El partido entre el Sporting y el Andorra tuvo un final intenso y sorprendente. “Hubo un momento en que no sabías hacia dónde enfocar con la cámara; no sabías hacia dónde disparar”, comentaba un fotoperiodista después del encuentro. Y esos instantes de alta intensidad comenzaron con el cambio de Dani Queipo; a partir de ahí se desatan sobre todo emociones que Borja Jiménez debe empezar a analizar, asimilar y a controlar a partir de ahora por lo que puedan afectar a su equipo.
El entrenador no se mostró ajeno a todo lo ocurrido y así lo analizaba en la sala de prensa: “Hablamos de la salud mental. Estamos con la máxima exigencia, que tienen que estar más acertados, pero a veces sobrepasamos líneas sin darnos cuenta y vienen los problemas. Los jugadores están con una presión muy grande de un club como éste y hay que saber llevarla, pero son los nuestros. No vendrá nadie a defender o a hacer goles. Tenemos que sacar su mejor versión mientras estén aquí”.
Borja Jiménez confesó tener “mucho respeto al aspecto mental” y recordó que la mejor versión de un futbolista “se da cuando está en un buen estado de ánimo”. El técnico abulense dice incidir mucho en eso “porque, a veces, no es tanta táctica sino cómo se siente el futbolista y ahí tratamos de que estén lo mejor posible”.
La alarma se ha encendido en el Sporting con este asunto y el detonante en este último encuentro fue la salida del campo de Dani Queipo. El joven extremo, que reapareció como titular después de ocho partidos sin jugar un solo minuto y tras ser señalado por Garitano tras la derrota ante el Albacete (3-4), se derrumbó cuando fue sustituido.
Queipo se retiró del campo ovacionado, después de un buen encuentro, y rompió a llorar tras el abrazo cariñoso de su entrenador. No había consuelo para él mientras se sentaba en el banquillo y por ello recibió también los abrazos continuados de varios compañeros. Especialmente emotivo fue el más prolongado que le dio Yann Kembo.
A ese momento, todavía con 0-0 en el marcador, le siguieron el gol de Lautaro, el enfado del público por la entrada de Caicedo y la explosión final de los aficionados con un grito que sonaba con fuerza y más asiduidad en la época anterior, pero que no habían catado con toda su virulencia en Orlegi Sports: “Directiva, dimisión”. La tensión subió de manera gradual en El Molinón.
Un error de Lucas Perrin en la salida del balón provocó el gol visitante en la primera llegada del Andorra ante Yáñez. El 0-1 cayó como un jarro de agua helada en el estadio y desató el nerviosismo tanto en la grada como en el verde. Provocó incluso el primer desencuentro de Borja Jiménez con un sector de la grada que tenía a su espalda. El técnico recriminó los pitos de los aficionados, a quienes reclamaba aplausos para el jugador, cuando llamó al ecuatoriano para ingresar en el terreno de juego. “Es uno de los nuestros”, recordó después en la sala de prensa.
Después llegó la última jugada del partido, a raíz de un remate precisamente de Caicedo y los cinco minutos de incertidumbre por la revisión de la jugada en la sala VOR hasta que decidieron enviar al árbitro al monitor. En ese tiempo ya comenzaron a arreciar en las gradas los gritos de “Directiva, dimisión”. La afición critica a Orlegi Sports por una gestión deportiva que ha debilitado al equipo rojiblanco en las últimas temporadas.
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Ni el empate, obra de Gelabert al transformar el penalti, fue capaz de apaciguar los ánimos. La afición se marchó muy enfadada tras un partido con numerosas ocasiones falladas y el enésimo error defensivo que le cuesta un gol a su equipo. Era el quinto partido consecutivo para el Sporting sin conocer la victoria y tras el tercer empate seguido en El Molinón. Las tres victorias seguidas en el inicio de Borja Jiménez en el banquillo parece que han quedado en el olvido.
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