Esta es la 71a entrega de ‘Después de los 60’, la sección de testimonios sénior donde recogemos experiencias vitales en esta etapa de la vida. Nos puedes hacer llegar tu historia a seniors@lavanguardia.es.

Hay historias que son el resumen perfecto de toda una vida de resiliencia, y la de Beatriz es una de ellas. Gallega, de 65 años recién cumplidos, su vida empezó a cambiar el día que el mercado laboral español decidió que su marido, con 42 años, ya era “muy mayor” para volver a trabajar. Hasta entonces llevaban una vida sencilla en su “querida Coruña”: los dos empleados, con un piso pequeño, pero acogedor, y una rutina estable, como muchos otros españoles, nada que hiciera pensar que las circunstancias les iban a hacer cruzar todo un océano para poder encontrar de nuevo la estabilidad.

El punto de inflexión llegó cuando su suegro, nacido en España, pero viviendo desde hacía décadas en Australia, enfermó, y necesitaba ayuda. Prepararon el viaje como pudieron, con todo lo que supone un vuelo a las antípodas. Pero el destino decidió que su padre falleciera justo una semana antes del vuelo. Aun así, Javier se marchó, estuvo en la incineración, arregló los papeles, y en pleno torbellino y sin muchas esperanzas se presentó a una entrevista de trabajo donde lo contrataron al momento. “¿Qué hago?”, le preguntó por teléfono a Beatriz. “Cógelo ya”, le dijo ella sin pensarlo.

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Así, Beatriz y su marido empezaron su nueva vida australiana. Una etapa llena de complicaciones, de visados imposibles, de llamadas a programas de radio buscando ayuda, y de una lucha para traer a Kanela, su perrita. Una vida que también incluyó un golpe inesperado: el “bicho de mama”, como ella prefiere llamar al cáncer que le diagnosticaron hace dos años, y que afrontaron solos, en inglés y en un país aún nuevo para ellos.

Hoy, cinco años después de aquel salto, Beatriz habla de Australia con mucha emotividad: allí se siente libre, segura y feliz, sin deberle nada a nadie y sin tener que demostrar nada, y aunque no le guste ser protagonista, su historia demuestra que empezar de cero no tiene edad. Nos lo cuenta en La Vanguardia. 

Beatriz y Javier son felices en su nueva vida en Australia

Beatriz y Javier son felices en su nueva vida en Australia. 

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La falta de oportunidades en España lo cambió todo 

Beatriz, acaba de cumplir 65 años y lleva cinco viviendo en Australia: ¿cómo era su vida en España antes de dar un giro tan grande?

Era una mujer muy normal. Perdí a mi madre cuando tenía 20 años, me tocó hacerme cargo de mi padre y trabajar sin parar. Me casé joven, me separé pronto y, de alguna forma, mi juventud real llegó después de los treinta, cuando pude empezar a vivir. Profesionalmente, toda mi vida fue la óptica: empecé con 18 años y pasé más de cuatro décadas en ese sector. Cuando pensé en venirme a Australia con 60, mi idea era mejorar mi inglés, quizá especializarme más o incluso dedicarme a la traducción, pero la pandemia y luego la enfermedad lo trastocaron todo.

Su marido perdió su trabajo en La Coruña y no conseguía que lo contrataran por tener 42 años. ¿Cómo vivió aquel momento en el que España le cerraba todas las puertas por “ser mayor”?

Fue terrible. Después de más de diez años en la misma empresa, lo despidieron con un burofax porque la compañía quebró. Nadie lo contrataba: ni supermercados, ni empresas de informática… Era humillante. Y él lo pasó terriblemente mal. Los hombres, cuando se ven en casa sin trabajo, se hunden más. Pintó la casa, arregló mil cosas… estaba desesperado. Estuvo un año y medio en paro, y ahí ya veíamos que España nos estaba empujando fuera.

Aún echan de menos a su perrita Kanela, quien les acompañó durante 11 años en muchas etapas de su vida

Aún echan de menos a su perrita Kanela, quien les acompañó durante 11 años en muchas etapas de su vida

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Él decidió viajar a Australia para ayudar a cuidar a su padre enfermo… pero falleció justo antes de que volara. ¿Qué supuso emocionalmente para ustedes ese golpe tan inesperado?

Fue un mazazo. Estuvimos con él el año anterior y, aunque no estaba bien, no esperábamos un final tan rápido. Durante ese año se deterioró mucho: ingresó varias veces, hacíamos videollamadas… pero no imaginamos que se iría justo una semana antes del vuelo. Él llegó para la incineración, los papeles, todo… pero el golpe emocional fue durísimo para ambos.

Cuando él llegó a Australia, consiguió trabajo enseguida. ¿Fue ese el punto de inflexión que les hizo plantearse dejar España definitivamente?

