El clasicismo se entremezcla con el arte contemporáneo y clásicos del diseño en el hogar veneciano de Luca Bombassei
Venecia es diferente. Diferente de cualquier otra ciudad del mundo y también diferente de la idea que se forma en nuestra mente al verla aparecer en películas o leer sobre ella. “Para quienes estamos acostumbrados a metrópolis anónimas y vamos en coche a trabajar sin cruzarnos con nadie, aquí el contacto humano es continuo y la dimensión urbana, completamente distinta”, reflexiona el arquitecto Luca Bombassei (1966), cuyo estudio se encuentra en Milán. Aunque ha vivido en la isla de Giudecca, su nuevo hogar en los canales es un apartamento de más de 600 metros cuadrados en el palazzo Contarini Corfù (unido al de Contarini Scrigni en un solo complejo).

En el gran salón, detrás de las dos columnas de mármol rojo de Verona, un sofá Piaf y una mesa Dune, diseñada por Draga & Aurel, ambos de Baxter. La araña de Seguso Vetri d’Arte es de los años 40. A la izda., junto a la ventana, Tree, de Jimmie Durham (2020). A la dcha., Parete blu, verso il cobalto (1995), de Ettore Spalletti.
© Simon Watson, producción del reportaje: Amir Capogrossi Badreddine.Un nuevo ‘modus vivendi’
La luz cambiante que se cuela por las tres fachadas ilumina un hogar único, con una mezcla vertiginosa de identidad histórica e intervención contemporánea; de mobiliario funcional y de arte contemporáneo y clásico. Haciendo de la flexibilidad una razón de vida (o de supervivencia), Bombassei no solo ha aceptado la lentitud impuesta por el agua y las estrechas callejuelas de la Serenísima, sino que, tal y como él mismo explica, se ha convertido en su nuevo lema: “Diez minutos de retraso son una anomalía en Milán, pero aquí es lo normal. Al ralentizar el ritmo, he aprendido a disfrutar, a perderme mirando las fachadas de los edificios, a descubrir, por fin, el secreto de la síntesis posible entre lo antiguo y lo contemporáneo, y un nuevo modus vivendi”.

Otra perspectiva del salón, con el sofá y dos butacas Cornaro, de Carlo Scarpa para Simon Gavina, de 1973. A ambos lados, las estanterias diseñadas por Bombassei; sobre una de ellas, la lámpara de mesa Mezzo Oracolo, de Gae Aulenti para Artemide. A la izda., mesa Sarpi, de Carlo Scarpa para Simon Gavina, coronada por la obra White Ceramic Head (2015), de Vanessa Beecroft. A la dcha., otra de Luigi Caccia Dominioni para Azucena. Dos lámparas de araña de Seguso Vetri d’Arte, de los años 40, y varios apliques Foglio, de Tobia Scarpa para Flos, iluminan el espacio. Los paneles de madera lacados a mano de 1890 muestran retratos de los procuradores de Venecia. En las paredes, Life of Forms (2017), de Nathlie Provosty; Parete blu, verso il cobalto (1995), de Ettore Spalletti; Capriccio architettonico con rovine classiche (1723), de Canaletto; y Nocturno (2022), de Sandra Vásquez de la Horra. Al fondo, La Musa dell’Archeologia piange (2021), de Francesco Vezzoli, y Tree (2020), junto a la ventana, de Jimmie Durham. En el suelo, Baco da setola (1968), de Pino Pascali.
© Simon Watson
Puf y otomana Soriana, de Afra & Tobia Scarpa para Cassina, original de los años 70; butaca Digamma, de Ignazio Gardella; y mesa Eros, de Angelo Mangiarotti. Sobre la estantería, Ritratto di Antinoo come rock star (2023), de Francesco Vezzoli, y lámpara Porcino, de Luigi Caccia Dominioni. Las obras Grezzoblu, de Carla Accardi (1997), y Laments: I am a man… (1987), de Jenny Holzer, adornan la pared.
© Simon Watson
Al lado, también en le salón, butaca Digamma, de Ignazio Gardella, tapizada con tejido de Dedar. Al lado, sofá Cornaro y mesa Sarpi, de Carlo Scarpa para Simon Gavina. Detrás, una estantería suspendida de metal, diseñada por Bombassei, bajo los apliques Foglio, de Tobia Scarpa para Flos. En la pared, Le muse inquietanti (1962), de Giorgio de Chirico, y Life of Forms (2017), de Nathlie Provosty. Al fondo, en el comedor, Caosualmente (1971), de Vincenzo Agnetti.
© Simon WatsonEn rotación constante
La heterogeneidad y, quizá también, una encantadora incoherencia son la impronta de la casa, un espacio privado, doméstico y expositivo, reflejo del propietario. Las ventanas reticuladas y los suelos de seminato veneciano (pavimento con piedras y mármol en matriz de cemento), firmados por artesanos hace más de cinco siglos, sirven de marco a estanterías metálicas a medida que ocultan radiadores y otros aspectos técnicos. Hay un poco del Grupo Memphis, de Gae Aulenti, de Angelo Mangiarotti y mucho de los Scarpa –auténtico y sugerido–. Las lámparas de los años 70 de un antiguo cine romano conviven hoy con la musa inquietante de De Chirico y una escultura de Pino Pascali que, como el gusano de seda que la bautiza, se desplaza alegremente por la alfombra. Mañana, quién sabe, porque para Bombassei el arte es móvil y está en constante rotación.