«Cuando miro estas imágenes, regreso a aquella etapa fascinante en la que Nueva York era mi casa y mi mayor escuela. Una ciudad que te envuelve, te reta y te inspira a cada paso», ha escrito Naty Abascal en su cuenta de Instagram. La modelo y consultora, ha publicado varias fotografías de aquellos días en la Gran Manzana en los que «tuvo la fortuna de trabajar con grandes fotógrafos y formar parte de campañas que marcaron mi camino», tal y como ella misma ha escrito. A sus 82 años, este gesto nostálgico invitada a recordar su fulgurante carrera. Un recorrido que, además, comenzó en las páginas de esta cabecera.
Eran mediados de los años sesenta y la revista Harper’s Bazaa publicaba en su edición estadounidense una serie en blanco y negro titulada The Magic Beauties. Las protagonistas, junto a unas imponentes Elizabeth Taylor o la bailarina Maya Plisétskaya, eran dos gemelas sevillanas mucho más desconocidas: Naty Abascal y su hermana Ana María. La modelo y editora de la revista China Machado les había echado el ojo y había quedado impresionada por su belleza de facciones angulosas y su elegancia. Y el resto es historia.
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Antes de llegar al Nueva York que ahora añora y recuerda la sevillana, fue un español quien la descubrió cuando veraneaba junto a su gemela: Elio Berhanyer. O más bien la mujer del diseñador, Mercedes, que posó en ellas su mirada cuando las vio en Marbella. Por aquel entonces el creador estaba organizando un evento en Nueva York y las reclutó. Su llegada a la Gran Manzana fue apoteósica: desfilaron para Elio, posaron para el mismísimo Richard Avedon y poco después, cuando ya habían regresado a Sevilla, las volvió a llamar. Desde entonces su carrera ha sido un no parar: es musa de Valentino, quien además es su amigo, y también lo fue de Óscar de la Renta. Conoció a Andy Warhol y a Salvador Dalí y hasta se coló en la segunda película de Woody Allen, Bananas.
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Aunque dejó de lado la moda cuando se casó en 1977 con un amigo de la infancia, Rafael Medina, duque de Feria, y regresó a Sevilla, muchos amigos –incluido Valentino– la seguían visitando en el número 2 de la Plaza de Pilatos y atrajo gran atención de la prensa social como duquesa de Feria. Ya divorciada, Naty continuó ejerciendo como musa de grandes diseñadores y como una de las personalidades más elegantes de nuestro país. Su hermana, alejada de los focos, ejerce hoy como reputada anticuaria en Sevilla, pero Naty continúa sentada en los más exclusivos front row de las semanas de la moda internacionales, protagonizando sesiones de fotos, trabajando como consultora de moda y, sobre todo, convertida en el icono de la industria que es. No hay mejor prueba que las imágenes que acaba de compartir para confirmarlo.