Estos dos años de genocidio en Gaza bajo los ataques del Ejército israelí han dejado un saldo tenebroso, que reflejan que estamos ante uno de los grandes desastres humanitarias del siglo XXI. Alrededor de 67.000 menores de edad han sido asesinados o heridos, maltrechos en la mayoría de casos con mutilaciones.

En el día internacional de la solidaridad con el pueblo palestino la Unión General de Trabajadoras y Trabajadores (UGT) reafirma una vez más que el horror que se ha vivido en Gaza sigue presente y no debe ser olvidado, que la difícil situación palestina no comenzó hace dos años y que las problemáticas del pueblo palestino no solo se encuentran en Gaza, sino también en Cisjordania y los territorios ilegalmente ocupados por los colonos israelíes.

UGT considera que la defensa del pueblo palestino es un deber de cualquier organización democrática y que este día recuerda la que los países occidentales han promovido la ocupación y el empoderamiento militar de Israel generando un Estado que ya no responde al derecho internacional, sino a sus propios intereses políticos. 

Además, en este actual gobierno ultraderechista liderado por Netanyahu, muchos de los intereses tienen una perspectiva que parte del extremismo religioso. Occidente ha armado, legitimado y apoyado a un país que rige sus acciones bajo argumentos religiosos, un peligroso ejercicio que ha tenido como consecuencias un genocidio contra los palestinos.

En esta jornada reafirmamos nuestro compromiso con el pueblo palestino y los legítimos representantes de los trabajadores palestinos, particularmente los compañeros y las compañeras de la PGFTU, que unen a su labor sindical un trabajo humanitario que les ha puesto en grandes riesgos, como demuestran la ocupación de su sede en Nablus por parte del ejército israelí el pasado mes de octubre.

Asimismo, exigimos a la comunidad internacional que deje de mirar hacia otro lado y asuma su responsabilidad histórica y presente en este conflicto. No basta con declaraciones simbólicas: es imprescindible que los Estados, las instituciones multilaterales y los organismos de derechos humanos actúen con firmeza para garantizar el fin inmediato de toda agresión, el levantamiento total del bloqueo a Gaza y la protección efectiva de la población civil palestina. 

La inacción, o peor aún, la complicidad mediante apoyo militar o diplomático a Israel, perpetúa un sistema de opresión que ningún pueblo debería soportar. La solidaridad debe traducirse en mecanismos reales de presión que obliguen al cumplimiento del derecho internacional y al reconocimiento efectivo de los derechos del pueblo palestino.

Del mismo modo, rechazamos el actual acuerdo de paz impulsado desde la Administración Trump, que, en lugar de responder a las demandas legítimas del pueblo palestino, reproduce lógicas coloniales y busca imponer una solución diseñada sin su participación plena y soberana del pueblo palestino. Un acuerdo que no garantiza un plan claro para la autodeterminación y que legitima hechos consumados producto de la ocupación y la violencia no puede considerarse un camino hacia la paz, sino una prolongación del sometimiento. La paz no puede construirse desde la imposición ni desde el desequilibrio de fuerzas, sino desde la justicia, la reparación y el respeto absoluto a los derechos humanos y nacionales de Palestina.