En un ciclismo actual, dominado por los números y donde cada aspecto de la competición y de la preparación está perfectamente medido y en el que, además, la igualdad es máxima, la cabeza suele convertirse en ese elemento diferenciador que determina si el ciclista se corta de un grupo o es capaz de agarrarse a la rueda o incluso atacar cuando el dolor de piernas te dice que pares.
Aprender a convivir con el dolor y el sufrimiento que el ciclista sufre en los momentos de pedalear al límite es el objetivo por el cual la figura del psicólogo deportivo es cada vez más común dentro de los equipos para que los ciclistas cuenten con herramientas y sean capaces de gestionar esos momentos al límite en los que su cabeza les dice que se rindan.
Para ahondar más en el trabajo de los psicólogos deportivos de los equipos ciclistas, la conocida web Velo, ha entrevistado a los que trabajan con el EF Education-EasyPost y Human Powered Health que les han explicado cómo enseñan a diario a los ciclistas a no temer el dolor sino a aceptarlo y dominarlo.
Cualquiera que entrene de forma estructurada seguro que ha vivido uno de esos días en los que sabes que tienes que realizar unos duros intervalos y sólo de pensar lo que espera hasta que llega la hora del entrenamiento ya nos vamos sugestionando sobre el sufrimiento que vamos a vivir hasta tal punto que nos bloqueamos y directamente el entrenamiento no sale pese a que nuestros datos de potencia dicen que deberíamos poder realizarlo perfectamente.
Sin embargo, el ciclista mentalmente entrenado estará esperando ese entrenamiento como un reto, sabrá que es el camino para conseguir su objetivo y tendrá la confianza en sus capacidades físicas como para saber que tiene la capacidad física para clavar el entrenamiento.
Según explican estos psicólogos deportivos, el primer paso consiste en saber reconocer cuándo comienzan a tener pensamientos negativos para que, cuando lleguen, sean capaces de decir “basta”, tomar un segundo de pausa mental y aplicar distintos ejercicios mentales y técnicas que les permiten canalizar esos pensamientos.
Ese sería el segundo paso, aprender a reenfocar esos pensamientos que limitan la capacidad de esfuerzo y transformarlos en algo positivo. Una de las técnicas que esos psicólogos coinciden es hacer que el ciclista sea consciente y recuerde en esos momentos el por qué hace eso ya que, más allá de una forma de ganarse la vida que apasiona a prácticamente todos los que se suben a una bicicleta, siempre encuentran motivaciones más profundas que se pueden aprovechar en esos momentos en los que la cabeza pide parar.
Unas motivaciones que pueden ir desde conseguir una victoria para homenajear a alguien, superar el síndrome del impostor que algunos dicen padecer o simplemente tratar de demostrar algo. En todo caso son motivaciones poderosas a la hora de ser utilizadas en los momentos más difíciles de la competición. En todo caso, los psicólogos siempre buscan explorar nuevas motivaciones en los ciclistas profesionales con los que tratan para que se conviertan en herramientas a la hora de lidiar con el sufrimiento.
En todo caso, la conclusión es que si bien los vatios, la nutrición, la aerodinámica, etc son los que deciden las carreras, el ciclista, por muchas cualidades que cuente, sólo puede llegar hasta donde su cabeza se lo permita. Así que, evitar que la mente se convierta en un factor limitador del rendimiento ha hecho que la figura del psicólogo deportivo cada vez sea más relevante en las plantillas de los equipos profesionales.