Sara, 45 años, divorciada, un hijo, no bebe alcohol, no fuma, le gusta el cine, los juegos de mesa, juega al padel y se define como persona fiel, cariñosa y familiar. Busca pareja estable. Y añade: soy de izquierdas.
El de Sara es un perfil al uso de los miles que circulan en las aplicaciones de citas y entre quienes las utilizan coinciden en que la ideología se ha convertido en un filtro importante a tener en cuenta para decidir a quién conocer y a quién descartar. ¿Harías ‘match’ con alguien que se define de derechas o de izquierdas si tu ideología es la contraria?
Dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición. O no. La homogamia en la pareja se refiere a la tendencia a buscar con quien compartir la vida atendiendo a características similares, relacionadas con diferentes aspectos: desde las características y condiciones físicas a la raza y religión, pasando por el nivel educativo, social, económico o cultural. Y por supuesto, y cada vez más, la ideología.
En España no se ha llegado al extremo de EE.UU., donde ya existe un ‘Tinder de derechas’- The Right Stuff– pensado para los que solo quieren tener citas con votantes republicanos, aunque sí hay aplicaciones para entablar relaciones en exclusiva con personas católicas.
Pero la polarización política se ha convertido en uno de los grandes fenómenos sociales de nuestro tiempo y entre las distintas formas de polarización, la Revista Española de Sociología usa ya el término polarización afectiva en su artículo ‘Amor y política: polarización afectiva y relaciones de pareja en España‘ para definir los procesos de «animadversión y hostilidad entre los ciudadanos basados en identidades partidistas» y la «forma de antagonismo entre personas cuyas características y sentimientos de pertenencia son diferentes, lo que genera distanciamiento».
«La ideología se ha vuelto un filtro social más fuerte que antes»
El sociólogo e investigador del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC, Luis Miller, afirma, en una entrevista con RTVE Noticias, que la polarización política se ha trasladado «del Congreso a la vida cotidiana, a los afectos y los valores morales» y aunque cree que «no vivimos en dos mundos tan separados como en EE.UU. (entre demócratas y republicanos), se observan divisiones culturales y estilos de vida asociados a la ideología» y esto se traslada también, claro, a la decisión de con quien compartimos nuestra vida.
«La ideología se ha vuelto un filtro social más fuerte que antes. No decidimos nuestras amistades y parejas solo por eso, pero sí influye a la hora de decidir con quién compartimos espacios o confianza. Antes pesaban más la clase social o la edad; ahora, la política se ha convertido en una seña de identidad», apunta Miller, que alerta sobre una sociedad que tiende a vivir «cada vez más» rodeada de personas- virtuales o físicas- con ideas, gustos y hábitos similares. «Esto refuerza nuestra visión del mundo y no es peligroso en sí, pero lo es cuando impide empatizar con quienes piensan distinto«.
Miller, autor del ensayo ‘Polarizados, la política que nos divide’, explica que un estudio dentro del proyecto NORPOL desvela que la ideología se ha convertido en una seña por cuyo filtro ya pasa casi todo, y actúa también «como una forma de afinidad cultural y no solo política».
El flamenco, más de derechas; y el indie, más de izquierdas
En este sentido pone de manifiesto que «hay correlaciones entre la ideología y cosas tan cotidianas como la música que escuchamos, lo que comemos o el ocio que elegimos» y añade: «No son diferencias absolutas, pero sí revelan cómo la política se ha filtrado en nuestros estilos de vida«.
Y ante la pregunta ¿hay entonces actividades de izquierdas y derechas?, Miller responde: «No de forma estricta, pero sí hay afinidades. Por ejemplo, escuchar flamenco, la tauromaquia o practicar caza se asocia más a la derecha, mientras que consumir productos ecológicos o escuchar música indie se vincula más con la izquierda. Son patrones culturales, no fronteras cerradas, pero existen«.
Esto es, tendemos a situar a alguien en la derecha si tiene determinados gustos o a la izquierda si tiene otros y esta tendencia nos lleva, por norma general, a crear marcos mentales mucho más cerrados.
