Carlos Mazón ya no es presidente de la Comunitat. Ocupa un discreto asiento en la última fila del Grupo Popular en Les Corts, porque conserva … el escaño, y se acomoda a su nueva situación, que dispone de unas cuantas prerrogativas de las que gozan también sus antecesores. Una serie de recursos humanos puestos a su servicio en su condición de exjefe del Consell y también de recursos materiales: una oficina que radica en el Edificio Mónaco, situado en la Explanada de su Alicante natal. Una finca de llamativo estilo, debida al ingenio de un arquitecto que dejó una honda huella en toda la Comunitat, con especial incidencia en la provincia alicantina. Su autor, Juan Guardiola Gaya, es autor de unos cuantos rascacielos en Benidorm, a cuyo ‘skyline’ contribuyó de manera admirable. Discípulo de Antonio Gaudí, su biografía incluye un capítulo dedicado a la construcción del Camp Nou y recala además en Valencia: a su firma se debe el espectacular inmueble conocido como Casa Judía.
El edificio no pasa desapercibido. Erigida con una rica ornamentación que remite al imaginario propio del art déco en su versión más valenciana, la Casa Judía sigue llamando la atención del paseante desde su inauguración, allá en 1930. A punto de cumplir un siglo de vida, desde su emplazamiento en la calle Castellón ha ido cumpliendo la función inicial que le dio nombre (acogía las reuniones de la comunidad religiosa que profesaba en la ciudad la fe hebrea) y también la doméstica. Uno de los vecinos allí empadronados confesaba hace unos años a LAS PROVINCIAS que la experiencia de vivir entre sus muros se distinguía por un carácter contradictorio: la espectacularidad de su fachada escondía un interior más bien humilde. Lo cual no evita seguir maravillándonos por alguno de los atributos que Guardiola confirió a su criatura: por ejemplo, el suntuoso remate del edificio de inspiración oriental, mitad árabe, mitad hindú.
Otros elementos pasan más desapercibidos y obligan a ingresar en el edificio. Es el caso del pequeño patio, decorado con un techo con motivos de estrellas y formas egipcias a su lado, que remiten a la hipótesis que hizo fama en la Valencia de cuando se construyó: que el arquitecto militaba en el movimiento masónico y esos detalles ornamentales se inspiraban en sus creencias. Si así fuera, debe anotarse que Guardiola extendió sus hallazgos desde la Casa Judía de Valencia a su Sueca natal, donde vio la luz en 1895 (aunque otras fuentes citan su nacimiento en la localidad tarraconense de Reus). Sea como fuere, en Sueca levantó Guardiola la sede del Ateneo, otro edificio igualmente llamativo, de nuevo con una profusa decoración que encajaría con la patología conocida como ‘horror vacui’: un horror al vacío que justifica la aparatosa ornamentación de su fachada, donde tal vez habite también la huella que dejó en el arquitecto su maestro Gaudí.
Con el tiempo, el estilo de Guardiola se iría depurando. Fallecido en Alzira en 1962, fue un profesional militante en la escuela del movimiento moderno en la etapa final de su carrera y de su vida, objeto por lo tanto de un reconocimiento postrero que puso especial énfasis en sus colaboraciones con el urbanista Antonio Perpiñà, con estudio en Madrid, hasta que se traslada a Alicante para redactar el Plan de la Playa de San Juan, resuelto mediante una cuadrícula de super manzanas paralela al mar: un gesto, en efecto, radicalmente moderno. Los arquitectos Justo Oliva Meyer y Andrés Martínez-Medina, que han estudiado su obra, apuntan como su principal referencia a otro gran maestro, Le Corbusier, de cuyo lenguaje nace esa propensión a plantear «diversos tipos de edificación abierta», es decir, «bloques prismáticos y torres cuadradas».
Oliva Meyer y Martínez-Medina citan entre sus mejores creaciones el conjunto La Rotonda (1965), «que supone el paradigma de la urbanización turística, caracterizada por el uso de diferentes tipologías residenciales ─torre, bloque y viviendas adosadas─ dispuestas alrededor de los espacios libres ajardinados y bien equipados para el ocio estival». Otro ejemplo que mencionan en el escrito de homenaje póstumo que le tributaron en la publicación del Movimiento Docomomo, fue el edificio conocido como El Galeón, datado en 1963 y concebido como «una torre que desarrolla un esquema helicoidal para el acceso a las viviendas». Y como gran artífice de la arquitectura turística de Alicante y Benidorm, sus edificios llevarán un sello de autor en su gusto por las amplias terrazas, «que llegan a rodear los inmuebles en todo su perímetro y mejoran la calidad de vida».
Otros proyectos de esa fase última de su actividad cimentarían su fama como profesional vanguardista, adicto a soluciones muy imaginativas: en la sierra Grossa, «proyecta un conjunto urbano de alta densidad con una arquitectura realista uniformada por sus revestimientos materiales, sobre todo de ladrillo», como se puede leer en la citada publicación, que destaca otras obras: la torre Vistamar (1962-1967) de Alicante, influida por el rascacielos Pirelli de Gio Ponti o, ya en el entorno de Playa de San Juan, fincas como la Chicharra y el Club del Mar (1966-1972). Edificios embebidos de una geometría curva, de orden gigante, que treinta años después de su Casa Judía evidencian ese cambio estilístico insospechado en quien observe su obra valenciana. O la que tiene en Barcelona, donde estudió la carrera: la vivienda que hizo para su hermano Ferran en pleno Eixample, conocida como Casa China porque (en efecto) se caracteriza por una fisonomía de naturaleza asiática muy llamativa.
De esa obra inicial a la Casa Judía medió un año. Más de treinta después, en 1967, Guardiola factura su edificio Mónaco en Alicante, donde Mazón acaba de plantar su despacho. Si quería pasar inadvertido, mala elección. El inmueble es una conocida referencia alicantina, porque su estampa impresiona durante este medio siglo de vida: cuenta con noventa murales decorando con medallones su fachada, de aire medievalizante. A medio camino entre lo arábigo (de nuevo), la inspiración marinera que el arquitecto resolvió según su particular código… incluyendo alguna alegoría mitológica tan misteriosa como los detalles que introdujo en su encargo para Valencia. La Casa Judía que desde ahora une su destino al de Mazón, vía Guardiola.