Doña Letizia volvió a deslumbrar la noche de este miércoles con la tiara Cartier durante la cena de gala ofrecida en honor al presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, y su esposa, Elke Büdenbender. Para el banquete de Estado en el Palacio Real, la Reina recuperó tras siete años esta joya, una de las más emblemáticas de la Corona española. Tras esta aparición han salido a la luz dos importantes detalles: el primero es que la tiara ha sido restaurada, y el segundo, y más importante, es que se ha desvelado el origen real de esta pieza.
De ambas pesquisas se ha encargado David Rato, experto en joyería y responsable de la cuenta de Instagram ‘Spanish Royals Jewels’. Según cuenta a Vanitatis, «la tiara ha pasado claramente por un taller: se aprecia más limpia y luminosa. La base de terciopelo ha sido sustituida por otra más acorde al tono de cabello de la Reina. Además, da la impresión de que la estructura ha sido ajustada, quizás afinando la curvatura o modificando ligeramente el soporte interno, para que se adapte mejor a su cabeza y caiga de forma más natural»,
La tiara Cartier en 2018 con su anterior base. (Gtres)
Rato añade: “Tras estos ajustes, solo podemos esperar que la tiara vuelva a los salones de Palacio con más frecuencia. Sería maravilloso que recuperara también la versatilidad original, aquella que permitía sustituir las ocho perlas centrales por piedras de color, abriendo un abanico de combinaciones sorprendente”.
La historia de la tiara Cartier es un rompecabezas fascinante que empezó con dos diademas muy distintas pertenecientes a Victoria Eugenia. Durante años se desconocía exactamente cómo había nacido la pieza, hasta que David Rato ha aclarado el proceso esta misma semana: la actual tiara procede de la unión de dos joyas que la reina rEna ecibió como regalos de boda en 1906.
La tiara Cartier con la nueva base. (Limited Pictures)
Una de ellas, apodada “la de Barcelona”, fue obra del taller Masriera. Era un ejemplo del modernismo catalán: diamantes, perlas, esmaltes y un diseño cargado de referencias heráldicas que le entregó un grupo de nobles catalanes. La otra era una pieza de inspiración Luis XVI, mucho más clásica: un entramado de lazos, hojas y ramas realizado en diamantes y coronado por ocho perlas, elaborada por Ansorena a partir de joyas heredadas de la reina María Cristina.
En un inventario escrito de puño y letra por Victoria Eugenia en 1909 ambas aparecen claramente descritas. Allí anotó una frase reveladora, “two made into one”, que dejaba constancia de la intención de fundirlas en una única creación. Esa nueva tiara tomó forma en la década de 1920, cuando la reina envió las dos piezas a Cartier para que diseñaran algo totalmente distinto.
La diadema Masriera. (Cortesía)
Cartier ideó entonces una tiara de aire eduardiano formada por seis motivos en forma de rama, cada uno con una gran perla central, rematados por una séptima perla en la parte superior. Además de su elegancia, la casa francesa introdujo una característica hoy muy apreciada: la posibilidad de sustituir las perlas centrales por piedras de color.
A comienzos de los años treinta, la tiara fue modificada por primera vez. Se eliminó la perla superior y se añadieron dos volutas adicionales a los lados, lo que equilibró la silueta y facilitó la sujeción en la cabeza. No tardaría en llegar el cambio más impactante: la sustitución de todas las perlas por esmeraldas. De este modo, la joya pasó a integrarse en el célebre conjunto de esmeraldas que Victoria Eugenia había heredado de su madrina, la emperatriz Eugenia de Francia.
La reina conservó aquel aderezo de esmeraldas durante la mayor parte de su exilio, aunque en 1961 se vio obligada a vender tres piezas del conjunto en una subasta en Ginebra. Para entonces, las esmeraldas de la tiara ya habían sido reemplazadas de nuevo por perlas, recuperando su identidad más clásica. Tras la muerte de Victoria Eugenia en 1969, la diadema pasó a manos de su hija menor, la infanta María Cristina. Sin intención de quedarse con una joya de ese calibre, decidió, antes de subastarla, ofrecérsela a su sobrino, el príncipe Juan Carlos. Él aceptó, garantizando que la pieza regresara al joyero real.
Victoria Eugenia con la tiara Cartier con esmeraldas. (Cortesía)
La reina Sofía la estrenó en 1987 durante un viaje oficial a Tailandia y Nepal y, desde entonces, la convirtió en una de las tiaras más emblemáticas de su etapa como consorte. En 2018, fue doña Letizia quien la recuperó para una cena de gala en honor del presidente de Portugal. Tras la reciente puesta a punto y los retoques realizados, todo indica que volverá a convertirse en una de sus opciones favoritas para las grandes ocasiones.
Doña Letizia volvió a deslumbrar la noche de este miércoles con la tiara Cartier durante la cena de gala ofrecida en honor al presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, y su esposa, Elke Büdenbender. Para el banquete de Estado en el Palacio Real, la Reina recuperó tras siete años esta joya, una de las más emblemáticas de la Corona española. Tras esta aparición han salido a la luz dos importantes detalles: el primero es que la tiara ha sido restaurada, y el segundo, y más importante, es que se ha desvelado el origen real de esta pieza.