En esta jornada, Bette Davis renunció al blanco. Alejada de los parámetros clásicos y vinculados a las piezas de corte princesa propias de la realeza, la fórmula por la que se decantó esta experta en comedia y drama era radicalmente distinta. Mucho se ha escrito acerca de que vistió un traje de tweed en esta jornada, pero no fue exactamente así. Escogió un tono azul, a medio camino entre el cobalto y el de Prusia, para su conjunto de falda y chaqueta: un dúo de piezas clásicas, que enmarcaban su cintura y dejaban ver una camisa a juego debajo. El tejido era de cuadros pequeños e incorporaba cuentas dispersas, bordadas en diagonal.
Como accesorios, lució unos pendientes de clip; un llamativo cinturón en forma de flor, en blanco y amarillo; un broche, colocado en la solapa, en forma de reloj y un tocado a juego, del mismo tono que el traje. En concreto, se trataba de un diseño tipo plato, que incorporaba una práctica diadema y que colocó reposado sobre su lado derecho. Su peinado fue sencillo, propio de la época, una melena midi, con las puntas onduladas y algo de volumen. Su labio rojo hizo el resto.

En su gran día, la actriz escogió un traje azul con tocado a juego.Bettmann / Getty Images
Tras este enlace, ella fue encadenando otros triunfos en la gran pantalla y en 1947 llegó al mundo la primera y única hija del matrimonio (la actriz tendría otros dos retoños más adelante, con su cuarto y último marido: el actor Gary Merrill). El nacimiento de Barbara Davis Sherry, mejor conocida como B.D, llegó a plantear a la actriz la encrucijada de convertirse en ama de casa o apostar por su carrera, tal y como ella misma revelaría en su autobiografía. Pero optó por lo segundo, al mismo tiempo en el que su relación con su marido se deterioraba. Los columnistas auguraban un mal futuro a la pareja y finalmente el 3 de julio de 1950 ambos firmaron el divorcio.