El encendido de las luces de la Navidad se ha convertido en una golosina para los alcaldes españoles, pero en Montecarlo esa es una tarea que corresponde a los príncipes.

Ayer al anochecer, el príncipe Alberto de Mónaco, la princesa Charlène y sus hijos, el príncipe heredero Jacques y la princesa Gabriella, fueron los encargados de inaugurar las luces navideñas de la plaza de Casino de Montecarlo, adornado durante estas fechas con un gigantesco árbol de Navidad y cinco enorme bolas de nieve. Según Paris Match, Jacques y Gabriella presionaron juntos el botón dorado. Entonces, sonó un villancico y la fachada del casino quedó iluminada. Las 6.000 lucecitas del árbol de Navidad se encendieron, y en el interior de las bolas de nieve aparecieron pequeñas escenas navideñas. Acompañados por sus padres, luego los hermanos se acercaron a saludar a Papá Noel, con quien estuvieron haciéndose fotos en el árbol.

Jacques y Gabriella presionaron juntos el botón que encendía las luces

Jacques y Gabriella presionaron juntos el botón que encendía las luces

David NIVIERE/SIPA

La princesa Charlène regresó después con ellos a palacio. Por el contrario, Alberto de Mónaco continuó su agenda con la gala de clausura del Festival des Étoilés de Montecarlo, un festival de cenas ofrecidas por los cuatro chefs con estrellas Michelin que trabajan en los distintos hoteles y restaurantes del resort monegasco la Societé des Bains de Mer -Alain Ducasse, Yannick Alléno, Dominique Lory y Marcel Ravin- que arranca en la primavera y que culminó con la velada de ayer.

Vestido de esmoquin, el príncipe Alberto de Mónaco estuvo acompañado en las Salles des Étoiles del Sporting de Montecarlo por varios de sus sobrinos, los hijos y la nuera de su hermana pequeña, la princesa Estefania: Louis y Marie Ducruet; Pauline Ducruet; y Camille Gottlieb. El menú consistió en un plato de cada uno los chefs y para disfrutarlo hubo que pagar 950 euros.

Alberto II con sus sobrinos en la cena final del Festival des Étoils de Montecarlos

Alberto II con sus sobrinos en la cena final del Festival des Étoilés de Montecarlos

David NIVIERE/SIPA