El investigador considera que el filtro ideológico en las aplicaciones para ligar que hace descartar al ‘contrario’ políticamente hablando «refleja esa politización de la vida cotidiana» y marca que «muchas personas buscan parejas con las que compartir no solo gustos o aficiones, sino también una única visión del mundo».
Blanca ha encontrado ya a varias parejas a través de las aplicaciones y sí observa que cada vez más personas muestran su ideología en estos foros como forma de presentarse ante sus posibles conquistas. Se define como conservadora, aunque afirma que el de la ideología no es un filtro esencial para ella: «Para mí es mucho más importante un estilo de vida, unos valores y unas prioridades».
Lucía, de izquierdas, sí reconoce que descarta por defecto a los hombres que dicen comulgar con la derecha. «Es un filtro más, igual de importante que otros, también descarto a los que fuman. Me chirría mucho que alguien ya se presente de forma tan marcada y me diga de primeras ‘soy de derechas’ porque lo que me hace pensar es que es él quien no quiere conocer a nadie que no sea de derechas. Siento que el filtro lo pone él más que yo», afirma.
¿Es posible tener una pareja de diferente ideología?
Ante la pregunta de si es posible compartir vida con una persona de diferente ideología tanto Miller como el sociólogo Jordi Busquet coinciden en que sí lo es, pero requiere algo de más esfuerzo.
«La elección de pareja y de los amigos es una elección primordial en la vida porque también te define. No eliges a tus padres, hermanos e hijos, pero la pareja y los amigos son sujetos de libre elección y escogiendo a unos u otros también expresas una aspiración y quien eres tú», asegura a RTVE Noticias Busquet, que apunta a que las parejas de diferente ideología «tienen que aprender a negociar más» y que además «se puede compensar con otras afinidades».
«Hay cosas esenciales que la pareja debe compartir», añade, para alertar también de que en las redes sociales y aplicaciones de ligar se corre el riesgo de conocer– ya se ocupa el algoritmo- solo a gente afín «y eso es peligroso porque nos lleva al fanatismo y a vivir en burbujas». Va más allá para lanzar una reflexión: «Si vemos al otro que piensa diferente como un ser estigmatizado y casi como un diablo, la democracia no funciona porque democracia es reconocimiento del otro«.
«Si la política para ti es una cuestión muy muy esencial, seguramente no busques a una persona distinta a ti, aunque la capacidad de relacionarse con personas diferentes te enriquece y hace sentir bien. Estar con alguien que piensa diferente en algunas cosas es posible y hay que buscar equilibrios«, apunta Busquet, para hacer referencia al concepto sociológico de ‘habitus’ de Pierre Bourdieu, que explica cómo la elección de pareja está influenciada por la posición social, los gustos y las predisposiciones interiorizadas del individuo. «Suele haber coherencia entre tus valores morales, a quien votas y con quien quieres relacionarte«, insiste.
Fusión excesiva entre identidad personal y política
La doctora en Psicología Silvia Álava explica a RTVE Noticias que las parejas de diferente color político pueden tener problemas no tanto por esa diferencia, sino por la rigidez con la que muestren tales diferencias. «Si somos flexibles a nivel cognitivo, tolerantes y empáticos, claro que se puede tener una pareja que vota diferente», afirma.
A su juicio, hay personas que fusionan demasiado su identidad personal con la política y «cuanto más fusionado estés con tu ideología, menos capacidad para compartir con otras personas». Por el contrario, hay quien sabe diferenciar entre la persona y lo que vota, y piensa: «Me enamoro de la persona, no de su ideología».
Y coincide con los sociólogos en el sentido de que la polarización política actual sí lleva a muchos a verlo todo en clave de «blanco o negro y de buenos y malos»: «No son capaces de ponerse en el gris y obviamente esas personas van a encontrar dificultades en establecer relaciones, ya no solo de pareja sino de amistad, con otro que piensa diferente».
Destaca además el concepto de «valores nucleares», aquellos que sí se pueden definir como líneas rojas importantes para alguien: «No me importa a quién votas siempre y cuando respetes los derechos humanos». En el caso de estas parejas ‘mixtas’ ideológicamente «solo con que uno no acepte al otro, se acabó».