En ocasiones, el silencio es la expresión más obvia de vergüenza. Los partidos de la órbita del Gobierno han tratado estos días de que la mancha de José Luis Ábalos no les alcance y el PSOE se desgaste solo en las valoraciones. Las dudas de cuánto podrá estirar Pedro Sánchez la legislatura se acrecientan. La ausencia de un rumbo definido, por la ruptura de relaciones con Junts y el estrépito constante de los casos de corrupción, atormenta a los grupos de la mayoría gubernamental pero no lo suficiente para romper el cordón umbilical con el Ejecutivo socialista.

A diferencia de lo que sucedió con el escándalo de Santos Cerdán y su entrada en la cárcel, la prisión preventiva del exministro y exsecretario de Organización del PSOE no les ha pillado por sorpresa. Las corruptelas de Ábalos y Koldo García llevan casi dos años en danza. El desvelo de los socios, después de que el segundo hombre de confianza de Sánchez haya pisado Soto del Real, es si hubo o no financiación ilegal. Y todavía, a pesar del intento de chantaje público que Ábalos ha lanzado contra el presidente, creen que no existió y la corrupción está circunscrita a los tres.

Hasta Junts, que vive su mayor crisis con Sánchez, ha decidido borrarse de este asunto y mantener un «perfil bajo»https://www.elconfidencial.com/espana/2025-11-29/socios-dejan-solo-psoe-abalos-mantienen-cordon-umbilical-sanchez_4256900/.»Nosotros condenamos la corrupción», explican fuentes de la formación, «pero también sabemos que la justicia española está politizada y no les haremos el juego«. Este viernes, tras el encarcelamiento de Ábalos, Alberto Núñez pedía en Barcelona a los empresarios de Foment del Treball que convenzan a Carles Puigdemont para desalojar a Sánchez de la Moncloa con una moción de censura.

El presidente se agarra para continuar a que no hay votos suficientes para echarle del poder. Pero el PNV comienza a dudar de que Sánchez se pueda sostener a cualquier precio. Su presidente, Aitor Esteban, destacó ayer que «las costuras del Estado se están tensando e incluso rompiendo mucho; no solo es la entrada en prisión de Ábalos, lo de Santos Cerdán y lo de la Fiscalía General, sino que hay una inestabilidad parlamentaria que hace prácticamente imposible conseguir una mayoría». En una reciente entrevista en Eldiario.es aseguró que si él fuera Sánchez «iría pensando en cómo y cuándo convocar elecciones». Los vascos piensan que el bloqueo de Junts, que ya no se aviene a negociar nada con el Ejecutivo, es definitivo.

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Desde hace unos meses, el pesimismo entre los socios es la tónica general. El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, no se cansa de repetir que Puigdemont apoyará finalmente una moción de censura con PP y Vox y pondrá punto y final al Gobierno de coalición. Pero la entente se mantiene. «Nuestra línea sigue siendo la misma. Si se demuestra financiación ilegal del PSOE, habrá que dar la voz a la ciudadanía», comentan fuentes del grupo parlamentario. «Si son tres caraduras o va más allá».

A pesar del golpe reputacional que ha supuesto la prisión provisional del exministro, la Moncloa ha optado por obrar como si no pasara nada. La prueba de que le conceden menos importancia política que dieron en su día a la corrupción de Cerdán, es que el Gobierno no se ha sentido obligado a dar explicaciones a los grupos parlamentarios.

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La implicación de Ábalos en adjudicaciones irregulares de obra pública y cobro de comisiones era conocida y la Moncloa no ha tenido esta vez, al menos por el momento, la necesidad de levantar el teléfono. Una circunstancia que corroboran en dos formaciones. Están, señalan, «desaparecidos».

En el Ejecutivo se afanan en distanciarse al máximo de su exsecretario de Organización y atribuyen a su estrategia de defensa la guerra que ha abierto contra Sánchez y sus excompañeros del Consejo de Ministros. La vicepresidenta primera, María Jesús Montero, manifestó ayer que Ábalos «sabe perfectamente» que ni el PSOE ni el Gobierno de Pedro Sánchez «jamás se va a dejar chantajear por nadie».

Tras la primera tanda de mensajes con Sánchez que filtró, en Presidencia revisaron todo el intercambio de whatsapps entre el jefe del Ejecutivo y su principal colaborador para descartar nuevos sustos. Nunca han dado demasiado pábulo a las amenazas de Ábalos de tirar de la manta, pero es impepinable que un secretario de Organización, del partido que sea, maneja siempre información controvertida. En este caso, no se trata de uno sino de dos.

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El borrón de Santos y Ábalos se cierne sobre los socios pero más aún sobre Sumar. El otro partido de la coalición se esfuerza estos días por reclamar más reformas legislativas que eviten nuevos casos de corrupción. En teoría era prácticamente imposible influir en los contratos de obra pública. Hasta que llegaron ellos dos.

En ocasiones, el silencio es la expresión más obvia de vergüenza. Los partidos de la órbita del Gobierno han tratado estos días de que la mancha de José Luis Ábalos no les alcance y el PSOE se desgaste solo en las valoraciones. Las dudas de cuánto podrá estirar Pedro Sánchez la legislatura se acrecientan. La ausencia de un rumbo definido, por la ruptura de relaciones con Junts y el estrépito constante de los casos de corrupción, atormenta a los grupos de la mayoría gubernamental pero no lo suficiente para romper el cordón umbilical con el Ejecutivo socialista.