Un año y medio después de su fallecimiento, la herencia de Shannen Doherty sigue envuelta en una encrucijada que no da señales de resolverse. La actriz estadounidense, conocida por los personajes de Brenda Walsh en ‘Sensación de vivir’ y a Prue Halliwell en ‘Embrujadas’, dejó tras de sí un patrimonio que hoy se ve manchado por una disputa sucesoria aún abierta.
Sus herederos han presentado una nueva moción en la que acusan a su exmarido, el fotógrafo Kurt Iswarienko, de incumplir varias disposiciones del acuerdo de divorcio que ambos firmaron en julio de 2024, apenas un día antes de la muerte de la actriz.
Lee también
Paula Melia

Según documentos oficiales obtenidos por People, los abogados de Doherty afirman que Iswarienko no ha cumplido con varias “obligaciones monetarias”, entre ellas la venta de una propiedad en Dripping Springs, Texas -valorada en 1.5 millones de dólares- cuyas ganancias debía dividir a partes iguales con el patrimonio de la actriz. El fotógrafo se habría negado a poner la casa en venta ya que actualmente se encuentra residiendo allí, según la última dirección que proporcionó su aboga, Harlee M. Gasmer.
Los documentos presentados por Christopher Corazzo, administrador de la herencia, indican que Iswarienko no ha devuelto los bienes acordados, entre ellos un cuadro de Salvador Dalí, una camioneta Ford de 1979 y dos Range Rover (de 2007 y 2019), ni ha entregado objetos personales y fotografías de Doherty, que debía devolver antes del 1 de septiembre de 2024.

Shannen Doherty no ha dejado de trabajar.
Instagram.com/theshando
Asimismo, también se afirma que Iswarienko debía comprar la participación de Doherty de un avión Mooney M-20 por 100.000 dólares y transferir esa suma a su patrimonio tras la venta realizada en agosto de 2024. Sin embargo, este habría retenido unilateralmente los 50.000 dólares.
La estrella de Embrujadas presentó la solicitud de divorcio en 2023, tras 11 años de matrimonio, alegando diferencias irreconciliables. “El divorcio es lo último que Shannen quería”, dijo entonces su representante, Leslie Sloane. Más tarde afirmó que él le había sido infiel durante su relación y que lo descubrió justo ante de someterse a una cirugía cerebral para extirpar el tumor. “Entré en la operación después de enterarme de que mi matrimonio estaba prácticamente terminado, que mi esposo había tenido una aventura durante dos años”, compartió en su podcast Lets be clear.
Según los documentos presentados, Doherty firmó la separación el 12 de julio, renunciando a la manutención conyugal, y Iswarienko selló el acuerdo un día después, el mismo día de su muerte. Con su fallecimiento, la disolución quedó en un limbo legal: en muchos sistemas jurídicos, la muerte interrumpe ciertos procesos de divorcio. Por ello, los abogados de la familia sostienen que todos los bienes que estaban en negociación al momento de su muerte deben revertir a la herencia. Si los tribunales deciden que la disolución no es válida por la muerte de una parte antes de su ejecución completa, muchos de esos bienes podrían revertir al patrimonio de Doherty y, por tanto, llegar a sus heredero.