Dos éxitos simbólicos y ninguna caída, el balance de Wout van Aert en 2025
Wout van Aert cerró su temporada con dos triunfos majestuosos, pero detrás de esas imágenes hay un corredor que ha tenido que reinventarse tras un año duro.
Sus dos caídas de 2024 —la primera en A través de Flandes, demoledora; la segunda en la Vuelta, cuando parecía renacer— dejaron más huella en su cabeza que en su cuerpo.
Volvió a ganar, sí, pero el coste emocional fue alto.
Durante meses cargó con una duda que no había conocido nunca: la del riesgo.
El ciclista que siempre se lanzaba al hueco empezó a frenar instintivamente, a evitar esas posiciones que tantas veces le habían llevado a pelear por todo.
Y, en ese limbo extraño entre la prudencia y la frustración, descubrió que rodar simplemente “para estar” ya no le llenaba.
El corredor que era puro fuego se veía pedaleando sin chispa, sin ese impulso que define a los más grandes.
El otoño lo confirmó: apenas disfrutó de las carreras que disputó sin presión.
Y entendió algo esencial para él: competir sólo tiene sentido si puede exigirse al máximo. Ese es su lugar natural.
A ello se suma otra realidad que a veces se pasa por alto: el peso de la madurez. Van Aert es padre de dos hijos y eso cambia la relación con el riesgo.
Ya no se lanza sin pensar.
Sabe lo que significa perder semanas por una caída, lo que implica volver a casa lesionado.
Y lo acepta sin drama: se puede frenar antes sin que eso te convierta en menos corredor.
Cuando decidió dejar de forzar y permitir que las cosas fluyeran, llegó el momento que lo recolocó todo: la victoria en Siena durante el Giro.
Un día que parecía otro más en la carrera terminó siendo un punto de inflexión emocional.
Allí estaban su familia y los recuerdos de sus primeros grandes días.
Allí estaban también las piernas justas y el terreno que le favorecía. Todo encajó y él lo sintió como un signo: aún tenía ese algo.
Después vino el Tour, el triunfo en Montmartre y el gesto insólito de dejar atrás a Pogačar.
Una victoria inesperada, bañada por la lluvia, que quizá vale más que muchas de las que firmó en años de dominio.
Ha ganado menos que en temporadas pasadas, pero ha ganado mejor.
Y, sobre todo, ha aprendido a apreciar lo extraordinario que es seguir ganando cuando la vida te ha recordado lo frágil que puede ser todo.


