Es curioso que el potencial de Biniam Girmay no le haya valido un equipo top

Hay decisiones en el ciclismo que, más que movimientos de mercado, son pequeñas paradojas que explican cómo funciona realmente este deporte.

Lo de Biniam Girmay al NSN Cycling Team pertenece a esa categoría.

CCMM Valenciana

Un ciclista capaz de mirar a los ojos a los mejores del mundo, uno de los poquísimos que, en un buen día, puede sentarse a la mesa de los Van der Poel, Van Aert o Philipsen… y, sin embargo, vuelve a elegir un camino que no pasa por los grandes imperios del ciclismo.

Y eso es lo sorprendente.

Porque Girmay, con 25 años, con un verde del Tour y victorias que otros envidian, no aterriza en Ineos, UAE, Visma o Soudal.

No. Se va al NSN, un equipo cuya propiedad última no acaba de estar del todo clara, que prepara una nueva etapa, sí, pero que no figura en el escalón de los gigantes.

Lo mismo que aquel Intermarché que lo vio explotar: un equipo humilde, modesto en presupuesto, pero que encontró en él una joya.

El fichaje tiene algo casi poético.

Como si Girmay fuese un recordatorio de que el ciclismo aún puede escribir historias que desafíen las lógicas del dinero.

Pocos corredores con su perfil —versátil, ganador, magnético para la afición— renuncian a las grandes estructuras.

Lo habitual sería verlo envuelto en el engranaje perfecto de un superequipo, con trenes milimetrados y presupuestos ilimitados.

Pero no: vuelve a apostar por un proyecto que quiere ser grande sin haberlo sido nunca.

En cierto modo, Girmay encarna una contradicción preciosa: el talento de clase mundial que elige caminos laterales.

Y NSN, con ambición y discurso, aparece como ese equipo que promete futuro, pero que aún no pertenece al círculo de poder.

Su llegada habla tanto de él como del propio ciclismo africano: un corredor que no sólo piensa en ganar, sino en construir, en empujar un proyecto que conecta con su raíz y con la idea de transformar realidades en Ruanda y quizá también en Eritrea.

El pelotón, mientras tanto, observa con una ceja levantada. Porque si algo ha demostrado Girmay es que no necesita vestir el maillot de un gigante para tumbar gigantes.

Y quizá ahí resida la verdadera paradoja: que uno de los pocos capaces de desafiar a los mejores siga apostando por equipos que, sobre el papel, nunca deberían tener acceso a un talento como el suyo.

Pero así es Girmay: un ciclista que rompe jerarquías simplemente existiendo.

Imagen: A.S.O./Charly Lopez