Además en la música y el cine, Barbra Streisand es una figura respetada en el coleccionismo. Hace unos días, ella misma recordó esta faceta no tan conocida de su vida al compartir con sus seguidores de Instagram lo mucho que se arrepiente de haberse desprendido de una pintura de Gustav Klimt. En una foto que le tomó en 1969 el fotógrafo americano Lawrence Schiller, la cantante de Woman in Love aparece posando en su suite del hotel Claridge’s de Londres con dos acuarelas de Egon Schiele y la obra de Klimt en cuestión, Ria Munk en su lecho de muerte, un retrato posmortem que Klimt pintó en 1912 por encargo de la familia de la rica heredera vienesa de ese nombre: un año antes, la joven Ria Munk se había quitado la vida por culpa de un desengaño amoroso.
Según explica Streisand en su publicación, lo compró por 17.000 libras aquel mismo año de 1969 y no lo vendió hasta 1998, cuando empezó a interesarse más en adquirir piezas del arquitecto estadounidense Frank Lloyd Wright y el movimiento Arts & Crafts. La cantante no aclara por qué se arrepiente tanto de haberlo vendido (“Nunca deberías vender el arte que amas”, aconseja al final de su mensaje), pero cualquiera que esté al tanto de las últimas noticias del mercado de arte la comprenderá muy bien. Solo unos días antes, la venta en Sotheby’s de otro retrato de Klimt (el de Elisabeth Lederer, precisamente prima de Ria Munk) logró el precio más alto de la historia de esa casa de subastas al alcanzar 236.4 millones de dólares. O lo que es lo mismo, más de doscientas veces el precio que Christie’s estimó que alcanzaría el Klimt de Streisand en una subasta de 1998 (se desconoce el precio final, pero debió de quedar muy por debajo del que conseguiría ahora).
Barbra, coleccionista
En My name is Barbra, las memorias que publicó hace un par de años, la cantante y actriz relata otras frustraciones parecidas, como cuando en 2013 una visita al dentista hizo que se quedara sin La judía, un cuadro de Modigliani que se subastaba en ese mismo momento. Bajo los efectos de la anestesia, Streisand le pidió al doctor que se detuviera para poder hacer una puja por teléfono, pero su intentó fracasó y al final se quedó sin el cuadro. “La Judía es un retrato de Maud Abrantes, la amante americana de Modigliani, y tenía una protuberancia en la nariz como yo”, dice Streisand.
Modigliani es su artista preferido y llevaba detrás de sus obras desde los comienzos de su colección, que según explica en ese mismo libro empezó de manera paralela a su carrera.
En el apartamento que alquiló en Nueva York después de fichar para su primer espectácula de Broadway en 1961, se contentó con colgar una reproducción barata del cuadro de Rembrandt Mujer bañándose en un río, pero solo tres años más tarde ya era lo bastante rica como para comprarse originales de los maestros.