida a lo largo de su vida», ha llegado a advertir en su último informe el Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.

Unos datos que se suman a otros problemas como el fuerte impacto de la pobreza en la sociedad. El Instituto Nacional de Estadística ha señalado en noviembre que los indicadores han mostrado «una mejora continua» entre 2021 y 2025. Pero todavía el 60,1 % de los ciudadanos son pobres.

El año pasado, la economía hondureña creció al 3,6 % -principalmente por el flujo de remesas, una menor inflación y un mayor acceso al crédito, pese a la débil demanda internacional y tragedias como la tormenta tropical Sara-, aunque el Banco Mundial ya proyecta una desaceleración al 2,8% en 2025. La economía depende principalmente de las remesas, que representan más de una cuarta parte del PIB hondureño.

«Los desafíos estructurales incluyen una baja capacidad productiva, alta vulnerabilidad ante fenómenos naturales combinada con una limitada capacidad de respuesta, y altos niveles de criminalidad y violencia, que fomentan la migración«, indica el organismo, que revela que un niño nacido en Honduras será casi la mitad de productivo en su adultez que lo que podría ser si recibiera una educación completa y tuviera buena salud.