Lo que hace unos años era un pequeño promontorio sin más historia que servir de punto de calor para el UAE Tour, hoy aparece ya en los mapas de obra como una de las piezas más llamativas del macroproyecto deportivo de Abu Dabi. La colina artificial de Al Wathba —y, más recientemente, las elevaciones que se levantan también en la isla de Hudayriyat— se han convertido en el centro del último debate mundialista: ¿está Emiratos construyendo su propia montaña para endurecer el recorrido del Campeonato del Mundo de 2028 y, de paso, favorecer a corredores como Pogacar?

La pregunta no nace en un despacho ni en un comentario de cafetería: la encendió Tim Merlier, uno de los velocistas dominantes del pelotón, cuando aseguró que veía “crecer cada año” una colina justo al lado de las zonas por las que, previsiblemente, discurrirá la carrera. Sus palabras, lanzadas en una charla distendida con Jan Bakelants, prendieron la mecha. Y, en este caso, el rumor encontró un terreno bastante fértil: la colina existe, está documentada y forma parte de un complejo deportivo que ha ido elevándose capa a capa, talud a talud, como si el emirato quisiera modelar su propio relieve donde antes solo había llanura infinita.

Una montaña hecha con las manos… y con miles de toneladas de material

La estructura de Al Wathba empezó siendo casi anecdótica en 2023: un repecho de 1,4 kilómetros cercano al 6% y con alguna rampa aislada que se aproximaba al 9%. Suficiente para un KOM discreto en pleno desierto, pero insuficiente para una selección seria. Era, poco más, un capricho para “mover piernas” en las etapas llanas del UAE Tour.

Pero eso cambió muy rápido. Para 2026, la loma medirá 2 kilómetros, acumula 92 metros de desnivel y se endurece de verdad en los últimos 500 metros, donde se clava en torno al 11%. No es casualidad: el montículo se ha levantado con arena procedente de antiguas dunas fósiles, áridos extraídos del propio desierto, capas de geotextil para evitar desplazamientos y un asfalto especialmente compactado, diseñado para soportar altas temperaturas sin que el firme “flote”.

Y lo más llamativo es lo que viene: según documentos internos del emirato consultados por empresas de obra civil, para 2028 la idea es rematar una ascensión mucho más seria, de unos 3,8 km, pendiente media cercana al 6,5% y un final que rondará el 11% en casi un kilómetro. Los últimos 250 metros, incluso, podrían alcanzar el 13%. Una subida corta, sí, pero sostenida, achicharrada por el calor y expuesta al viento: justo ese tipo de terreno donde un velocista puro empieza a ver cómo el ácido láctico dicta sentencia.

Hudayriyat: la colina que enseña la nueva cara de Abu Dabi

La otra gran novedad está en Hudayriyat, una isla transformada a golpe de dragado y urbanismo agresivo, que acogerá un velódromo cubierto, parques deportivos, circuitos ciclistas permanentes y, como guinda, una serie de taludes artificiales que ya superan varias decenas de metros de altura. Aquí la pendiente es más variada: desde rampas suaves del 4–5% hasta paredes que puntualmente rozan el 10%. No son montañas alpinas, ni lo pretenden. Son lomas de diseño, concebidas para dar al paisaje una tercera dimensión y para ofrecer al ciclismo un elemento que simplemente no existe de forma natural en el Golfo.

Cada nueva capa de obra confirma que no se trata de un decorado temporal. Los taludes se estabilizan con sistemas de drenaje capaces de soportar lluvias torrenciales —raras, pero violentas— y el acabado incluye vegetación resistente al salitre, senderos y zonas de paso para público. Si finalmente el circuito mundialista pasa por allí, la isla se convertirá en un estadio al aire libre para miles de aficionados… y en una prueba de esfuerzo para los ciclistas.

La tensión deportiva: sprinters contra la nueva geografía

Merlier lo dijo sin rodeos: “La están haciendo más alta cada año. Para mí, el arcoíris nunca llegará”. Su frase retrata el cambio de tendencia: desde Bergen 2017, casi no hay mundiales para velocistas puros, y Montreal 2026 y Alta Saboya 2027 seguirán la misma línea. Abu Dabi, en teoría, debía ser la excepción: la UCI vetó un final en Jebel Hafeet y pidió expresamente un recorrido llano.

Pero la presión del propio emirato por mostrar músculo urbanístico y deportivo reabrió la puerta a otro tipo de final. Y en un ciclismo cada vez más dominado por corredores totales —Pogacar como ejemplo supremo— una cota artificial repetida vuelta tras vuelta podría partir la carrera por desgaste. Con 40 grados, viento cruzado y repechos a ritmo de vatios/kilo, un sprint masivo no es ninguna garantía.

El mapa, el tesoro que nadie suelta

A día de hoy, no hay rutómetro oficial. El Abu Dhabi Sports Council enseña el velódromo, la isla, los centros deportivos… pero no revela la vuelta del Mundial. Todo está pactado con discreción con la UCI, que juega un equilibrio delicado: reclama seguridad, espectáculo y, en lo posible, pluralidad deportiva.

Lo único claro es que, si la carrera entra en Hudayriyat o en Al Wathba, la lucha será de puncheurs y corredores todoterreno. Si se mantiene un circuito urbano cerca de Corniche, Yas o Saadiyat, el viento será el protagonista y los trenes de sprint tendrán más opciones. Lo demás es ruido. Pero un ruido que crece, como la propia colina.

Pogacar sonríe, Merlier suspira y Abu Dabi gana conversación

En un ciclismo donde cada detalle cuenta, Emiratos ha conseguido algo que pocos sedes logran con tres años de antelación: colocar una obra civil en el centro del debate deportivo mundial. Mientras las compactadoras siguen moldeando Hudayriyat, Pogacar observa con media sonrisa. Merlier, con el ceño fruncido. La UCI, con la lupa. Y el aficionado, con curiosidad por saber si en 2028 el arcoíris se decidirá en un sprint a 70 por hora o en una colina moldeada a mano, piedra a piedra, por uno de los países más ambiciosos del planeta. Lo único seguro es que la montaña ya existe. Y que el debate, gane quien gane, también puntúa.