Gijón ha elegido a su club de los cinco. No tiene nada que ver con la película ochentera, sino con los cinco artistas de la imagen que han quedado finalistas en el certamen para optar a la beca Nuevos Talentos que se ofrece anualmente en los Encuentros Fotográficos de Gijón. La 22.ª edición del festival se clausuró ayer en la Universidad Laboral con este certamen, en el que cinco propuestas llegadas desde Galicia, Mallorca, Tarragona, Ávila y Alicante se impusieron entre cuarenta porfolios para optar al galardón. De estos finalistas saldrá un ganador, que se conocerá en enero y cuya obra será comisariada durante un año, además de recibir una dotación económica de 2.000 euros por parte de Fuji y disponer de espacio expositivo en las jornadas gijonesas del año próximo.

Verónica Risalde llegó a Gijón desde Reus (Tarragona) para presentar un proyecto llamado «Somni», sueño en español. Se trata de un trabajo en el que utiliza el fotomontaje analógico, en el que juega con recortes de papel para construir «micromundos» en el que el tema central es la mujer. «Cada imagen habla de problemáticas propias y ajenas que vivimos las mujeres, en términos generales», explica la autora de unas imágenes «oníricas» en las que se habla desde la violencia, los miedos o el peso de la casa.

«Desde que se acabe el día» es la propuesta de la mallorquina Beatriz Polo, que aborda el episodio de «La desbandada», una masacre perpetrada por el bando sublevado en la carretera Málaga-Almería durante la guerra civil. La abuela de Polo vivió aquel suceso y «siempre lo contaba llorando». El porfolio consta de imágenes de espacios, que persiguen entender «cómo convivimos con los sitios donde han ocurrido con espacios que vivieron sucesos tan graves». A su vez, incluye retratos y entrevistas a supervivientes y familiares en un proyecto que entra en lo audiovisual.

El gallego Carlos Folgoso, de Verín (Orense) presentó «Alén do lago», «Más allá del lago». Tras labrarse una carrera como fotógrafo de agencias en el extranjero, sufrió unos reveses vitales, entre ellos una lesión que le tuvo varios años en cama. Esa etapa le hizo cambiar el prisma y encontró «tiempo para sí mismo» y para dar rienda suelta a una fotografía más «introspectiva y poética». La base de su porfolio es la «melancolía» con la naturaleza, retratos y con «problemáticas» de su entorno natal, como el alcoholismo, señala.

Rosa Ripoll, de Alicante, entrega «Vínculo», que surge de su necesidad personal de «entender» por qué le duele tanto «dejar ir» a sus hijos ahora que han crecido, ese «duelo». Decidió meterse durante un año en el Hospital Universitario de San Juan, en el área de maternidad, donde promueven el parto activo, más «respetuoso» con la mujer y la naturaleza. «Gracias a la experiencia de otras progenitoras pude reconstruir de una manera simbólica la mía», manifiesta.

Por último, pero no menos importante, el abulense Samuel Reales trajo bajo el brazo «Exilio», que habla de personas que tienen que abandonar su lugar de origen «rechazados por su expresión genérico y orientación sexual». Consta en su mayoría de retratos, aunque también incluye imágenes de lugares que permiten «asociar la dureza que viven esas personas con el entorno castellano y leonés». La suerte está echada.

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