Este pequeño departamento demuestra cómo cada elemento encuentra su lugar preciso en un equilibrio perfecto donde nada se deja al azar

¿Qué tan extraordinario puede ser vivir en tan solo unos metros cuadrados cuando cada centímetro está cuidadosamente diseñado para satisfacer todas las necesidades? A menudo es precisamente el espacio limitado el que inspira soluciones creativas, capaces de transformar las limitaciones en oportunidades. Este es el caso de este pequeño departamento de tan solo 35 metros cuadrados en Kreuzberg, Berlín, diseñado por COES Studio en colaboración con el diseñador y propietario Guillaume Vaslin. Ubicado en la primera planta de un edificio de estilo altbau, la vivienda conservaba las geometrías irregulares típicas de principios del siglo XX: habitaciones fragmentadas, rincones con poca luz y circulación ineficiente, características que dificultaban su uso diario. El reto del proyecto no era solo estético, sino profundamente funcional: “redefinir el espacio, crear recorridos fluidos y realzar cada rincón para multiplicar la percepción de amplitud”.

Un hombre y una mujer sentados en un sillón blanco

Riccardo Rudi

La inspiración viene de París y Tokio

La renovación reorganizó el pequeño departamento con el objetivo de aportar orden, luz y calidez, transformando cada rincón en una experiencia de vida más armoniosa. El proyecto se inspira en ciudades como París y Tokio, donde la capacidad de vivir bien en espacios reducidos fomentó una cultura de optimización y atención al detalle. Aquí, cada elección está pensada para hacer el entorno más acogedor y funcional: desde las superficies reflectantes hasta la disposición del mobiliario y los sistemas de almacenamiento integrados, todo contribuye a crear un equilibrio entre estética y practicidad. Vivir en 35 metros cuadrados no se trata de limitarse: significa descubrir cómo el ingenio y el diseño pueden transformar incluso el más pequeño de los espacios en un hogar generoso y sorprendentemente habitable.

Recmara pequeña con detalles de madera

Riccardo Rudi

Muros equipados y plataformas móviles

En el corazón del proyecto se encuentra un volumen arquitectónico continuo que recorre la pared opuesta a la cocina, concebido como un verdadero elemento multifuncional capaz de albergar las principales actividades de la vida cotidiana. Con sus 60 centímetros de profundidad, esta «segunda capa» integra con elegancia la cama, una librería y un sofá sobre una plataforma móvil. El exterior se presenta como una pared uniforme, solo interrumpida por amplios espacios de almacenamiento ocultos por un ingenioso sistema de «empujar y abrir» para mantener el orden y la ligereza visual. La solución recuerda la ‘célula viva’ de Le Corbusier y la poética funcionalidad de la ‘Habitación para un hombre’ de Franco Albini, donde cada objeto tiene su lugar preciso y nada se deja al azar.