El estudio del Instituto de Investigación en Biomedicina de Bellinzona (Suiza), afiliado a la Universidad de la Suiza Italiana (USI), se llevó a cabo junto con 12 grupos internacionales, que examinaron la toxicidad de las tintas de los tatuajes, centrándose en los tres colores más utilizados: negro, rojo y verde.
Uno de los hallazgos clave es que la tinta del tatuaje no solo permanece en la piel, sino que también se acumula en el sistema inmunitario, donde permanece asociada a sus células durante años. Además, la tinta induce la muerte celular y desencadena una reacción inflamatoria crónica que altera la función normal del sistema de defensa del cuerpo. Este estudio abre la puerta a futuras investigaciones sobre el posible vínculo entre los tatuajes y problemas de salud como el cáncer o las enfermedades autoinmunes.
Los investigadores descubrieron que una vez que se hace un tatuaje, la tinta viaja rápidamente a través del sistema linfático y, en cuestión de horas, se acumula en grandes cantidades en los ganglios linfáticos, órganos clave del sistema de defensa del cuerpo.
Respuesta inflamatoria
Dentro de estos ganglios, las células inmunes llamadas macrófagos capturan activamente todos los tipos de pigmento. Esta absorción de tinta desencadena una respuesta inflamatoria con dos fases: una fase aguda que dura aproximadamente dos días después del tatuaje, seguida de una fase crónica que puede persistir durante años.
La fase crónica es particularmente preocupante porque debilita el sistema inmunológico, lo que potencialmente aumenta la susceptibilidad a las infecciones y al cáncer.
El estudio también mostró que los macrófagos no pueden descomponer la tinta como lo harían con otros patógenos, lo que causa su muerte, especialmente con tintas rojas y negras, lo que sugiere que estos colores pueden ser más tóxicos. Como resultado, la tinta permanece atrapada en los ganglios linfáticos en un ciclo continuo de captura y muerte celular, lo que afecta gradualmente la capacidad defensiva del sistema inmunológico.
Menos eficacia de las vcunas
Finalmente, la investigación exploró una pregunta planteada durante la pandemia de covid-19: ¿podría la vacunación en un brazo tatuado afectar la eficacia de la vacuna? El estudio descubrió que los ratones tatuados produjeron niveles significativamente más bajos de anticuerpos tras la vacunación. Este efecto probablemente se deba a la función deficiente de las células inmunitarias que permanecen asociadas a la tinta del tatuaje durante largos periodos. De igual manera, las células inmunitarias humanas expuestas previamente a la tinta también mostraron una respuesta debilitada a la vacunación.
Estos hallazgos plantean inquietudes sobre la seguridad de los tatuajes y plantean preguntas importantes: ¿cómo podría la inflamación crónica causada por la tinta afectar a otras enfermedades, como el cáncer o los trastornos autoinmunes? Será fundamental realizar más investigaciones para ampliar nuestros conocimientos en esta área y proponer procedimientos más seguros para esta práctica cada vez más común.
Artículo de referencia:
Capucetti, A. Falivene, J. Pizzichetti, C. Latino, I. Mazzucchelli, L. Schacht, V. Hauri, U. Raimondi, A. Virgilio, T. Pulfer, A. Mosole, S. Grau-Roma, L. Baumler, W. Palus, M. Renner, L. Ruzek, D. Goldman Levy, G. Foerster, M. Chahine, K. González, SF
en Proc Natl Acad Sci USA (2025) Vol.122 ppe2510392122
Fuente: Instittuto de Investigación en Biomedicina de Bellinzona (Suiza)
