Introducción: Infinite Warfare, nostalgia y expectativas
Era octubre de 2016. Acababan de estrenar The Expanse en Netflix y ese fin de semana había llegado el primer Call of Duty que compré para mi nueva consola. El título fue Infinite Warfare. Al día de hoy sigue siendo la entrega de la propiedad intelectual que más disfruto. Las críticas no se hicieron esperar: se cuestionó duramente el multijugador por su jugabilidad y su campaña fue medianamente elogiada. Hasta ese momento, Infinite Warfare representaba el peor resultado que había tenido la franquicia.

La campaña: narrativa híbrida y decisiones que dividen
Call of Duty: Black Ops 7 llega en una temporada marcada por la expectativa y la polémica. La comunidad lo percibe como una de las entregas más inconsistentes de los últimos cinco años, y gran parte de esa percepción se debe a su campaña.
La narrativa, dirigida a través de David Mason —Section, hijo de Alex Mason—, se centra en la investigación de un supuesto regreso de Raúl Menéndez, el terrorista detrás del ataque de Cordis Die en 2025. Aunque Menéndez murió hace diez años, un mensaje en video lo trae de vuelta; sin embargo, la verdadera amenaza proviene de The Guild, una corporación de armas y robótica liderada por Emma Keagan. Su plan: atraer al escuadrón de Mason y someterlo a un arma biológica que provoca episodios psicoactivos.
Personajes, cast y el sello Treyarch
Personalmente, no soy tan cercano a las campañas que realiza Treyarch; discrepo de muchas interpretaciones y hechos históricos que recrean. Aunque no niego que la de BO2 es una de las mejores planteadas en cuanto a giros de trama y personajes.
Si bien los elencos de sus entregas solían ser interesantes —teniendo en sus filas a actores como Gary Oldman interpretando a Reznov o Michael Keaton haciendo la voz de Hudson, entre otros—, algo que me entusiasmó de esta entrega, en términos de cast, fue la incorporación de la actriz kiwi-samoana Frankie Adams, quien interpretaba a la sargenta de artillería Roberta “Bobbie” Draper en The Expanse. Aunque en la historia adquiere un tono caricaturesco, sigue siendo mi personaje favorito.
El experimento híbrido entre historia y multijugador
La campaña se convierte en un híbrido constante entre narrativa y multijugador, sin pausas ni tregua, lo que genera momentos desconcertantes. Escenas como Harper transformado en un gigante de ojos rojos rayan en lo caricaturesco, mientras que las batallas contra enemigos con barras de energía recuerdan más a un juego de jefes que a la tradición de la saga.
Este modelo híbrido, ya presente en Black Ops 6, se siente aquí más forzado y continuo, debilitando la experiencia narrativa.
Endgame y el modelo por temporadas
El desenlace abre la modalidad Endgame, pensada como ampliación cooperativa y episódica, lo que confirma que la historia se fragmentará en temporadas.
A estas alturas del partido, los jugadores estaban tan inconformes con la campaña que hubo quienes desistieron de terminarla para obtener el acceso a Endgame.
Poniéndolo en perspectiva, no es ni tan innovador ni tampoco original, pues al final termina siendo un shooter de extracción.
La polémica: IA en las calling cards y el debate comunitario
Tampoco podemos dejar de consignar las críticas hechas por la comunidad y la prensa especializada, como el uso de inteligencia artificial en las calling cards, algo que parece causar mucha molestia.
En descargo, deberían considerar consignar al artista que hizo las ilustraciones del Replacer en México.
Ese 2016 fue uno de esos momentos en que volvimos a ver la campaña de Infinite Warfare y nos preguntamos: “¿Qué hubo de malo en ese título?” Ese fue uno de esos casos en los que se puede decir que éramos felices y (no) lo sabíamos.
Multijugador: ritmo, modos nuevos y veteranía Treyarch
En contraste, el multijugador mantiene su robustez. Modos clásicos como Duelo por equipos, Dominio o Buscar y destruir siguen presentes, acompañados de dos novedades:
– Escaramuza, un enfrentamiento 20 vs. 20 en mapas abiertos.
– Sobrecarga, variante de Captura la bandera con dispositivos electromagnéticos.
Mientras Sobrecarga aporta frescura y ha sido bien recibida, Escaramuza resulta frustrante por sus puntos ciegos y abusos de altura.
Zombies, por su parte, conserva su fórmula, ahora con el evento Ashes of the Damned, que introduce enemigos con barras de energía y un vehículo personalizable para recorrer mapas más amplios.
Curva de aprendizaje, movilidad y desgaste de la fórmula
Estos aspectos son quizá lo más sólido de la entrega, como ya se ha dicho. Sin embargo, la fórmula se va desgastando.
La gracia de los multijugadores en los ciclos de desarrollo de Treyarch es, principalmente, lo vertiginoso de estos. En comparación con los otros estudios de Activision, son partidas más breves, mucho más ágiles y, a veces, más divertidas.
Aunque esta no es la excepción, la curva de aprendizaje se ha vuelto más extensa debido a los cambios que se hicieron desde BO6, como la limitación del omnimovement y la eliminación del sprint táctico.
Ahora se siente un poco más rígido y abigarrado, porque todo lo que aprendimos en BO6 lo tenemos que reformar con las nuevas ventajas, sus especialidades híbridas y el salto de pared.
Se siente como si no pudiéramos meter adecuadamente la tercera marcha en un automóvil de cambios manuales.
Quizá lo más positivo del multijugador de Black Ops 7 sea la opción de un foso abierto, algo muy esperado por la comunidad.

Conclusión: una entrega dividida, polémica y con momentum
El balance es claro: Black Ops 7 divide a su comunidad.
La insistencia en un modelo de juego como servicio, con narrativas fragmentadas y dependientes de temporadas, refleja una dirección ejecutiva que prioriza la continuidad sobre la innovación y la creatividad.
Si bien es uno de los lanzamientos más grandes de la propiedad intelectual a la fecha, es complicado pasar por alto estas nuevas condicionantes.
Pero no hay que ser tan severos: lo cierto es que aún tiene momentum que hace que siga siendo divertido jugarlo.
La saga necesita reevaluar sus bases y escuchar a su comunidad, pues el legado de veinte años exige algo más que fórmulas repetidas y experimentos híbridos.
El multijugador sigue siendo disfrutable, pero la campaña confirma que Call of Duty enfrenta un dilema creativo que no puede seguir ignorando.

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