Sí. Justo después de arreglar los papeles de su padre, se presentó a una entrevista y lo contrataron al momento. Me llamó emocionado, sin creérselo. Y ahí los dos entendimos que quizá la vida estaba tirando hacia aquí. España ya nos había cerrado todas las puertas y Australia se las estaba abriendo de par en par.

Nunca es tarde si de verdad quieres cambiar tu vida

Beatriz Fraguela 65 años

Españoles en el extranjero
Un giro radical

Usted estaba trabajando en una óptica en La Coruña. ¿Qué le hizo decidir que iba a dejar su vida, su ciudad y su rutina para empezar desde cero al otro lado del mundo?

La situación se había vuelto insostenible: él aquí, yo allí, la pandemia de por medio… y encima yo me negaba a mandar a nuestra perrita Kanela sin mí. Yo dejé el trabajo porque se suponía que ya tenía vuelo, pero los vuelos se cancelaban una y otra vez. La gente hasta se reía: “¿Pero te vas o no?”. Entre las fronteras cerradas, los retrasos y el caos, llegó un día en que dije: “Como sea, pero me voy”. Y así fue.

Ha contado que conseguir su visado fue “una auténtica odisea”. ¿Qué trabas se encontró y por qué fue tan difícil?

Por el covid. Australia cerró completamente el país, aquí no entraba nadie. Estuve meses llamando a agencias en Galicia, Madrid y Barcelona, esperando cualquier vuelo humanitario o excepción. Llegué a escribir a programas de radio nocturnos porque ya no sabía por dónde moverme. La gente no entendía la angustia: estábamos separados, sin saber cuánto duraría. Cuando por fin encontré un vuelo, viajé sola hasta Abu Dhabi en un avión prácticamente vacío. Fue surrealista.

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Además del visado, tuvieron que luchar por llevarse a su perrita Kanela. ¿Por qué es tan complicado entrar con un animal en Australia y qué significó para ustedes?

Australia tiene controles estrictísimos: vacunas, pruebas, intervalos exactos… Y hay una prueba que debe hacerse justo días antes del traslado. Si sale mal, no puede volar. Eso nos tuvo con el corazón en un puño. Kanela es parte de nosotros; yo jamás la habría mandado sola. Su viaje fue una odisea: noche en Madrid, varias escalas… pero llegó bien. Traerla era tan importante que, si no la hubiesen dejado entrar, habría sido un drama para nosotros.

Aquí no hay ese ‘qué dirán’ ni críticas constantes. Me siento libre: sin complejos, sin tonterías

Beatriz Fraguela 

Hace dos años le diagnosticaron cáncer de mama, y usted misma dice que prefería llamarlo “el bicho”. ¿Cómo fue vivir una enfermedad tan dura lejos de su familia y con médicos que hablaban otro idioma?

Fue brutal. Todavía hoy me cuesta hablar de ello. Entre tratamientos, cirugías y efectos secundarios estuve más de dos años. Me sentía muy vulnerable: a veces no entendía las explicaciones médicas y dependía de traductores. Encima sufrí un intento de estafa de casi 900 euros cuando estaba psicológicamente destrozada. Fue devastador para los dos. Yo intentaba no preocupar a Javier, él intentaba no preocuparme a mí… y aun así fue de lo más duro que he vivido.

Dice que Australia es un país en el que se siente “libre y contenta”. ¿Qué tiene su vida allí que cree que en España nunca llegó a tener?

Todo. Aquí no hay ese “qué dirán” ni críticas constantes. Me siento libre: sin complejos, sin tonterías. Vivimos en una casa grande solo con el sueldo de Javier. En España, con dos sueldos, íbamos al día. Aquí me concedieron una pensión por discapacidad por “el bicho”, y a Javier lo ayudan por ser mi cuidador. Tengo chofer para las terapias, ayudas médicas gratuitas, una calidad de vida que en España jamás tuve. Y encima ahora estoy modelando para una marca australiana. Todo esto era impensable en mi vida anterior.

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‘Después de los 60’

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Junto a Javier, ha logrado encontrar el jugar donde quiere estar

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Estos días ha solicitado su jubilación española, tras 38 años cotizados. ¿Cómo imagina esta etapa de su vida en Australia y qué mensaje daría a quienes creen que emigrar con 40, 50 o incluso 60 es imposible?

Estoy deseando que llegue. Si España me paga lo que me corresponde, tendremos años maravillosos: viajar, volver a hacer cruceros, vivir cerca de la playa… todo lo que no pude disfrutar de joven. Siento que ahora empieza mi verdadera vida. Y a la gente que cree que “ya es tarde” le digo algo muy claro: nunca es tarde si de verdad quieres cambiar tu vida. Yo me vine con 60, enfermé al año, viví separaciones y dramas… y aun así es la mejor decisión que he tomado nunca.